30 diciembre 2009

apurando el año

Estoy desbravando el ordenador nuevo, instalando programas, intentando recuperar el listado de direcciones, los correos de los últimos días... Al final todo se arreglará.

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Esta tarde Blanca y sus bandoleros tienen concierto en el Centro Cívico Romareda

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Ya tengo ganas de que llegue el sábado para ver Nayim en La Romareda.

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Pep Guardiola, el grande, no tenía mucha más experiencia como entrenador. Llegó al Barça desde el segundo equipo, tal y como ha ocurrido con José Aurelio Gay. Como no vendo periódicos creo que Gay puede ser nuestro hombre del sextete. Al tiempo.

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Quizá ha llegado el momento de dar un golpe de timón en mi vida: voy a aprender a tocar el trombón, de varas, pero trombón.

29 diciembre 2009

En tránsito

he decidido cambiar de ordenador. Mañana me darán el nuevo, el antiguo lo compré el 21 de enero de 2004. En la tienda me han dicho que podían intentar restaurar en el nuevo aparato la configuración de programas del antiguo o que podían empezar de cero. La opción empezar de cero, sin lastres, sin errores, me ha parecido la más conveniente. Perderé algunas cosas. Perderé sólo lo que es necesario perder. Y empezaré de nuevo. de cero

28 diciembre 2009

Somos

Somos del Zaragoza. Me gusta ver la plaza del Pilar llena de gente, con las caras pintadas de blanco y azul y que miles de bufandas bailen con el viento cada vez que el Real Zaragoza conquista un título. Es hermoso reunirse para celebrar los éxitos, pero hay que saber estar juntos, sobre todo, en las dificultades y en el fracaso. Hay que ser contra viento y marea. Hay que estar cuando todo va mal. Nosotros somos del Zaragoza presida quien presida este club, cometa quien cometa los errores, entrene quien entrene. No echamos de menos a Zalba ni a Solans ni a Marcelino ni a Víctor Muñoz ni a Negredo. Nosotros estamos con José Aurelio Gay y con Raúl Goni. Y mañana estaremos con quien defienda la camiseta del Real Zaragoza. No tenemos tiempo para el derrotismo.

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Que Antón Castro me envíe desde hace 10 años un cuento para felicitarme la navidad es un cuento maravilloso

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Pronto será otra vez otoño, pero antes, en abril, presentaremos el número 1 de

«Aragón Educa. Revista del Museo Pedagógico de Aragón»

un proyecto en el que llevo trabajando ocho meses

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Las mujeres de mañana (Huesca, 1927) de Casilda Manzana, el número 16 de la colección

Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón

24 diciembre 2009

Felicidad

Tengo la inmensa fortuna de guardar recuerdos de mi infancia. Recuerdo los rostros y las voces de las personas que amé, recuerdo cada una de mis primeras conquistas -el día que fui capaz de controlar el miedo al subir las escaleras de casa a oscuras, el día que me dejaron manejar la estral para hacer astillas, el día que me quedé en la mesa mientras los mayores tomaban café y coñac, el día que compré Viaje al centro de la Tierra con el dinero que había ahorrado durante meses...

Me recuerdo mirando el mundo, escuchando a mis padres y a mis abuelos. Fui un niño feliz de esa felicidad regalada, de esa felicidad que los demás preparaban para mí.

Hagan de su felicidad y de la felicidad de las personas a quienes quieren la razón de sus vidas.

Lotería

No me tocó la lotería. Ni siquiera esas devoluciones que luego no voy a cobrar porque la sucursal en la que se han depositado los décimos está en eso que ahora se llama «la ciudad no consolidada». Además son participaciones de tres o cuatro euros que compré para apoyar causas nobles o decididamente perdidas.

No me tocó nada. No me parece mal. No es bueno tenerlo todo.

23 diciembre 2009

Mañanitas de gol de Nayim

A veces, mientras me levanto de la cama, justo antes de comenzar a enmoquetarme el alma, como diría Fernando Sanmartín, siento que tengo algo importante que hacer, que va a pasar algo, que he de estar atento para no perderme nada. Hoy es uno de esos días. Y no tiene que ver, desgraciadamente, con el sorteo de la lotería.

Es la felicidad, sin más, que me sorprende en cualquier instante.

12 diciembre 2009

Para siempre

Si dios quisiera que yo fuera realmente feliz, al elegirme para nacer de entre todas las almicas sin alma que vagaban por las almendreras celestiales esperando que el creador les asignara una madre, en ese justo instante, también me hubiera hecho del Barça. Pero no fue así. El altísimo me miró y dijo:

- Maño, serás para siempre del Zaragoza.

Recuerdo perfectamente que, antes de despedirse de mí, volvió a mirarme otra vez y prometió:

- Para compensar esta carga de tardes de domingo de tristeza y de lunes de mala hostia, serás amigo de Pepe Melero. Así lo dispongo -concluyó- y así será.

Y el buen dios, sin saberlo, me hizo feliz para siempre.

09 diciembre 2009

La conciencia destruida

Víctor Pardo presenta Tiempo destruido, un libro hijo de miles de lecturas, de incontables horas de investigación en archivos y hemerotecas, de centenares de entrevistas con personas que conocieron a los protagonistas de siete historias de la Guerra Civil y de la infame posguerra recogidas en este libro y que nos devuelven la evidencia de que un régimen injusto sólo genera injusticia, destruye cualquier código ético y corrompe la conciencia.

No se trata de historias sucedidas en el fragor de la batalla. Víctor Pardo narra magistralmente las consecuencias de odios reposados al reconstruir asesinatos cometidos impunemente por gentes de orden. Y junto a los crímenes, el autor de Tiempo destruido describe minuciosamente la justificación de asesinatos, robos, humillaciones sin cuento de personas que fueron víctimas de quienes se instalaron en el discurso de «lo que nos han obligado a hacer». Matar, asesinar, exterminar era un deber para quienes habían ganado la guerra y tenían un caudillo por la gracia de dios. Pablo Uriel cuenta en No se fusila en domingo que ante la contemplación de más de un centenar de cadáveres de personas que habían sido fusiladas una de las últimas noches de julio de 1936 en Zaragoza, una mujer exclamó: «¡Cuánta gente mala hay por el mundo!»

No hay ni rastro de grandeza en la historia de los asesinatos reunidos en Tiempo destruido. Los verdugos mataron para no tener que satisfacer deudas, para no dar cuenta de saqueos, para quedarse con unas tierras, para calmar antiguas rencillas, por odio. Sin más.

Víctor Pardo es una de las personas más valientes que conozco. Es un escritor empeñado en poner palabras donde sólo ha habido silencio, un historiador empeñado en escribir los nombres de las víctimas y en el sus verdugos y en Tiempo destruido ha conseguido su propósito.

Tiempo destruido es un libro necesario, un libro que adecenta la sociedad española actual al retratar sin máscaras la época más miserable de un país tantas veces miserable.

06 diciembre 2009

Nunca estarás sola

Desde que la miré por primera vez, supe que nada me iba a hacer tan feliz como su felicidad. Pronto cumplirá quince años. No sé donde se me han metido cada uno de esos cuatro mil y pico días. No sabría decir qué he hecho con el tiempo. Pero tengo la certeza de que lo más importante ha sido acompañarla.

Blanca toca la flauta travesera en la Banda de Música de Miralbueno. Y sé que es feliz cada jueves cuando con Víctor Aparicio, su profesor, solfea ritmos que a mí sólo me recuerdan la tabla de multiplicar. Y sé que espera el ensayo de los viernes por la tarde para sumergirse en un universo de bromas, esfuerzo, trabajo compartido, risas, superación, historias personales, repeticiones, comprensión, colaboración... Me gusta la música, pero me gusta más el mundo que Blanca descubre en la banda de Miralbueno.

Blanca participó en el VII encuentro de Jóvenes Músicos en Albarracín, una iniciativa del Instituto Aragonés de la Juventud. Allí estuvieron medio centenar de chicos y chicas entre los doce y los veinte años. Prepararon un concierto, grabaron un disco, lo estrenaron en el auditorio de Albarracín y hoy ofrecerán ese concierto en el Auditorio de Zaragoza, uno de los mejores auditorios del mundo.

Blanca hace el solo de pícolo inicial en Los viajes de Gullivert de Bert Appermont. Silencio -siempre el silencio-, Un-dos, un-dos, el nudo en la garganta, el temblor en la barbilla, un-dos, un-dos, silencio. En levare todos toman aire. El director da la entrada. Compases para el flautín, entra la percusión, entran los clarinetes y entra la banda.

La felicidad existe. No le den más vueltas

03 diciembre 2009

Los cuentos de José Luis Melero

Cuando leo los textos que José Luis Melero ha reunido en La vida de los libros vuelvo a sonreír con la misma sonrisa que me despertaron la primera vez que los leí en «Artes&Letras», el suplemento literario que dirige para Heraldo de Aragón Antón Castro, el culpable de la existencia de este libro. Recuerdo haber leído estos cuentos de Melero como si se tratase de un apresurado encuentro entre amantes furtivos: los he leído en el coche, los he leído de pie en el museo antes de salir hacia la escuela de magisterio para dar mis clases, los he leído en voz alta en casa para que Virginia y los chicos sepan con quién se la juegan cuando Pepe nos visita. Los he leído asombrado, como leía «La ciudad de las gaviotas» de Mariano Gistaín.

Es casi imposible reunir cada semana mil ochocientos o mil novecientos caracteres –como hace Melero desde junio de 2006– para componer un billete cargado de sabiduría, pasión, ternura, humor y erudición. Pepe nos cuenta maravillosas anécdotas que sólo un lector atento y delicado es capaz de descubrir, valorar y recordar. Además de un avezado lector hay que ser generoso para querer contar aquello que ha costado miles de horas descubrir y compartirlo con lectores anónimos a quienes Pepe seduce con palabras para convertirlos de inmediato en sus cómplices.

Pepe Melero confiesa haber sido feliz leyendo estos libros (y otros). No me resisto a contarles lo que nos ocurrió en el Centro Aragonés de Barcelona un día de marzo de 2007 cuando presentamos Los libros de la guerra. Yo expliqué que el libro de Pepe repasaba 128 libros sobre la guerra civil. Tras la presentación, Cruz Barrio había preparado un vino aragonés y en aquel momento un señor se acercó para decirme:

–Si es verdad que su amigo se ha leído 128 libros, buena tendrá la cabeza…

Y tenía razón aquel hombre a quien le bastó decir, por toda presentación, que era de Tramacastilla.

José Luis Melero ha sido feliz escribiendo estos textos –y otros–. Y ahora nosotros somos felices leyendo demoradamente estos cuentos de Melero gracias al editor de xordica, que ha tenido el acierto de reunirlos en un hermoso volumen abrazado con una cubierta de Jorge Gay.

Acudan el viernes a la presentación de La vida de los libros en la librería Los portadores de sueños. Procúrense una primera de Melero y que les firme el ejemplar con su escritura de aplicado calígrafo. Disfrutarán leyendo.

29 noviembre 2009

Mientras todos duermen

Echo de menos a Mariano Gistaín: su talento, sus calambrazos de ternura, su manera de jugar con todo. Un día le escribí que me gusta estar despierto mientras todos duermen y él me contestó, en uno de aquellos mensajes firmados m;) que a él le gustaba dormir cuando todos están despiertos.

Enseguida, mientras todos duermen, iré al taller de Óscar Sánchez, el carpintero que solo acepta encargos imposibles. De sus manos ya nació la caja de música de Ramón Acín, las plantillas de los recortables para muñecas y ahora está ultimando para el Museo Pedagógico de Aragón la reproducción facsímil de la mesa de dibujo de Ramón Acín. La madera apenas pide nada más. Esta semana llevaremos la mesa al Museo Pedagógico de Aragón.

08 noviembre 2009

chino chano

Ayer se celebró la Jornada «La República de los maestros». Aún nos contamos cosas por primera vez. Aún es necesario poner palabras -y memoria- donde sólo ha habido silencio, miedo y olvido.

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El lunes comenzarán en Huesca las jornadas «Aragón: Educación y Libertad. En el centenario de Francisco Ferrer i Guardia» que han organizado el Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Zaragoza y el Museo Pedagógico de Aragón.

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Preocupación en el Madrid. Raúl Goni vuelve a una convocatoria oficial del Real Zaragoza. En el Madrid ya se asume que estando Goni en la defensa Cristiano Ronaldo no rascará bola.

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Había más de un centenar de personas con el alma enmoquetada, que diría nuestro Fernando Sanmartín. La ví sentada en el salón de actos. Ordenaba unos papeles sobre su regazo. Me acerqué a ella y le dije "Tú eres Raquel". Me la jugué, sí. Me miró sorprendida y asintió. Raquel Viejo es periodista de la Cadena Ser y había acudido, por encargo de Miguel Mena, a la presentación de Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas sobre Educación de Personas Adultas en Aragón. "Raquel me reportajeará la presentación". Eso me dijo Miguel. Quizá hoy se emita el reportaje en el programa que Miguel Mena dirige en Radio Zaragoza. Ya está prácticamente agotada la primera edición de este libro. Si Miguel lo cuenta tendremos que hacer una película. Al tiempo.

05 noviembre 2009

Calabú

Mientras comíamos, mi hija me ha preguntado si podía acompañarme a la presentación de Hipocorísticos. Y me ha hecho feliz. Blanca cumplirá en febrero 15 años. Cuando tenía 16 meses nos fuimos a vivir a Calatayud. Era verano y paseábamos todas las mañanas bajo la sombra protectora de los plataneros. Ella arrastraba un gusano de cien patas. También me arrastraba a mÍ. La gente se creía que éramos novios. Cuando le preguntaban dónde vivía, Blanca contestaba que en Calabú.

Ya hemos presentado Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas sobre Educación de Personas Adultas en Aragón, el número 15 de la colección Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón. Ha sido muy emocionante conocer a Alegría, María Jesús, Manuela, Pilarín, Nieves... y escuchar cómo leían sus textos. Este libro forma parte de mi pasado. De mi pasado remoto.

Próxima estación: Las mujeres de mañana

03 octubre 2009

Un libro acariciador

Tengo una frutería de cabecera en el Mercado Central desde hace unos veinte años. Julio y Pili, mis fruteros, son zaragocistas, estuvieron el 10 de mayo de 1995 en la final la recopa en el Parque de los príncipes de París cuando Nayim metió aquel gol para demostrarnos que todo es posible, que en cualquier momento nuestras vidas pueden cambiar, el mismo día que Seaman trataba de incorporarse, esturdecido, mirando a derecha e izquierda con la cara de Seaman tras comprobar que ya nada tenía remedio. Como suelo ir a comprar el mismo día de la semana y a la misma hora coincido con otros clientes habituales. Me he amistado con algunos de ellos y es frecuente que mientras esperamos nuestro turno entablemos una de esas conversaciones amables que inician las personas educadas sin ánimo de polemizar ni de herir a nadie. Ayer Fidel me dijo:

-Una de mis amigas se llama Manuela, es de Morata de Jiloca y es alumna de María Jesús.

Me dio la alegría del día porque supe que ya se ha extendido la leyenda de Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas sobre educación de personas adultas en Aragón.

Quienes se han acercado al libro me dicen que cuando lo leen se le pone la carne de gallina. Yo les explico que Víctor Gomollón ha hecho un libro acariciador como manda la etimología del título [Hipocorístico (Del gr. ὑποκοριστικός, acariciador)]. Entonces los señores y las señoras que se han acercado a Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas de Educación de Personas Adultas en Aragón me piden el teléfono de Víctor y yo he de advertirles que es un hombre casado y formal. Sobre todo formal.

10 septiembre 2009

Novas

Cambio radical, el blog de Harry Sonfór, ha recibido 45727 visitas

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Carta sobre visitas y actividades didácticas que pueden realizarse en el Museo Pedagógico de Aragón

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Hace 23 años que dicto dictados. Hace 23 años, un día como hoy, madrugué, cogí la maleta que había preparado la víspera y me fui a Alcorisa. En julio había aprobado las oposiciones y aquella escuela era mi primer destino. Me despedí de mis padres, de mis amigos y de mi novia como si no fuera a volver nunca. Había quedado con Javier Horna, quien desde entonces ha sido mi tutor. No sé quien pudo decirme que había un tipo de Zaragoza que era maestro en Alcorisa. Lo único que sé es que el primer día viajé con él. Se sorprendió al ver mi maleta.

-¿Qué llevas ahí?

-Ropa y algunos libros...

-Bueno. Puedes dejarlo en la escuela porque volveremos a comer a casa.

Así de corta fue mi ausencia. Cinco o seis horas fuera de casa.

Hoy también voy a Alcorisa. Volveré a comer a casa. Por la tarde, Víctor Gomollón y yo -y si los dioses nos asisten Elena Monforte- rendiremos visita a Paco Boisset, el maestro impresor que pondrá en negro sobre blanco Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas de Educación de Personas Adultas en Aragón, un hermoso libro que forma ya parte de mi pasado.

05 septiembre 2009

Todo por Lapetra



Ayer se jugó el Carlos Lapetra, el trofeo del Real Zaragoza. De camino a La Romareda le volví a contar a mi hijo que José María Conget escribió que en la época de los magníficos, tras un triunfo del Zaragoza alguien cambió de la fachada de un cuartel de la guardia civil el "Todo por la patria" por "Todo por Lapetra". También le conté a Guillermo que Ricardo Lapetra, el hermano de Carlos, dijo en una de las conferencias que organizó Antón Castro para celebrar el setenta y cinco aniversario del Zaragoza que cuando tenían partido en Zaragoza él y su hermano madrugaban, iban a misa a la catedral y su madre preparaba pronto la comida. Luego recogían a un primo suyo que no se perdía ni un partido y bajaban a Zaragoza en su coche. Casi siempre conducía Carlos. Al llegar a Almudévar se encendían un par de montecristos. Aparcaban el coche junto al campo de fútbol, se cambiaban y jugaban para ser, simplemente, felices.

Para Guillermo y para mí lo mejor del partido de ayer fue que me llamara el consejero José Luis Melero y que a Guillermo le firmaran un buen puñado de exjugadores zaragocistas -Aragón, Solana, Cuartero, Nieves, Rico, Planas y Canario. Le hice fotos -como la que ahora pongo aquí en la que se ve a Guillermo junto al gran Canario-, con todos ellos.

No me gustó perder. El Zaragoza debería ganar siempre su trofeo. Me hubiera gustado ver a José Luis Violeta. Me hubiera gustado ver al alcalde de la ciudad, al presidente del Gobierno de Aragón. Me hubiera gustado ver a algunos de mis vecinos de localidad. Me hubiera gustado ver a todos los del Colectivo 1932. Me hubiera gustado ver el campo lleno de niños con bufandas y banderas del Real Zaragoza. Quizá no sabemos celebrar fiestas.

Y las celebraciones son necesarias.

Pandemia

No hay mayor pandemia que la estupidez -que se extiende sin freno ni control-. Ni siquiera se sabe cuándo dispondremos de vacuna que pudiera administrarse para evitar nuevos casos. Extremen las medidas preventivas: lectura, menos horas de televisión, pasen más tiempo con sus amigos y sean buenas personas, tal y como sus abuelas quisieran que ustedes fueran.

29 agosto 2009

Cumpleaños de Antón

Todo era verdade. Antón Castro intenta convencer a sus amigos de la veracidad de la crónica que él mismo ha escrito sobre su nacimiento

video

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Antón Castro cumplió el martes cincuenta años y Santiago Gascón, cartógrafo y ballenero, le regaló este mapa de afectos y complicidades

23 agosto 2009

Rezos



Puede ocurrir que para quienes fuimos niños cuando en las escuelas todos asistíamos a clase de religión, nos preparábamos para la comunión, íbamos con flores a María o nos confesábamos colectivamente los primeros miércoles de cada mes -yo en la iglesia de San Antonio- resulte una exageración leer que para el mundial de fútbol de 2010 la FIFA está estudiando prohibir los rezos y las manifestaciones religiosas. También pudiera ocurrir que nos extrañara que un médico, un abogado, un conductor de autoescuela, un guardia civil o el agricultor que lleva el alfalce a una cooperativa reclamara un patrón o un nombre aconfesional para sus colegios profesionales. Sin embargo es necesario que nos acostumbremos a pensar, simplemente, que todo el mundo no es como nosotros, que a una sociedad, a un país, no se le puede imponer unas creencias o una manera de entender el mundo.

A mí no me gustaría que, por imposición, se me prohibiera celebrar los cumpleaños, que no pudieran hacerme una transfusión de sangre aunque mi vida dependiera de ello, que los sábados tuviera que estar quietecico sin poder trabajar, que no pudiera comer un bocadillo de jamón hecho con pan de Garrapinillos untado con tomate del hortal y unas gotas de aceite de oliva virgen del Bajo Aragón o que para estas fechas me viera obligado a comenzar el Ramadán.

El Vaticano ya se ha posicionado sobre la prohibición de los rezos y de las manifestaciones religiosas en el fútbol y ha manifestado que, si finalmente prosperara esta iniciativa, la prohibición supondría vaciar de valores y de creencias la práctica de tan noble deporte.

En fin, lo que deberían prohibir es que nuestros craks echaran todo el tiempo escupitajos en el césped y que salieran al campo sin un pañuelo para sonarse los mocos, que queda muy feo ver por televisión a estos millonarios vaciar de mucosa sus oquedades. Si sus uniformes no tienen bolsillos para el moquero bien se lo podrían guardar dentro de la tela que tienen los pantalones de deporte para impedir el efecto huevos colgantes que tan claramente pudo apreciarse hace unos años en una fotografía del joven Emilio Butragueño que despertó -por la magnitud de lo allí se veía- tanta admiración como envidia.

20 agosto 2009

Soy


Si yo no hubiera sido niño en Caspe, un niño tan feliz como fui, ahora sería un hombre distinto. Si a mi abuelo Valentín no le hubiera dado por pasar el rato pescando en el pantano o si mi primera maestra hubiera sido doña Encarna en lugar de doña Julia, yo sería una persona distinta. Quizá me parecería un poco al tipo que soy, pero sería de otra manera. También pude ahogarme en un par de ocasiones, al menos, en el río Guadalope o pude haberme caído a los once años del cuarto piso cuando se me quedaron las llaves dentro de casa y decidí entrar por el balcón de la vecina. Pero no ocurrió nada de eso y estoy aquí. Tal como soy. Si no me hubiera reído tanto con mis amigos, si no hubiera llorado tantas veces cuando nadie me ve o no hubiera amado a las mujeres de mi vida como las amé -y como aún las amo- nada sería lo mismo. Lo sé.

15 agosto 2009

Visitas

Si el webmaster de la página del Real Zaragoza observa que se ha producido un aumento inexplicable en el número de visitas es por mi culpa. Paso el día yendo y viniendo para ver si se confirman los fichajes y se desvela el nombre del delantero ilusionante que vamos a fichar. Mi hijo Guillermo y yo sabemos quién es, pero no se lo diremos a nadie.

En febrero de 2005, cuando era pequeño, también tuve un aumento considerable de visitas en un blog de juventud en el texto que pego a continuación. Me sorprendió que muchas de ellas procedían del servidor de la guardia civil. Descarté -por burdo y chapucero- que la benemérita estuviera siguiendo mis pasos en la red por nombrar a la mujer de Felipe de Borbón. La explicación era más fácil. Tenía que publicar por aquellos días las calificaciones de un examen de febrero y una de mis alumnas entraba desde el ordenador de la casa cuartel en donde vivía.

También Herick Campos Arteseros ha visto como se multiplicaban por varios miles sus visitantes y que ha recibido medio centenar de comentarios frente a los dos, tres, uno o ninguno que normalmente merecían sus post. El secreto: publicar una foto de Camps

En fin. Les dejo aquí mi comentario
Un país de súbditos o un país de ciudadanos.

Leo en El Periódico de Aragón en su edición digital un texto inquietante -supongo que es el resumen de un reportaje más amplio- titulado "El armario de Letizia Ortiz, para todas". Me ha resultado hiriente. Este tipo de comentarios en la prensa contribuye a infantilizar a una nación, a mantener en perpetua minoría de edad a un pueblo que aspira a ser libre. Creo que esta visión de la historia y de la realidad atenta contra la dignidad y la inteligencia de los hombres. También contra la dignidad y la inteligencia de las mujeres

La otra noche Cuchi nos contaba que el Guerra, el legendario torero, le dijo a Romanones, el legendario político, cuando éste le comunicó que Alfonso XIII quería que fuera a Madrid y que torease para él: "Yo no tengo señorito. Dile al rey que no torearé para él porque estoy retirado. Que hubiera nacido antes".

El armario de Letizia Ortíz para todas. Necesitamos unos medios de comunicación que construyan otro tipo de realidad. Necesitamos otros titulares para entender nuestras vidas: "La biblioteca de Pepe Melero, para todas", "El compromiso ético del profesor Emilio Lledó, para todas", "La inteligencia de Yolanda Polo, para todos", "La solidaridad de Carmen Magallón, para todas", "El rigor de María Moliner, para todas", "Aristóteles, para todos"... Qué sé yo...

Hace unos años, cuando Rosa de España iba a representarnos en el festival de Eurovisión y los cantantes de Operación Triunfo visitaron Zaragoza y se asomaron a la ciudad desde el balcón consistorial en compañía del alcalde Atarés (cachirulos & viva la virgen del pilar, etc.), un periódico tituló "La generación de Chenoa y Bisbal se enfrenta hoy a la selectividad". Qué estupidez. ¿Chenoa y Bisbal? ¿Cómo van a dar estos dos personajes inventados por el marketing el nombre a nada?

Quieren hacer de Letizia Ortiz un modelo de elegancia, de inteligencia y de modernidad. Ya es una mujer deportista, lectora, políglota... En realidad es un personaje de ficción, inventado y sin existencia real. Como su propio marido. Como Bisbal, aunque se enfanden los amantes de Bulería, bulería...

25/02/2005 10:09

La virgen de agosto

Como si fuera marinero, el día de la virgen del Carmen me puse en viaje y estuve unos días en Roma. Apenas me gustó la ciudad. No solo es que yo sea uno de los raros de Garrapinillos. En la Ciudad eterna todo lo público está eternamente descuidado: el mobiliario urbano, la limpieza de las calles, los transportes públicos, los jardines, las aceras, las señales de tráfico...

Pero no quería escribir sobre mis viajes por lo largo y ancho de este mundo. Quería contar que de la virgen del Carmen a la virgen de agosto me propuse hacer dos libros y preparar el primer diseño de una revista. Y ya están hechos. No de todo, es cierto. Pero están hechos.

El domingo es san Roque y el lunes, cuando en Magallón celebran san Roquico, se empieza a terminar agosto.

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Hay un aragonés esperando, colgado a más de 6000 metros de altura en Pakistán: "Hasta dentro de 10 o 12 días" -le dijo Óscar Pérez a su compañero Álvaro Novellón cuando éste inició el descenso para dar aviso del accidente.

Hay otros aragoneses esperando en Tramacastilla, en Jaca, en Huesca...

No te rindas, Óscar, ni al frío ni al dolor o al hambre. 10 o 12 días...

23 junio 2009

Contar el mundo

Cuando el auto de transportes que realizaba el trayecto Barcelona-Barbastro dejó en la escuela la imprenta, los niños supieron que nunca olvidarían aquel día y escribieron en la primera página de Chicos:
“La fecha de hoy, 1 de junio de 1933, será célebre en la historia de nuestra escuela dirigida por D. José Bonet (…). Grandes eran nuestros deseos de ver nuestros pensamientos en caracteres impresos”.
Cada vez que pienso en estos textos libres, compuestos letra a letra, tengo la certeza de que estamos ante el relato de la vida contada con ojos de niño, una gran novela colectiva que convierte a Barbastro en Macondo. En esta sinfonía coral fluye la memoria, la pasión, la aventura, el humor, los sucesos íntimos de las familias, las tradiciones, las romerías, los viajes, las celebraciones, las travesuras, los dramas cotidianos, los juegos, los paisajes, los rincones de la ciudad y los personajes que pululaban por el entorno vital de aquellos centenares de niños que tuvieron el privilegio de contar el mundo con palabras auténticas, con palabras de señalar, nombrar y querer porque en su vida se cruzó José Bonet Sarasa, un maestro que puso a su disposición la herramienta que les permitía hacer reales y tangibles –mediante los tipos de plomo, el linóleo, las gubias, la tinta y el papel– sus pensamientos y sus sentimientos.
El tiempo ha convertido a aquellos niños que compartieron la alegría de la palabra y de la creación, en cronistas de la ciudad ya que en estas páginas encontramos la historia cotidiana de Barbastro: los aniversarios de la proclamación de la República, los resultados de los exámenes de reválida del instituto, el cine, los comercios, el circo, la siembra, la poda, la fabricación de cañizos, la molienda de la oliva, la colonia escolar de Torredembarra, los partidos de fútbol…
Junto a estas páginas de las revistas Caricia, Chicos y Helios también recuperamos la luz de la palabra que alumbró algunas escuelas aragonesas gracias al trabajo de maestros como José Carrasquer, Ramón Acín, Herminio Almendros, Simeón Omella y José Bonet.
Los textos escritos por los niños de Barbastro son una evidencia del poder emancipador de la palabra, una muestra de cómo las palabras nos permiten apropiarnos del mundo, contarnos y explicarnos, desear, recordar y soñar. Y hoy más que nunca, en nuestra sociedad mediática, la palabra es un instrumento imprescindible.

Víctor Juan

[Presentación del libro Transformar el mundo desde la escuela con palabras. Los cuadernos freinetianos de Barbastro durante la II República

02 junio 2009

Tres mujeres

El Hermanos Marx fue mi tercer destino como maestro. Había trabajado un año en Alcorisa y dos en Langa del Castillo, una pequeña escuela unitaria donde viví algunas de las experiencias profesionales más hermosas de cuantas he disfrutado.

Llegué al Hermanos Marx uno de los primeros días de septiembre de 1990 después de dar muchas vueltas por unas calles que me parecían todas iguales. No teníamos ni móvil, ni GPS así que pregunté a varios vecinos hasta que entre todos dimos con el emplazamiento de la escuela.


María Sánchez Arbós

Quiero tomar prestada una frase de una de las mujeres de mi vida: María Sánchez Arbós (Huesca, 1889 - Madrid, 1976). Cuando doña María recordaba su trabajo en la Institución Libre de Enseñanza afirmaba: “En mi contacto con la Institución aprendí más que enseñé…”.

Yo también aprendí más que enseñé durante los dos cursos que pasé en el Hermanos Marx. Aprendí de mis compañeras de Educación Infantil y del resto del profesorado del claustro. Aprendí mucho de los padres de los niños y del grupo de maestros que nos quedábamos a comer y a reír (no sé si por este orden) en el comedor escolar y luego tomábamos café en la cafetería del Tiempos Modernos. Aprendí de Paco, el conserje a quien aún saludo cada vez que nos cruzamos por las calles de Zaragoza.

Como afortunadamente no hice la mili, mi anecdotario personal se alimenta de mi relación con estudiantes de todas las edades porque en los últimos veinte años he dado clase en todos los niveles del sistema educativo. De entre las cosas que me han sucedido hay dos que recuerdo varias veces cada año, las cuento en mis clases, en alguna de las charlas que ocasionalmente doy en escuelas, se las cuento a los amigos... Las dos historias nombre de mujer.


Elisa

Elisa tenía cuatro años. Hoy será doña Elisa. Una mañana hicimos juntos el recorrido desde el puente de Santiago hasta la escuela. Ella en el Panda blanco de Ana Malo, su madre, y yo detrás, en mi viejo Renault. A veces se asomaba por luna trasera, me miraba y sonreía. Al llegar a la escuela Ana me dijo:

–¿Sabes qué me ha preguntado Elisa?

–Cualquier cosa.

–Me ha preguntado que dónde vivías y yo le he explicado que no muy lejos de nuestra casa. Luego me ha preguntado que con quién vivías y le he dicho que con tu madre. Entonces me ha mirado con unos ojos como platos y ha exclamado:

–¡¿Víctor aún es hijo?!

Sí, era hijo. Entonces no sabía que somos hijos hasta que nos hacemos padres. Ser hijo es un estado pasajero. Sin embargo, somos padres para siempre. Aunque nuestros hijos crezcan y sean –como deseamos– más fuertes y más sabios que nosotros. Aunque no nos necesiten. Somos padres para siempre.


Irene

Irene tenía cinco años. Hoy será doña Irene. Un día tuve que llevarla al centro de salud para que le curasen una brecha que se hizo en la frente. Yo creía que me moría del dolor que me causaba mirarla y ella me repetía “No me pasa nada”.

En clase teníamos un calendario que estudiábamos todos los días para apropiarnos de la secuencia temporal en la que transcurre nuestra vida: “Lunes, regamos las plantas”, “martes, tomamos el flúor”, “miércoles, hacemos psicomotricidad”, “jueves,…”. Un jueves Irene defendió vehementemente que no podía ser jueves:

–Mi tía come todos los jueves en mi casa. Hoy no ha venido a comer a casa. Es imposible –sentenció– que sea jueves.

¡Cuánta razón tenía Piaget!


Dice el tango que veinte años no son nada. Y no es cierto. En nuestro caso, veinticinco años son muchos sueños, risas, palabras, juegos, emociones, descubrimientos, esfuerzo, ilusión, ganas de querer ser mejores… Y por todo ello, y por lo que es imposible contar, hemos de felicitarnos.

[El colegio Público Hermanos Marx de Zaragoza ha cumplido 25 años. Ayer se presentó el libro del XXV aniversario, un libro bien pensado y muy bien desarrollado. Me pidieron un breve texto y escribí este].

10 mayo 2009

Zaragocismo




Como si de mí dependiera el resultado, esta temporada más que ninguna otra, a partir del jueves sólo pienso en el partido del sábado. Siempre creo que vamos a ganar. Y hoy que jugamos contra el Huesca también quiero que el Zaragoza gane. No quiero ganar en el Alcoraz de una manera especial porque con el Huesca no nos une una especial rivalidad. Aunque soy mayor no había nacido la última vez que el Huesca y el Zaragoza se enfrentaron en el campo de San Jorge hace 58 años. Por eso este encuentro no es un derbi, sino un accidente, un hecho ocasional. Un derbi se celebra entre equipos cuyas aficiones mantienen una constante rivalidad. Y no es el caso. He de reconocer -y no quisiera herir la sensibilidad de nadie- que hasta donde alcanza mi recuerdo en casa se ha hablado siempre de fútbol, pero yo he pensado muy pocas veces en el Huesca. Quizá cuando hace dos o tres temporadas se jugaba en ascenso a segunda división me pareció genial la propuesta de Mariano Gistaín: que el Huesca jugara en La Romareda y que pudiéramos ir 30.000 zaragocistas a apoyar al equipo altoaragonés. Hubiera sido muy bonito. Y allí hubiéramos estado.

[Hoy intervendré en Radio Huesca. Me han invitado por ser un zaragocista que trabaja en Huesca, por ser un zaragocista a quien le gusta mucho la Huesca de Ramón Acín, María Sánchez Arbós, Paco Ponzán, Víctor Pardo, Carlos Castán, Óscar Sipán, la Huesca del Museo Pedagógico de Aragón, de Walca...

Estos dibujos los hizo Ramón Acín en 1923-1924. Acín guardaba entre sus papeles algunos recortes de prensa con noticias de fútbol y fotografías de futbolistas]

08 mayo 2009

Ramón Acín


[Para Marta Navarro]

El perro de Ramón Acín se llamaba Tobi y era famoso en la ciudad como lo son los tontos de capirote. Era un perro negro, sin rabo, alegre, inteligente y juguetón que se entristecía cuando le ponían el bozal. Por eso Ramón Acín cogió una brocha y le pintó el bozal que tenía que llevar obligatoriamente al salir de casa. Con su falso bozal el perro corría feliz por las calles y los laceros municipales no le molestaban.
Ramón Acín tenía un amigo zapatero. También gozó de la amistad de escritores, poetas, artesanos, militares partidarios la República, estudiantes, sindicalistas, obreros.... Fue amigo de Buñuel, de Lorca, de Sánchez Ventura… Pero su mejor amigo se llamaba Juan Arnalda y tenía un taller de zapatería en la calle San Orencio, en Huesca. Con Arnalda se escondió en su casa de la calle Las Cortes una noche asfixiante de julio, cuando los militares se sublevaron contra el Gobierno de la República. Estuvieron escondidos hasta que Ramón Acín decidió entregarse para terminar con el sufrimiento de Conchita y de sus hijas. La víspera convenció a Arnalda para que huyera y le pintó –con las mismas manos que años atrás simularon un bozal para el Tobi- unos bigotes. Le dejó una de sus grandes boinas para que nadie le reconociera. Arnalda salió de Huesca y murió en Bayona en 1977. Acín se entregó y lo fusilaron el 6 de agosto de 1936.
Ramón Acín era un hombre bueno. Jugaba con la vida y se reía de sí mismo. Sólo tomaba en serio la injusticia y su compromiso con los humildes. Quienes lo mataron no soportaban que fuera feliz, que soñara, que amara a Conchita, a Katia y a Sol, que sus alumnos le quisieran. Ramón Acín eligió estar del lado de los humildes. Eligió la alegría y la vida.
“No te defraudaremos -escribió Paco Ponzán en Nuevo Aragón de 9 de marzo de 1937- Tus hijas, Katia y Sol, verán en cualquiera de nosotros un pedazo tuyo”.
Somos un pedazo de Ramón Acín cuando elegimos la bondad, la belleza y la alegría. Cuando nos comprometemos con causas justas y cuando somos capaces de trabajar para hacer un mundo mejor para los demás.

13 marzo 2009

Para nosotros

El martes 3 de marzo dándole vueltas al diseño de unas jornadas que se celebrarán en Huesca con el título “Aragón: Educación y Libertad. En el centenario de Ferrer i Guardia” pensé que sería interesante hacer una edición facsímil de un ejemplar del diario Nuevo Aragón, portavoz del Consejo de Defensa de Aragón, que se publicó en Caspe desde el 20 de enero de 1937 hasta que el 11 de agosto del mismo año las tropas de Enrique Líster entraron en Caspe y asaltaron los talleres en los que se imprimía este periódico.
No me interesaba cualquier ejemplar. Tenía que ser el del martes, 9 de marzo de 1937, el número en el que Paco Ponzán, Evaristo Viñuales, Miguel Chueca y José Mavilla rinden un homenaje a Ramón Acín, asesinado en Huesca el 6 de agosto de 1936. Después de sorprenderme con esta idea intenté dominar el vértigo que despiertan en nosotros los sueños imposibles y deseé que en el fondo “Ramón Acín” depositado en el Museo de Huesca se conservara el ejemplar entero y no únicamente los cinco recortes que yo conocía por La línea sentida de Emilio Casanova y Jesús Lou.
El miércoles por la mañana hablé con Mari Paz Cantero, la conservadora del fondo “Ramón Acín” del Museo de Huesca y me confirmó que sólo tenían los cinco recortes, que no sabía cuántas páginas tendría el ejemplar completo. Le conté quiénes eran Evaristo Viñuales y Paco Ponzán, le repetí el estremecedor párrafo del testamento que Paco Ponzán firmó el 27 de diciembre de 1943 en la prisión militar de Furgolle:
“Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales”.
En Nuevo Aragón de 9 de marzo de 1937 estaban juntos Ponzán, Viñuales, Ramón Acín… Le conté a Mari Paz que por aquellos días Palmira Plá también estaba en Caspe, enamorada de Paco Ponzán, dirigiendo las colonias escolares… Le dije que he encontrado cosas que parecían perdidas y que mi amigo Eloy Fernández Clemente suele repetirme que los brazos de la Venus de Milo están en algún sitio, que alguien los encontrará… Luego preferiremos la Venus sin brazos…”
Cuando ya nos despedíamos le dije a Mari Paz:
-Si en el ejemplar de 9 de marzo de Nuevo Aragón hay un texto de Palmira Plá… yo me tiro por la ventana.

Aquella misma mañana llamé a mi primo Javier Cortés, vinculado al Centro de Estudios Caspolino, por si tuviera noticias de alguna colección particular, hablé con Carlos Serrano –que le envió recado a José Luis Ledesma–, les escribí a Antonio Peiró, a Julián Casanova y a Javier Díaz… Busqué por internet, consulté la bibliografía que tenía en casa… Le escribí a Alberto Serrano Dolader –caspolino, periodista, amante de todo lo que tiene que ver con Caspe y con Aragón– … Nada… Tendríamos que ir a Salamanca, al archivo de la guerra civil y ver si allí nos permitían la reproducción del ejemplar de Nuevo Aragón.
Un poco antes de las doce de la noche recibí un correo de Alberto Serrano. “Has tenido suerte –me decía–, en mis tiempos de estudiante en Barcelona compré algunos, muy pocos, ejemplares de Nuevo Aragón y tengo el ejemplar que te interesa que incluye una fotografía de Ramón Acín. Cuando quieras te lo dejo”.
“Lo quiero mañana –tecleé apresuradamente–. Iré a buscarlo dónde me digas y cuándo tú me digas”.
El día de la cincomarzada fui a casa de Alberto. Me dio el ejemplar –inmejorablemente conservado– en una carpeta azul. Mis hijos me esperaban en el coche. Blanca, que ya tiene 14 años y es mi cómplice en muchas de mis locuras me preguntó:
-¿Está?
-Aún no lo sé. No lo he mirado.
Empezamos a pasar las páginas y en la página siete, junto a un artículo sobre gallinas ponedoras en el que se explicaba cómo construir un gallinero, allí estaba... El texto de media página de Palmirá Plá sobre colonias escolares. Estaban todos juntos… Acín, Ponzán, Viñuales y Palmira Plá.... Estábamos todos juntos.
Supe que todo lo habían hecho para mí. Palmira Plá pudo publicar su texto cualquier otro día, Alberto pudo no haber comprado ejemplares de Nuevo Aragón o que entre ellos no se hubiera encontrado éste. Cuando acaricio las ocho páginas de Nuevo Aragón sé que este cuento se escribió para nosotros.
Como no soy un hombre de palabra, no me he tirado por la ventana. Sólo he sido feliz.

13 febrero 2009

El señor de las palabras [A propósito de Fotografías veladas de Antón Castro]

Me voy a permitir contarles o recordarles algunas circunstancias que nos ayudan a entender quién es Antón Castro. Su manera de fabular y de escribir sólo se explica si atendemos a cómo fue su infancia. Antón nació en Santa María de Lañas, una aldea próxima a Arteixo. Después de veinte años de zozobra intelectual, Pepe Melero ya acepta que los delfines acariciaran las piernas de Antón cuando se bañaba en las playas de Barrañán. También hemos dado por bueno que llovieran ranas cuando Benito, el padre de Antón, volvía de Suiza con un saco de naranjas sanguinas bajo el brazo. Antón era un niño que todo lo miraba de otra manera. En su casa le decían “Planetas” porque cuando contaba las cosas nunca se sabía bien dónde terminaba la realidad y dónde empezaba el terreno de la fantasía. Antón improvisaba partidos de fútbol con botones y los más bonitos se llamaban Yarza, Violeta, Canario, Santos, Sigi, Marcelino, Villa y Lapetra.
En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón. Así se le conoce en el mundo de la cultura y de la política, en el mundo del arte, en el mundo del deporte. Y por supuesto, aquí, en Garrapinillos.
Antón ha contado en muchas ocasiones que vino a Aragón casi por accidente, huyendo de todo, huyendo de sí mismo. Hace treinta años una tempestad le dejó varado en Zaragoza. Como cuenta en “La estación del adiós” aquí encontró a la mujer de su vida, se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeuves. Se quedó entre nosotros con su mirada de niño perpetuo dispuesto a dejarse conmover por los prodigiosos cotidianos de la vida. Cuando decidió quedarse quizá tuviera una camisa blanca que lavaba cada noche y que tendía al raso para que se la planchara la Luna. Quizá viviera en la calle Estudios o en Casta Álvarez y luego se instalara en una avenida que se estremecía con el paso de los trenes. Quizá tuviera algunos libros o carpetas llenas de recortes y fotografías de los temas que le apasionaban: el cine, el fútbol, el boxeo, el atletismo, la fotografía. Lo que sí es seguro es que tenía las 27 letras del alfabeto. Y con ellas contaba el mundo.
Mientras escribía esta breve presentación recordé un delicioso episodio de El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármenta que refleja la importancia de las palabras para entendernos, para explicarnos, para encontrarnos y para amarnos.
Como recordarán, Mario Jiménez, era un joven que cambió su destino como pescador para llevarle la correspondencia a Pablo Neruda. Un día se armó de valor y le confesó a don Pablo que quería ser poeta.
-Hombre, en Chile –dijo Neruda- todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guantones.
Neruda retomó la varilla de la puerta, y se dispuso a entrar, cuando Mario mirando el vuelo invisible de un pájaro dijo:
-Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
-¿Y qué es lo que quieres decir?
-Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.
Durante estos años, Antón se ha convertido en el señor de las palabras, en el escritor que sabe qué quiere contar y cómo ha de contarlo.

Fotografías Veladas
Catorce años después de publicar Veneno en la boca, un libro de entrevistas que yo he leído decenas de veces, Antón vuelve a Xordica para ofrecernos una veintena de cuentos reunidos en un gran libro titulado Fotografías veladas.
Conviene tener claro desde el principio que una fotografía no es la realidad. Una fotografía es una representación y a veces oculta la realidad o la tergiversa o la embellece de tal manera que preferimos la imagen a la realidad misma. La realidad es un concepto permeable, cambiante. Por eso en Fotografías veladas los personajes de Antón saltan a la realidad y se pasean por lugares reales, pero al mismo tiempo los personajes reales invaden el universo que Antón crea con palabras. En los cuentos de Antón la realidad y la ficción se dan la mano en un territorio mágico.
En Fotografías veladas hay homenajes permanentes. Homenaje a Leoncio Gascón, a Teruel, a Urrea de Gaén, al Somontano del Moncayo, a Loarre, a Zaragoza. Hay mucho fútbol y algunos maestros (como don Antonio y Matilde). Hay muchos personajes reales como Miguel Mena, Paco Boisset, Balfagón, José Luis Melero…
Antón tiene una asombrosa capacidad para enamorarse de los paisajes, de la gente que le acompaña cotidianamente, de la tierra en la que vive. Luego lo cuenta con esa pasión tan suya por contar y a todos nos entran unas tremendas ganas de vivir en Cantavieja, en La Iglesuela del Cid, en Urrea de Gaén o en Fisterra para contemplar los cielos que descubre Antón. Creemos que encontraremos seres imposibles o que nos mirarán las sirenas como le miran a él.
Antón ha hecho de Garrapinillos un escenario definitivamente literario. En estas calles sucedió el encuentro de Manuel Martín Mormeneo con Sonia en “La joven y el reportaje imposible”:
“…Vengo a menudo por aquí. Me gustan los huertos, los albérchigos, las higueras, los manzanos. Alargas una mano y coges lo que te apetece. Además hay una casa que me gusta mucho, toda cerrada con mirtos. Se llama El Aleph. Siempre juego a pensar qué ocurre dentro, en los jardines, cuando cae la tarde”.
Les confesaré que yo he paseado por los alrededores del Alehp con la vana esperanza de encontrarme con Sonia, la miseriosa mujer que conduce un Audi y me consta que lo mismo hicieron en más de una ocasión Javier Torres, Pepe Melero o Rodolfo Notivol. Incluso colgué en la web una fotografía de una falsa Sonia sólo para despertar los celos de Antón y la envidia de Pepe Melero.
Antón Castro ha construido letra a letra su universo literario, un mundo reconocible del que forman parte playas de nombres imposibles y lugares como Garrapinillos, Barrañán, Huesca, Loarre, Cantavieja o Ejulve, y en esos paisajes Antón hace sentir, amar, recordar y, en definitiva, vivir a unos personajes que también son ya nuestros: los masoveros, las sirenas, los fantasmas, las brujas, escritores y futbolistas, niños que sueñan y hombres y mujeres que persiguen el amor porque saben que sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia.
Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepárense para sumergirse en este Macondo particular de Antón Castro en donde viven Patricio Julve y Manuel Martín Mormeneo en un mundo en el que las mujeres huelen a bambú o a manzanas rojas, un universo de seres atrapados en mil pasiones, arrastrados por la melancolía, un universo de seres que miran lo cotidiano como nosotros no seríamos capaces de mirar nunca.

06 febrero 2009

El cielo que miraba Paco Ponzán

Tropiezo con un papelillo que guardé en el cajón de la mesa de mi despacho. En el verano de 2004 escribía la historia de amor de Paco Ponzán y Palmira Plá y una tarde, sin venir a cuento, Blanca me dejó encima del teclado del ordenador una acuarela que ella había dibujado en secreto para mí y el papel que ahora acarició:
"El cielo que miraba Paco Ponzán mirado ahora por Víctor Juan".
Blanca tenía nueve años. Yo la quería, pero no imaginaba cuánto la iba a querer ahora que está a punto de cumplir 14 años.

01 febrero 2009

En el puesto fronterizo de Ariza




El general de carabineros Víctor Juan en tareas de adiestramiento de la caballería aragonesa.

El brigadier Melero está ordenando la biblioteca.



video

31 enero 2009

Las manos de Julia*


Una mañana vino a verme un carpintero. La lectura de un artículo que firmé en el suplemento dominical de un periódico sobre la violencia de los primeros días de la guerra civil le animó a visitarme. Enseguida llegué a la conclusión de que era una de esas personas que necesita tiempo para contar, para contarlo todo a su manera. Me explicó que suele detenerse a repasar los muebles que se amontonan en las aceras esperando que los lleven al basurero. Busca tesoros entre los despojos de esta sociedad de la opulencia. Cree que todo puede servir para algo, que a todo se le puede encontrar una segunda utilidad. En algunas ocasiones recupera un tirador, unas bisagras, un trozo de cristal, el marco de un espejo o las baldas de un armario... Otras veces recoge muebles enteros que alguien hizo con sus manos utilizando madera de nogal, de roble, de pino o de abeto… Disfruta devolviéndoles la vida. Tras unos meses en la carpintería, aquellas piezas que arrastran una historia de dignidad, un pasado de esplendor, de servicio, de vergüenza, de abandono o de sufrimiento vuelven a ser útiles, vuelven a existir, están en condiciones de conquistar de nuevo un espacio, un hueco en el universo de la materia viva.
Así encontró una mesa de roble. Enseguida se dio cuenta de que se trataba de la mesa de alguien que escribía, leía o pensaba apoyado en ella. Tenía cajones a ambos lados del hueco preparado para las piernas. En uno de esos laterales descubrió un pequeño rectángulo metálico en el que leyó “Ministerio de Instrucción Pública. Madrid, 1924”. Era la mesa de un maestro. Y le gustó que fuera una mesa que había estado en una escuela, sobre la tarima, junto a la pizarra. Seguro –pensó– que alrededor de ella se congregarían los niños. Esa mesa había soportado el peso de los libros, de los trabajos escolares, del borrador y la tiza, de la hucha con forma de cabeza de chinito, de la botella para preparar la tinta. Era la mesa de un maestro que habría disfrutado de la monotonía de la lluvia en esas tardes de escuela cuando llovía. Así lo escribió Machado. Decidió que la restauraría para que su hija Irene, una niña de diez años, empezara a estudiar sobre ella. La cargó en su furgoneta y la llevó al taller.
Siempre tenía encargos pendientes. Los entregaba irremediablemente con retraso porque nunca sabía qué iba a pedirle la madera. No podía predecir el momento en el que una ventana, una escalera, una caja o una estantería estarían terminadas. Él trabajaba mientras la madera reclamaba sus cuidados. Era incapaz de dar por concluido un trabajo hasta que tenía la certeza de que sus manos no podían hacer nada más por cada mueble, por cada pieza de madera por pequeña que fuera. “Sabe –me decía para que entendiera cómo hacía su trabajo–, cuando alguien entra en mi taller, yo dejo que me cuente, que me explique qué quiere, y después decido si acepto el encargo”.
La mesa se quedó arrinconada en el taller, esperando pacientemente que llegara su turno junto a los restos de lo que parecía haber sido una puerta, entre maderos y listones, sepultada bajo una capa de serrín cada vez más espesa que amenazaba con ocultarla totalmente.
Una mañana el carpintero tomó un trapo y se dirigió a la mesa del maestro. Al quitar el serrín pudo ver la madera surcada de líneas, las esquinas astilladas, la huella que el paso del tiempo había dejado en el tablero… La madera aún estaba viva… Abrió y cerró algunos cajones. Como si sus ojos no le bastaran para conocer el estado de la mesa, la acarició demoradamente con sus manos decididas y firmes. Sonrió. Le gustó mucho más que cuando unos meses atrás la recogió de la basura. “Hoy –dijo para sí– me pondré con la mesa de Irene”. La empujó hacia la zona de trabajo, el espacio en donde lo más importante de aquel universo lo tenía al alcance de la mano: la lijadora y el cepillo, las escuadras y las reglas, los formones y las gubias, las barrenas, los martillos, los destornilladores de todos los tamaños, los lapiceros y los compases, los serruchos, las fresas, los sargentos, las tenazas, el bote de cola blanca… Antes de hacer nada contempló nuevamente la mesa, se acercó al calendario y trazó con su lápiz rojo un círculo sobre el día 20 de septiembre. Encima escribió: “Mesa de Irene”. Aquel acto no tenía ninguna importancia práctica. El 20 de septiembre, la víspera de estrenar el otoño, no iba a ser la referencia de nada. Él trabajaba sin plazos y sin límite como si el trabajo no tuviera que ver con él. Pero quería saber cuánto tiempo era necesario para que la mesa decidiera nacer. Sus manos trabajaban silenciosas sobre el roble. Acuchillaban, lijaban, cepillaban, volvían una y otra vez sobre los bordes, pulían los cantos, eliminaban algunas manchas de tinta que habían teñido el tablero de la mesa…
Después de unos días en el pequeño taller del artesano todo giraba alrededor de la mesa. El mundo se reducía a la relación del carpintero con ese mueble. Parecía que conversaban, se estremecían, sufrían y disfrutaban al unísono. Lo que sentía el uno lo percibía también el otro. Cuando se sumergía en sus proyectos, el carpintero sólo podía pensar en el modo de responder a las preguntas que le hacía la madera, como si las virutas que se extendían por el suelo impregnaran también sus sueños.
Cuando ya había concluido los trabajos más urgentes por el exterior de la mesa, sacó los cajones y comenzó a prepararlos para recibir el barniz que protegería la madera. Entonces, al darle la vuelta completa a la mesa fue cuando descubrió, pegado en el fondo de la cajonera, un sobre marrón. Lo arrancó cuidadosamente procurando no romper el papel y comprobó que había algo en su interior. Abrió el sobre y sacó una fotografía y una papeleta electoral en la que bajo el título de “Elecciones a Diputados a Cortes. Coalición de Izquierdas” había escritos cuatro nombres. Con ese patrimonio se presentó en mi despacho.

* Fragmento de la novela Las manos de Julia. Siempre es difícil encontrar editor para las historias. Pero es más difícil escribirlas. Y esta novela ya está escrita.

06 enero 2009

Zaragoza

Hace unos días recibí Laberintos, una revista admirable hecha con mucho cuidado y mucho talento en el Instituto de Educación Secundaria ELAIOS de Zaragoza. Entre muchas sorpresas agradables me emocionó un gran texto de Daniel Gascón sobre Zaragoza:

"Con sus maravillas y sus desastres, Zaragoza es mi ciudad, la ciudad de muchos de mis amigos y de muchos de los escritores que más me han marcado. He vivido en bastantes sitios, pero en Zaragoza tengo la sensación de que los personajes de sus relatos caminan a mi lado, y me parece que paseo en la mejor compañía".

Lean el texto completo: En buena compañía.

Mariano García ha recuperado en un artículo en Heraldo de Aragón la historia de un tango dedicado a Zaragoza que triunfó en la Alemania de Hitler. Creo que este tango de 1932 también es una buena compañía para las palabras de Daniel Gascón, uno de los grandes escritores
zaragozanos. [Aquí pueden escucharlo]