27 noviembre 2016

«TÚ ERES ANTES QUE TODO» LA CORRESPONDENCIA DE RAMÓN ACÍN Y CONCHITA MONRÁS



[JUAN, Víctor (2016), "Tú eres antes que todo". La correspondencia entre Ramón Acín y Conchita Monrás, Turia, 120, pp. 251-257.



Para entender la vida de Ramón Acín hay que tener en cuenta que uno de los pilares de su existencia fue Conchita, su compañera, su cómplice y su musa. Conchita era antes que todo. Antes que la libertad y antes que el arte. Así lo escribió Ramón Acín desde la cárcel, posiblemente en 1924: «Aquí discutimos, damos charlas y asambleas, estamos todo lo relativamente bien que se puede estar sin libertad... y sin ti, mejor dicho, sin ti y sin libertad porque tú eres antes que todo».[1]
Concepción Monrás Casas (Barcelona, 3 de noviembre de 1898 – Huesca, 23 de agosto de 1936) era hija de Joaquín Monrás Casanovas, catedrático de Literatura, que fue destinado al Instituto de Huesca cuando Conchita era una niña. Conchita completó sus estudios en el colegio de Santa Rosa. También aprendió a tocar el piano con el maestro Eusebio Coronas. Tenía intereses poco comunes entre las jóvenes de la época. Estudiaba esperanto, jugaba al tenis, le gustaba actuar en obras de teatro… Era diez años más joven que Ramón Acín, con quien se casó el 6 de enero de 1923.[2] La ceremonia se celebró en casa de Conchita, en la Plaza de Santo domingo, 8, para guardar el luto por la muerte de la madre de Ramón Acín, fallecida unos días antes.
Una valiosa descripción del carácter Conchita nos la ofrece Mariano Añoto Pola, un niño al que Ramón y Conchita acogieron en su casa como si fuera un hijo más, cuando se quedó huérfano.
«Conchita era espigada, delgada, de cuerpo armónico y atractivo, joven de rostro agradable y sonrisa feliz. Imperiosa cuando pedía u ordenaba, a veces sus ojos centelleaban ante situaciones graves. Plenamente enamorada de su marido, compartía en una estrecha unión con una entrega total, todos los problemas de este. (...) Conchita fue la heroína verdadera. Una mujer que defendió a su esposo con todas las consecuencias».[3]
Esta no fue la única ocasión en la que Mariano Añoto recordó a Conchita. Sol Acín en un artículo publicado en El Día de Aragón en 1988 recogió el testimonio de Mariano Añoto sobre Conchita:
«Recordarás algunas tardes, las más de las veces tardes de invierno, tardes frías en las que vuestro padre se había ausentado de casa. Vuestra madre nos decía: “¿vamos a la alameda? Subiremos también a Las Mártires”.
Cuando iniciábamos el paseo, el Sol, que en principio era amarillo invernal, poco a poco se tornaba turbio y frío.
La niebla surgía por el cauce del río Isuela a borbotones, envolviéndonos con su gélido vapor, y pronto nuestros alientos empezaban a condensarse con fuerza.
–A ver quién me coge –decía de pronto–, y emprendía veloz carrera. Muchas de las veces para cogerla teníamos que cercarla. Su velocidad era asombrosa. Era joven, sana y fuerte».[4]
Desde que comenzó su relación, Ramón le escribía a Conchita notas, billetes, cartas, postales, apuntes con dibujos sin otro propósito que el que tienen los enamorados cuando se escriben: decirse cómo se quieren y se extrañan permanentemente porque el tiempo que pasan juntos siempre se les hace corto. Leídas una tras otra, estas cartas son un largo poema de amor. Ramón Acín escribía apretándose el hígado o cuando le saltaba el corazón. Se apretaba el hígado para denunciar las injusticias y el sufrimiento de los más débiles, aunque sabía que se le cerrarían algunas puertas o se le negaría algún saludo[5]. Acín confesaba que era más fácil escribir apretándose el hígado, cuando le desbordaba la hiel, pero le bastaba pensar en Conchita, en su zagalica, en su gitana de la gitanería para que le saltara el corazón. Por eso sus cartas rebosan ternura, amor y delicadeza. Seguro que Conchita le contestaría, pero Ramón no guardó sus cartas con tanto cuidado como el que puso Conchita en guardar las palabras y los dibujos de Ramón. Solo han llegado hasta nosotros unas pocas misivas remitidas por Conchita. Sin embargo, sabemos que se enviaban mensajes diariamente. De la calle Las Cortes a la plaza de Santo Domingo, de la plaza de Santo Domingo a la calle Las Cortes. Y esos mensajes nos muestran la limpieza de un mundo construido con palabras, de un territorio que Ramón y Conchita conquistaron para ser juntos, para ser uno solo.
Las despedidas de las cartas también son una muestra de la complicidad y del cariño que les unía: «Siempre el mismo», «Te quiere de verdad, de verdad tu Ramón», «Mucho, mucho, mucho te quiere Ramón», «Te envía muchas cosicas tu R».«Estoy muy contento de nuestro mucho cariño, tu Ramón».
Conchita le llamaba a Ramón «chiqué», «majico», «Ramoncico mío», «nenico».
Y Ramón le decía «gitanilla», «Chiteta», «zagalica»…

Un paraíso en la calle Las Cortes
Rafael Sánchez Ventura escribió que el hogar que construyeron Conchita y Ramón en la casa de la calle Las Cortes era un «ejemplo emocionante de armonía, de elevación, de belleza, donde todo adquiría dignidad y gracia; aquel hogar de Huesca, que también fue mío, instalado en la señorial casona de anchas estancias repletas de cuadros, esculturas, estampas, viejos muebles y libros, objetos múltiples de exquisito arte popular conseguidos al cabo de los años en incesantes correrías que hicimos juntos por tantos y tantos lugares; aquel hogar animado por la inteligente alegría de Conchita Monrás, la tierna compañera de Ramón, iluminado por el radiante hechizo de las dos niñas, a tono ambas en hermosura y precoz sensibilidad e inteligencia con el ambiente de la casa; aquel hogar a todos abiertos donde el pobre tenía puesto franco en la mesa, enseñanza cordial de música y dibujo en la academia».[6]
Marianito Añoto recordaba a Conchita como la necesaria compañera para Ramón Acín. Se complementaban. No se entendían el uno sin el otro: «Conchita, a la inversa que Ramón, procuraba estar totalmente a ras de tierra. Enjuiciaba, pesaba, medía con claridad todo problema sentimental, político o económico. Gracias a ella el equilibrio material se mantenía en el hogar. En aquellos años se precisaba menos para vivir, pero en casa de Ramón Acín siempre se caminaba con adelanto de décadas y los gastos eran grandes. Conchita sabía frenar a su marido».[7]
Otro testimonio del clima que reinaba en casa de Ramón y Conchita Monrás nos lo ofrecen las declaraciones del capitán Fermín Galán en las que destaca que Conchita era la compañera de Acín. Todo era ideal en la casa de la calle Las Cortes: «Me maravilla cada vez que voy a casa de Acín. Son ideales él, su mujer y sus niñas ¡Su casa entera! ¡Acín ha encontrado la compañera! ¡Ha tenido suerte!».[8]

«Tan identificados que no podía ser más»
En 2002 Katia Acín destacaba en un encuentro con estudiantes la gran sintonía que había entre sus padres: «Mi madre era una mujer totalmente enamorada de mi padre y estaban tan identificados que no podía ser más».[9]
Conchita y Ramón tuvieron una relación absolutamente simétrica en la que tanto ponía el uno como daba el otro. Hay dos dibujos de Acín que expresan el respeto, la admiración y el apoyo incondicional que se dispensaban. En uno Conchita toca el piano en primer plano y detrás está Ramón pintando, sentado frente a un caballete. En el segundo dibujo es Ramón quien pinta en primer plano y Conchita toca, al fondo, el piano.
La identificación entre Ramón y Conchita es una constante en su correspondencia. Por ejemplo, en la carta que Ramón le envió a Conchita el 8 de diciembre de 1921 le decía que pronto serían uno, que se confundirían sus cosas y de ambos sería por igual todo: «como Conchita no es Conchita sino que soy yo y yo Conchita, para los dos por igual han de ser lo bueno y lo mediano y lo malo, si lo hubiere». Y así fue. Conchita y Ramón compartieron lo mucho bueno que hubo en sus vidas, los juegos y la alegría de las niñas, los días luminosos en la playa, las excursiones al Pirineo, la amistad de buenos amigos, los sueños de un mundo mejor. También compartieron el dolor de la cárcel, Ramón dentro de una celda y Conchita sufriendo la ausencia de Ramón en la prisión de los días vacíos. Compartieron el exilio. Ramón en París y ella en Huesca, una ciudad que sin Ramón se convertía para Conchita en un extraño lugar.
Conchita fue en todo momento la compañera de Acín. Fue su cómplice cuando Ramón se dedicaba a sus «sindicalerías»[10] o cuando era detenido y encarcelado por participar en huelgas y protestas. También compartió la voluntad de Ramón cuando, después de tocarles 30 000 duros en el premio gordo de la lotería de Navidad de 1932, Acín financió el rodaje de la película de Luis Buñuel Tierra sin pan en Las Hurdes.[11] Y también era de Conchita la generosidad que Acín tuvo con algunos amigos cuando estuvieron enfermos y necesitaron dinero. Y, llevando al extremo su amor, Conchita quiso compartir el destino de su marido cuando unos hombres convertidos en bestias lo arrancaron de su casa para matarlo.

«tú me acompañas siempre»[12]
Conchita y Ramón compartían las ideas, las aficiones y las pasiones. Ramón le decía a Conchita en una carta de octubre de 1933 que bastaba que uno de los dos amara una cosa, para que, naturalmente, la amara también el otro: «Me gusta que te guste el mar; a mí, si no me gustase, me gustaría por gustarte a ti. Y me gusta que te guste la montaña; ya sé que si a ti no te gustase, te gustaría por gustarme a mí».[13]
Juntos habían descubierto que solo importaba cómo se querían. Aprendieron que teniéndose el uno al otro, todo lo demás era relativo. Y eso lo expresaba Ramón Acín en un resumen que hacía de una carta que le enviaba Conchita en la primavera de 1922:
«Leída tu carta, voy a hacerte el resumen de ella y la mía y todas las cartas habidas y por haber (incluidas las 40 de la baraja). Resumen:
Que Ramón quiere mucho, mucho a su Conchita y que su Conchita quiere mucho, mucho, y un poquitín más a su Ramón, y todo lo demás tiene poca importancia ¿verdad, zagalica?».[14]

El humor y el amor
La primera carta enviada por Ramón a Conchita de la que se tiene conocimiento está fechada el 8 de diciembre de 1918. Se trata de la felicitación del día de la Inmaculada en la que Ramón dibujó una Luna que escuchaba como Conchita interpretaba al piano a Granados. El compositor felicitaba a Conchita desde el cielo. Su «amigo» Ramón Acín también la felicitaba y la felicitaría –le anunciaba– después de muerto desde el infierno porque «los malos artistas siempre van al infierno»[15].
A Ramón le gustaba jugar con todo. Encontramos ejemplos de este carácter cuando le pintó a su perro Tobi un bozal para que los laceros municipales le dejaran en paz[16], cuando liberó al pájaro que vivía en la jaula que más tarde ocupó una pajarita[17], cuando escribía sobre fútbol[18], cuando estando en la cárcel dibujó una palomica que todas las noches sorteaba las rejas de la prisión para besar a Conchita y a las niñas.[19] También cuando decía de sí mismo que había ingresado por voluntad propia en la orden de los predicadores en el desierto porque escribía y denunciaba asuntos que para muchos podían parecer tan nimios como la ubicación de los caballitos y los tiovivos para las ferias de San Andrés en el lugar más frío de Huesca[20]... Por eso no es aventurado suponer que quizá Ramón le pidió matrimonio a Conchita con una declaración en la que también jugaba en un momento solemne. No sabemos cuándo le envió una postal en la que había dibujado un cura junto al que Acín escribió: «Lea el otro lado»:
«Amiga Conchita:
Si me encuentra usted una novia morenica y salada y se presta este cura, me caso».
El 7 de enero de 1922 en La Tierra se publicó el reportaje titulado «¿Qué le han traído a usted los reyes?» en el que se adjudicaban algunos regalos a personas de la ciudad y en esa relación se incluía a Ramón Acín: «A Don Ramón Acín una muñeca, pero que muy gitana, que le hace olvidarse de papá Lenin». Seguro que esta fue la respuesta textual de Acín a la pregunta. Ya sabemos que Conchita hacía que Ramón se olvidara de todo. Hasta de Lenin, porque Conchita era para Ramón «antes que todo».




[1] La correspondencia entre Conchita Monrás y Ramón Acín puede consultarse en la base de datos de Emilio Casanova y Jesús Lou (2004), Ramón Acín. La línea sentida, Zaragoza, Departamento de Educación, Cultura y Deporte de Gobierno de Aragón y Diputación Provincial de Huesca. Esta documentación también está disponible en la página web de la Fundación Ramón y Katia Acín (http://www.fundacionacin.org/). Además, Jesús Lou transcribió las cartas de Conchita y Ramón en un artículo titulado «Geografía íntima de Ramón Acín», incluido en Emilio Casanova y Jesús Lou (2004), Ramón Acín. La línea sentida, op. cit.
[2] Víctor Pardo Lancina (2004), «Concepción Monrás y Casas (Barcelona,1898-Huesca, 1936)» en Emilio Casanova y Jesús Lou, Ramón Acín. La línea sentida, op. cit.
[3]  Víctor Pardo (2004), «Concepción Monrás y Casas (Barcelona,1898-Huesca», 1936) en Emilio Casanova y Jesús Lou, Ramón Acín. La línea sentida, op. cit.
[4] Sol Acín (1988) «Ramón Acín. Notas al margen», El Día de Aragón, 5 de noviembre de 1988.
[5] Ramón Acín, «El valor moral, futbolistas y futbolaires», El Diario de Huesca, 14 de diciembre de 1926.
[6] Rafael Sánchez Ventura, «En memoria de Ramón Acín», Aragón, 2, p. 3, citado por Víctor Pardo, «Una casona en la vieja ciudad amurallada», pp. 335-336 en Casanova, Emilio y Mas, Carlos, Ramón Acín toma la palabra. Barcelona, Penguin Random House Grupo Editorial.
[7] Citado por Víctor Pardo, «Una casona en la vieja ciudad amurallada», p. 337 en Casanova, Emilio y Mas, Carlos, Ramón Acín toma la palabra… op. cit.
[8] Arderíus, J. et al. (1931) Vida de Fermín Galán, Editorial Zeus, Madrid, p. 270. Citado en Víctor Pardo (2015) «Una casona en la vieja ciudad amurallada», p. 337 en Casanova, Emilio y Mas, Carlos, Ramón Acín toma la palabra, op. cit.
[9] Emilio Casanova (2005), Katia Acín. La niña saltapias, Zaragoza, Emilio Casanova Producciones, 9 minutos, disponible en https://vimeo.com/114427490. En este corto se reproduce parte de una conferencia de Katia Acín en el Colegio Mayor Universitario Raimundo de Peñafort.
[10] Esta es la expresión que Acín utilizó en octubre de 1921 en una postal que le envió a Conchita en la que un monaguillo decía. Rogad a Dios por el bienestar social: «este monaguillo que tiene el buen deseo de arreglar la cuestión social para que Conchita esté tranquila no teniendo que ver ya (por innecesario) a su Ramón metido en sindicalerías».
[11] Víctor Pardo (2009), «Retratos de Ramón Acín, el apóstol bueno», Anuario de Pedagogía, 10, p. 88.
[12] Carta de Ramón a Conchita, 10 de diciembre de 1921. Ramón Acín estaba en Zaragoza y escribe: «Llegué perfectamente, zagalica, muy solico. Solico a medias porque tú me acompañas siempre…».
[13] Carta de Ramón a Conchita, octubre de 1933. Acín se encontraba en Madrid. Había acudido al montaje de Tierra sin pan que Buñuel estaba terminando durante esos días.
[14] Carta de Ramón a Conchita, 1922.
[15] Carta de Ramón a Conchita, 8 de diciembre de 1918.
[16] Ramón Acín, «Arca de Noé. Un loro. El Tobi. Mi gato. Libertad con arroz», El Diario de Huesca, 20 de abril de 1924. Este mismo artículo se publicó en Revista Nueva, 10 de mayo de 1924, p. 13.
[17] «Ramón Acín, el artista que es todo corazón», La Tierra, 17 de febrero de 1929, reportaje firmado por El Reportero X. : «Encerrada en una jaula vemos una pajarita de papel. Ante nuestra sonrisa contemplándola dice Acín que libertó al auténtico pájaro de carne y plumas para solemnizar el reciente centenario de San Francisco de Asís. Llamar hermano al pájaro y ser su carcelero no lo encontraba bien».
[18] Ramón Acín, «El foot-ball ni ética ni estética», El Diario de Huesca, 21 de agosto de 1924 y el ya citado «El valor moral, futbolistas y futbolaires», El Diario de Huesca, 14 de diciembre de 1926.
[19] Carta de Ramón a Conchita, 26 de julio de 1933.
[20] Ramón Acín, «Las barcas de Caronte», El Diario de Huesca, 29 de noviembre de 1917. Se quejaba Ramón Acín del emplazamiento de los columpios y caballitos en el lugar más frío de Huesca. «¿Es que no contentos con amargar a los pequeñuelos en los colegios, cortos de higiene y largos de letanías, queremos poner en sus distracciones el amargor de las dolencias y la muerte?».

26 octubre 2016

Una escuela en el hospital

Estén donde estén, los niños tienen derecho a la educación. Por eso, el Gobierno de Aragón destina maestros a puestos de trabajo singulares como hospitales o centros de acogida de menores. En la escuela del Hospital Infantil Miguel Servet tres maestros atienden a los niños que están ingresados en las plantas. Son niños que aprenden, juegan, quieren a sus padres, se enfadan, sueñan… Niños a los que les gusta saltar en los charcos, pisar la hierba con los pies descalzos, comer chocolate, cantar sus canciones favoritas, abrazar a sus amigos y que gane su equipo de fútbol… Son niños como todos los niños de nuestras escuelas. Por extraño que parezca, los niños que acuden al aula del hospital son el soporte de los adultos. Sus sonrisas iluminan el mundo y con sus lágrimas se extiende la oscuridad absoluta. La actividad irrenunciable de un niño, por encima de la enfermedad y del cansancio, es el juego. Un queridísimo amigo se enfrentó a tres rinocerontes. Le hirieron, es cierto, pero les ganó la batalla. En realidad fue su hijo quien cuando tenía cuatro años ganó la batalla a la leucemia. Luego creció convencido de que a él nunca le había pasado nada malo. Hoy juega al fútbol, esquía y prepara su ingreso en la universidad. Pablo Neruda en la «Oda a Federico García Lorca» escribió: «por ti pintan de azul los hospitales…». A los niños que están ingresados en el Hospital Infantil de Zaragoza un grupo de artistas les ha pintado con los mil colores de la esperanza las escaleras y las habitaciones donde juegan, aprenden y viven.

Víctor Juan

Esta es la introducción a la entrevista a Eduardo Guillén, maestro de la escuela del Hospital Infantil de Zaragoza, que he publicado en la centrales de Heraldo Escolar.
Aquí puede leerse entera en formato pdf:


21 julio 2016

Caspe. Mis viajes al paraíso (Heraldo de Aragón, 21 de julio de 2016)

Durante mi infancia viví, como les ocurre a todos los exiliados, pendiente del viaje que me permitiría volver a mi patria perdida...
Texto completo en PDF

17 junio 2016

Los maestros que prometieron el mar

(Notas sobre la presentación de El retratista)
Huesca, 16 de junio de 2016

Víctor Juan

Un tiempo. La edad de oro de la Pedagogía. Tiempo de modernización y de europeización de la escuela española. Entre las ideas que llegaron de Europa gracias al trabajo de los maestros pensionados por la Junta para Ampliación de Estudios puede destacarse el texto libre y la imprenta Freinet.
«La República heredó una tierra poblada de hombres rotos». Este era, según Marcelino Domingo, el primer ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, el diagnóstico de la situación de España en abril de 1931. Basta ver las fotografías de la época de grupos de niños con sus maestros o de las mujeres y los hombres de los pueblos que recibían la visita de las Misiones Pedagógicas, para concluir que no tenían nada.

La historia de un maestro. «Los maestros fueron las luces de la República». Al introducir en las aulas la imprenta Freinet, los maestros pusieron al alcance de los niños un instrumento que les permitió reflexionar sobre sus vidas, entender el mundo y transformarlo con palabras.

Una historia única y mil veces repetida: Antonio Benaiges(Mont-Roig del Camp, 1903-La Pedraja, 1936). Trabajó en Vilanova i la Geltrú, donde conoció las posibilidades de la imprenta. Benaiges fue maestro en Bañuelos de Bureba durante dos cursos: 1934-1935 y 1935-1936.

En el documental entrevistan a algunos de los niños que asistieron a la escuela y dicen: «bailábamos». «Nos hacía reír». «Jugábamos con él como si fuera nuestro hermano». «Trajo a la escuela una gramola y la imprenta». «Todo era muy bonito». «Yo tenía envidia de mi hermana porque yo no pude ir con ese maestro». «Nos hacía discurrir bastante». 

Las vacaciones de 1936. No se sabe a ciencia cierta qué hacía en Briviesca cuando el curso ya había terminado unos días antes. ¿Se había quedado para contratar el autocar que llevaría a los niños a ver el mar? Sus familiares de Mont Roig, desde luego, habían preparado la casa de la playa. En Briviesca lo detuvieron y lo asesinaron.

En México. La pedagogía que en España no toleró el régimen de Franco, la llevaron los maestros exiliados a México. Allí, en el Estado de Veracruz, Patricio Redondo abrió en 1940 la Escuela Experimental Freinet.

Todas las víctimas fueron la primera víctima. En la primera página del primer cuaderno que se imprimió en la escuela experimental Freinet en 1940, Patricio Redondo imprimió una greca y debajo escribió los nombres de Celestin Freinet, José Tapia y Antonio Benaiges. Los escolares mexicanos aún imprimen hoy la misma página, con la misma greca y los mismos nombres. Celestin Freinet es el iniciador, José Tapia el primero que la usó en España. Antonio Benaiges, era para su amigo Patricio Redondo, la primera víctima.

Todos los maestros prometieron el mar. Todos prometieron la utopía. Viendo el documental he recordado la canción de Joaquín Carbonell «Me gustaría darte el mar». La utopía estaba a veces representada en un microscopio que agrandaba las cosas y que les permitiría ver la lengua de las mariposas o en la esperanza que representaban los libros, el teatro, el coro de las Misiones Pedagógicas. Los maestros anunciaron un tiempo nuevo. Acercaron la utopía al corazón de algunas personas que nacían y vivían sin esperanza, que no habían imaginado que podían desear, tener sueños.
Alrededor de estos maestros freinetistas hay una historia de compromiso que terminó casi siempre dramáticamente. Algunos de ellos, como el propio Antoni Benaiges o nuestro Ramón Acín, fueron asesinados. Otros sufrieron el exilio, como Simeón Omella o Herminio Almendros.
No asesinaron a Antonio Benaiges por prometer el mar. A estos maestros no les asesinaron por introducir la imprenta en la escuela, ni por llevar a los niños de paseo por el monte para recoger hojas y flores como don Gregorio en la Lengua de las mariposas, ni por enseñar a leer a mujeres analfabetas. Les asesinaron por ser los encargados de llevar un mensaje emancipador, laico, por pretender formar ciudadanos en lugar de súbditos, por hablar de justicia, por representar todo lo que el régimen de Franco no estaba dispuesto a tolerar.
Somos hijos de una guerra civil y de una larguísima dictadura. Ese negro pasado está, realmente, ante nosotros. Somos lo que fuimos. Y para entender la escuela actual –y la sociedad del momento- hemos de tener presente que hace poco aquí se asesinaba maestras o se les robaba la escuela.

Todos dejaron un vacío imposible de llenar. Dejaron un país huérfano de sueños y de utopías. Y ese país perdido lo recuperamos hoy del olvido al contarnos la historia de esas personas y al repetir sus nombres.