23 abril 2013

La Librería París de Zaragoza


Todo el mundo debería tener un librero de cabecera al que acudir cotidianamente, o en caso de emergencia, como se tiene médico, panadero o peluquero. Un librero que conozca nuestros gustos y esté atento a nuestras necesidades. Un librero, a ser posible, que los padres dejen en herencia a sus hijos porque en un mundo que cambia aceleradamente conviene tener algunas certezas y una librería es, sin duda, una de las más recomendables.
Hace treinta y un años decidí que mi librería de cabecera sería la Librería París de Zaragoza. Recuerdo bien que era el mes de octubre de 1982, porque fue entonces, tras el mundial de fútbol de Naranjito, cuando empecé a estudiar Magisterio y compré en la sucursal que la París tenía en Corona de Aragón mi primer libro universitario, el primer libro de mi biblioteca pedagógica. En aquel pequeño local sufría exilio, o una suerte de penitencia, César, el segundo hijo de José Muñío Pomed, quien después de aprender el oficio en la Librería General, abrió su propio establecimiento en 1963, en Paseo Fernando el Católico, 14, a apenas unos metros de la librería actual. En aquella época de censuras y prohibiciones los libros eran «un arma cargada de futuro» y algunos clientes frecuentaban más la trastienda que la propia librería.
Conocí a don José en los últimos años setenta. Yo era un adolescente ignorante y él un librero serio y un poco gruñón con los chicos del colegio que íbamos a su librería, como una bandada de gorriones, a comprar, sin mucha pasión, las lecturas obligatorias del bachillerato.
En este tiempo del que escribo no existía internet. Cuando alguien buscaba un libro tenía que recurrir a los gruesos volúmenes del ISBN, una biblia –nunca mejor dicho–, que recogía los datos de los libros que podían comprarse. Lo que no estaba en el ISBN, lo encontraban en la Librería París. Bastaba con tararear la melodía del título, aunque no se supiera la letra.
Me hice amigo de Pablo, de César y de Esther, los hermanos Muñío, y de toda la familia de la París, del «París Team». Como para cerrar un círculo de relaciones personales, en los primeros noventa, en un aula de tres años del Colegio Público «Hermanos Marx», le di clase a la hija mayor de Pablo, Lucía, que ahora es una maestra convencida de serlo en una escuela de Zaragoza.
La Librería París es una librería navegable, una librería donde nunca me preguntan a qué he ido porque muchas veces voy –como diría mi abuelo– simplemente «a estame». Confieso que hay pocas cosas en la vida que me gusten más que hablar con mis amigos. En la Librería París he pasado ratos inolvidables conversando con unos y con otros de libros, de autores, de la ciudad, de nuestros proyectos... Este año la París cumple medio siglo. Podría pensarse que las gentes de la París llevan media vida dedicados a los libros. Y no sería del todo cierto. En realidad, en la Librería París llevan cincuenta años dedicados a las personas que quieren y necesitan libros. Felicidades.

[Publicado en Heraldo de Aragón, 23 de abril de 2013]

07 abril 2013

Aquel día de Santiago



Ciudad, 25 de julio de 1936

Querido Luis:
Me has dicho tantas veces que la vida es lo que sucede mientras tanto, mientras hacemos planes, mientras intentamos poner en orden nuestra existencia, mientras nos empeñamos en controlar la propia vida que se desborda sin remedio, sin que podamos evitarlo... Fíjate, lo había dispuesto todo para pasar, como cada verano, una larga temporada en Madrid. Había preparado el equipaje, ya había comprado los billetes de tren cuando la víspera de abandonar la ciudad para empezar las vacaciones… todo se hizo añicos.
Este día de Santiago ha sido particularmente caluroso. No recuerdo haber sentido nunca tanto calor, un calor que me impide pensar, que me hace huir de mí mismo, desear alejarme de mi cuerpo que me incomoda, me agobia y me pone nervioso. Hace un momento, a última hora de la tarde, cuando el sol vencido anunciaba su retirada, he abierto las ventanas del despacho para que entrase el aire de la calle. Ya no hay nada limpio en la ciudad. Por eso no esperaba que el aire limpio de la calle inundara la habitación.
He intentado leer. Me cuesta concentrarme y, de cuando en cuando, me angustio y cierro violentamente el libro al comprobar que he perdido el hilo de la lectura, que no disfruto de una de las actividades que más me apasiona.
El sabor amargo de la saliva y el miedo que ha anidado en mi estómago me impiden comer. No puedo descuidar mi salud, pero nada me apetece. Le agradezco de corazón a Amparo todas las atenciones que tiene conmigo… la fruta fresca, el plato de verdura, el pan tierno, las galletas, la carne en adobo… Cuánto cariño ha puesto en la preparación de esta cesta que me envía… No le digas que soy incapaz de comer. No quiero añadir preocupaciones a sus preocupaciones.
Una semana, apenas unas horas, y parece que hayan pasado varios meses. Compruebo una y otra vez en qué hora vivo. El tiempo se me hace largo. El tiempo de la pena, de la separación, de la incertidumbre, el tiempo cautivo, el tiempo que parece haberse detenido. Sólo deseo que pasen las horas, que sea otra vez de noche, que amanezca cuanto antes, que sea mañana... Que las horas nuevas nos traigan alguna esperanza.
Quisimos un país mejor. Hicimos un país mejor mientras pudimos. A pesar de que el horror se haya extendido tan deprisa, sé que la luz se impondrá a las tinieblas, que tanta sangre derramada y tanto sacrificio no serán inútiles. No pueden robarnos el pensamiento ni la palabra, ni nuestros deseos. Quisimos ser libres, pero no sólo quisimos la libertad para nosotros. Quisimos que fueran libres quienes nunca lo habían sido, quienes no tuvieron ni los sueños de la libertad. Quisimos que fueran libres quienes no soñaron nunca.
¿Cómo están los chicos? ¿Cómo está José Manuel? A veces creo que sólo su compañía apartaría de mi mente las sombras que allí se han instalado, que su risa me aliviaría el peso del corazón. José Manuel… seguro que te hará miles de preguntas. Será imposible que consigas explicarle la situación que estamos viviendo. Ocúpate de Amparo. Todos te necesitan más que nunca. Miénteles. Muéstrate animoso, diles que todo terminará enseguida…
Sé que entenderás que rechace de nuevo tu invitación. No puedo instalarme en vuestra casa. Mi sitio está aquí. Huir equivaldría a darles la razón. Mi sitio es éste. Lo que está pasando es un problema de todos nosotros, incluso de aquellos que pueden dormir tranquilos sabiendo que no van a ser molestados, que nadie llamará a su puerta de madrugada. Hay que terminar con esta infamia. No basta con la salvación individual de cada uno de nosotros y de las personas que queremos. Yo tengo que estar aquí, en mi casa, aferrado a la vida que quise vivir.
Conocerte es uno de los grandes regalos que me ha hecho la vida. Haber compartido contigo palabras, empeños y sueños… eso no podrán arrebatármelo de ninguna manera.
No me gusta hablar de ella, de mi vida sin ella. Cómo he agradecido durante estos años tu discreción, tu manera de acompañarme en silencio, sin hacer preguntas, sin querer saber más, sin darme consejos, sin intentar consolarme, sin invadir mi intimidad. No me gusta hablar de ella, pero hoy quiero decirte que echo de menos a Clara. Al principio me sentí estafado. Su muerte fue un robo. La repentina enfermedad que la consumió en unas pocas semanas me convirtió en un extraño. De golpe nada tenía sentido. No sabía qué hacer, ni qué pensar, ni adónde ir. Durante los primeros meses entendí bien hasta qué punto es frágil e incierta la línea que separa la razón de la locura. Luego me sumergí en el tiempo de la ausencia, de la ausencia definitiva y eterna. Ya no la veré más, ya no escucharé más su voz, ya no me consolarán sus manos, ya no podré abrazarla otra vez… ni siquiera una vez más.
Madrid me ahogaba. Era una ciudad que me hablaba permanentemente y en todos los rincones de la mujer que había perdido. Apenas podía transitar las calles y los lugares que había compartido con Clara. Para seguir viviendo necesitaba distanciarme de aquella casa que sin ella se había convertido en un desierto, necesitaba alejarme de los espacios que hicimos nuestros y que ya sólo me hablaban de su ausencia... No vine aquí, a tu ciudad, con la intención de empezar una nueva vida. Quería continuar la mía, pero para eso necesitaba la serenidad que me permitiera aceptar la ausencia de la mujer que amaba.
Cuando me ocurre algo extraordinario pienso en ella, en cómo hubiera disfrutado, en cómo se hubiera alegrado, en su manera de sacarle partido a la vida. Me hubiera gustado tanto que os conocierais…
El miedo me acompaña estos días como si fuera mi sombra, pero no he perdido la esperanza. Creo en un mañana mejor. Creo que esto terminará en cualquier momento. Creo, como he creído siempre, que no hay nada por encima de la razón.
En cuanto pueda, quizá mañana o pasado mañana, os haré una visita. No se lo digas a José Manuel, que quiero darle una sorpresa. Cuídate mucho. No trates de disuadirme. Saldré de casa. No quiero vivir permanentemente encerrado como si tuviera algo que ocultar, como si asumiera una culpa, como si ya hubiera muerto un poco.
No olvides nunca a tu amigo que te abraza,
Paco

29 marzo 2013

El zaragocismo, la larga cadena que nos une

El último título de Ediciones La Ventolera es Álbum de fotografías del Real Zaragoza. A mí la fotografía que más me gusta es la que encabeza esta líneas, la fotografías que precede a la relación de cuarenta y un  zaragocistas que editan y sufragan a escote este delicioso álbum. Me gusta esta foto porque muestra a zaragocistas de toda condición unidos por la misma pasión por el Zaragoza que nos une hoy. Me gusta que estén contentos, que unos lleven sombrero, otros boina, otros corbata o pajarita. Me gusta que en el centro de la imagen esté Bautista Jover, Bautisteta, el hermano de mi abuela Pilar, con su camisa blanca, sonriendo como un bucanero.



22 marzo 2013

Solo tenía tiempo para ser feliz



Antes de cumplir los seis años me fui a vivir a Zaragoza. Esa fue la gran tragedia de mi infancia. Me convertí en un exiliado. Mi auténtica vida se quedó suspendida en Caspe.
Mi padre, cofrade del Nazareno, se encargó de hacernos entender que no había Semana Santa más conmovedora que la Semana Santa caspolina. Para mí esos días eran un tiempo de libertad –de libertad condicional–, un tiempo de reencuentros con la familia, con los amigos, con las calles y los paisajes y, también, un tiempo de palabras y de silencio, del silencio con el que aprendí a convivir entonces y que tanto he agradecido siempre.
El miércoles santo venía mi abuelo Valentín a Zaragoza y en el primer tren de la tarde emprendíamos el viaje a Caspe. Me iba de casa con mi cartera escolar para hacer los deberes y con la promesa de portarme bien.
En Semana Santa la vida reventaba por todos los rincones –y estallaba también dentro de aquellos niños que descubrían cada día el mundo–. En Caspe la Semana Santa terminaba con la celebración de San Bartolomé, la comida en el campo que anunciaba la cuenta atrás que me llevaría irremediablemente a Zaragoza. Nunca tenía tiempo de hacer los deberes. Solo tenía tiempo para ser feliz.

(Publicado en el Especial Semana Santa de La Comarca, 23 de marzo de 2013)

09 marzo 2013

Nuevo Aragón de 9 de marzo de 1937

El diario Nuevo Aragón se editó en Caspe desde el 20 de enero de 1937 hasta que el 11 de agosto del mismo año las tropas de Enrique Líster entraron en la ciudad y asaltaron los talleres en los que se imprimía el periódico.

El 9 de marzo de 1937 Nuevo Aragón publicó el homenaje que Paco Ponzán, Evaristo Viñuales, Miguel Chueca y José Mavilla rinden a Ramón Acín, que había sido asesinado en Huesca el 6 de agosto de 1936. Paco Ponzán y Evaristo Viñuales fueron alumnos de Acín en la Escuela Normal de Maestros de Huesca. Los dos militaron activamente en la CNT y ambos fueron Consejeros en el Consejo de Defensa de Aragón. Evaristo Viñuales se suicidó en el puerto de Alicante cuando el Stanbrook se hizo a la mar y centenares de milicianos quedaron a merced de las tropas de Franco. Los nombres de Acín, Viñuales y Ponzán también pueden leerse juntos en el estremecedor párrafo del testamento que Paco Ponzán firmó el 27 de diciembre de 1943 en la prisión de Toulouse:

“Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales”.

Algunos proyectos los perseguimos durante años. Sin embargo, la edición facsímil de este periódico se resolvió en un solo día. Sabíamos que en Nuevo Aragón se publicó un homenaje a Acín por los cinco recortes que se conservan en el Museo de Huesca y que incluyeron Emilio Casanova y Jesús Lou en La línea sentida. Llamé a María Paz Cantero, conservadora del Museo de Huesca, y me confirmó que no tenían el ejemplar completo. No sabíamos qué otras noticias se habían publicado en Nuevo Aragón aquel 9 de marzo de 1937. Pensé que hubiera sido muy hermoso que Palmira Plá, la maestra que dirigió las colonias escolares y que por aquella época también estaba en Caspe, hubiera firmado un artículo ese mismo día.

Después de hablar con Mari Paz, recurrí a algunos de mis amigos: Javier Cortés, Carlos Serrano, Antonio Peiró, Julián Casanova, Víctor Pardo, Javier Díaz, José Luis Melero… Todo indicaba que tendríamos que dirigirnos al archivo de Salamanca confiando que allí se conservara el ejemplar del 9 de marzo y que estuviera en condiciones de ser reproducido. Pero fue Alberto Serrano Dolader –caspolino, periodista y amante de todo lo que tiene que ver con Caspe y con Aragón– quien me dio la alegría del día…«Has tenido suerte –me escribió en un mensaje poco antes de la medianoche–. Hace más de treinta y cinco años, en mis tiempos de estudiante en Barcelona, compré algunos, muy pocos, ejemplares de Nuevo Aragón y tengo el que te interesa. Cuando quieras te lo dejo».
«Mañana –tecleé apresuradamente– Lo quiero mañana».

De algún modo, esta edición facsímil del ejemplar número 42 de Nuevo Aragón que el Museo Pedagógico de Aragón acoge entre sus publicaciones, es una nueva ocasión para que Ramón Acín, Paco Ponzán y Evaristo Viñuales vuelvan a estar juntos. Y para que este cuento tuviera un final feliz también estaba, en la página 7, el artículo de Palmira Plá sobre colonias escolares.

En los cuentos todo ocurre en el momento preciso. Y eso es lo que sucede con este ejemplar de Nuevo Aragón que ahora podemos leer. Palmira Plá pudo no escribir un artículo en este periódico o pudo publicar su texto cualquier otro día, Alberto Serrano pudo no haber comprado algunos números de Nuevo Aragón o que entre ellos no se hubiera encontrado este. Cuando acaricio las ocho páginas de Nuevo Aragón sé que todo sucedió para que Ramón Acín, Paco Ponzán, Evaristo Viñuales, Palmira Plá y ahora también nosotros estemos aquí todos juntos.

07 marzo 2013

Asumirás a boz d’un pueblo de Vicent Andrés Estellés

Asumirás a boz d’un pueblo
de Vicent Andrés Estellés
(Traducción al aragonés de Miguel Martínez Tomey)

Asumirás a boz d’un pueblo
e será a boz d’o tuyo pueblo
e serás, ta cutio, pueblo,
e sofrirás e asperarás,
e irás sempre entre o polbo,
te seguirá una polbareta.

E tendrás fambre e tendrás set,
no podrás escribir os poemas
e callaràs toda ra nuei
mientres duermen as tuyas chens,
e tu nomás serás dispierto,
e tu serás dispierto por toz.

No t’han pariu ta dormir:
te parioron ta beilar
en a luenga nuei d’o tuyo pueblo.
Tu serás a parola biba,
parola biba e baladre.

Ya no esisten as parolas
sino l’ombre asumindo a pena
d’o suyo pueblo, e ye un silenzio.
Dixarás de contar as silabas,
de fer-te o ñudo dtruqueta:
serás un pueblo, caminando
entre una baladre polbareta,
bida arriba e nazions arriba,
una acobaltata condizión.

No tot será, manimenos, silenzio.
Pues dirás parola chusta,
la dirás en o inte chusto.
No dirás a tuya parola
con boluntá d’antolochía,
pues la dirás onestamén,
airatamén, sin pensar
en garra posteridá
como no siga d’o tuyo pueblo.

Quizau te maten u quizau
se'n ridan, quizau te delaten;
tot ixo yen estopenzias.
O que bale ye a conzenzia
de no estar cosa si no se ye pueblo.
E tugrieumén, has eslechito.
Dimpués d’o tuyo silenzio estrito,
caminas deciditamén.


04 marzo 2013

Que sea sábado. [Sobre Los chicos del coro]


Los chicos del coro es una historia esperanzadora. En la película se cuenta que siempre hay algo que esperar. A pesar de la tristeza infinita, del abandono, de la desconfianza y de la violencia que engendra la miseria. A pesar de los días que nos conducen a ninguna parte siempre hay razones para la esperanza.
Una de las escenas más conmovedoras de la película es la que muestra al pequeño Pépinot agarrado a la verja del internado, mirando hacia el camino por el que nunca viene nadie preguntando por él. En esa posición lo encontró Clément Mathieu, el nuevo vigilante, cuando llegó, arrastrado por sus propios naufragios, a «El fondo del estanque», un establecimiento para la reeducación de niños con problemas originados por las consecuencias de la II Guerra Mundial que había terminado cuatro años antes de que Mathieu le preguntara a Pépinot:
-Hola, ¿estás solo? ¿Qué haces ahí?
-Espero el sábado.
-¿Por qué?
-Mi papá vendrá a buscarme –contestó el niño sin apartar la vista del camino.
-Pero hoy no es sábado…
Pépinot miraba con la determinación de quien sabe que el tiempo le dará la razón: un día será sábado y sus sueños se harán realidad. Y así fue. Al final Pépinot abandona el internado un sábado. También Mathieu encuentra en «El fondo del Estanque», cuando parecía que en aquel infierno no podía esperar nada, un tiempo para redescubrirse a sí mismo, para mostrar a los niños lo más valioso: la música. Y su relación con aquellos niños sin infancia le libera de la resignación y de la autoimpuesta renuncia a la felicidad.
Los chicos del coro nos recuerda que merecemos ser felices y que para conquistar la felicidad que anhelamos hemos de tener sueños. Niños y jóvenes necesitan recibir este mensaje que cobra pleno sentido si ven la película acompañados de su familia. La presencia cómplice del adulto da credibilidad a la historia que se narra en Los chicos del coro y autentifica los sentimientos que la música, las imágenes y las palabras despiertan.
Cuando mi hijo Guillermo veía las primeras películas con nosotros siempre preguntaba si los personajes que aparecían en la pantalla eran buenos o malos. Los niños necesitan crecer sabiendo qué es lo bueno y sabiendo que aunque la maldad existe, es posible combatirla. Necesitan que compartamos su incertidumbre y su emoción, que les ayudemos a entenderse. Y para eso es condición imprescindible la cercanía y la complicidad que se crea entre quienes comparten una aventura esperanzadoza como la que se propone en Los chicos del coro.
Víctor Juan

24 febrero 2013

Para Fermín Mateo



Cuando alguien muere, deja un agujero negro en la vida de las personas que le quisieron.
Cuando muere un hombre bueno, el mundo pierde parte de su belleza y soñar parece imposible.
Cuando muere un buen maestro que es un hombre bueno sus palabras, su ejemplo y su inteligencia viajan para siempre en el corazón y en el alma de los alumnos con quienes compartió su vida.
Gracias, Fermín

22 enero 2013

Tres lecciones de cosas



Ramón Gil Novales. Hijo Predilecto de Huesca
Huesca, 22 de enero de 2013

Víctor Juan
Durante el primer tercio del siglo XX llegaban a España las ideas de la Escuela Nueva, un movimiento de renovación pedagógica que estaba transformando la educación europea. Frente al aprendizaje rutinario y memorístico, uno de los principios que defendían aquellos educadores era la intuición y se animaba a los maestros de la época a desarrollar lo que en los libros de didáctica se denominó Lecciones de cosas, es decir, se aconsejaba aprovechar las enseñanzas que podían extraerse de los acontecimientos que vivía el niño. El propósito de estas lecciones ocasionales que cualquier circunstancia brindaba era introducir la vida en la escuela y, al mismo tiempo, sacar la escuela a la vida. Yo he querido partir de este acontecimiento que nos reúne hoy y voy a aprovechar el nombramiento de Ramón Gil Novales como Hijo Predilecto de la ciudad para plantear tres lecciones de cosas.

Primera lección. Según el Diccionario de María Moliner, una de las acepciones de distinguir es separar, diferenciar del resto. Por eso puede resultar extraño o fuera de lugar comenzar afirmando que Ramón Gil Novales es alguien como nosotros y, si se me permite la expresión, «uno de los nuestros». Fue niño en las calles que transitamos diariamente, aprendió las primeras letras en la escuela de San Viator, estudió Bachillerato en el instituto de la ciudad y Magisterio en la Escuela Normal de Maestros, paseó por el parque junto a Las Pajaritas de Ramón Acín, un monumento inaugurado, precisamente, en 1928, el año que él nació.
Ramón Gil Novales es una persona –y lo será después de este reconocimiento de la ciudad– y no un personaje. Nos equivocamos cuando convertimos a las personas en personajes, cuando los colocamos en lo alto de un pedestal inalcanzable. Desde ese momento se convierten en seres extraños, distintos a nosotros, alejados de nuestras preocupaciones, de nuestra manera de pretender la felicidad y de sufrir cuando el dolor nos alcanza. Ramón Gil Novales es alguien como nosotros: tiene amigos, a veces está triste, le preocupan las personas que viven a su alrededor, quiere entender el pasado y desea un futuro mejor. Así, y no de otra manera, hemos de contarnos y hemos de contarles a los jóvenes quién es Ramón Gil Novales.

Segunda lección. Otorgar a Ramón Gil Novales el título de Hijo Predilecto de la ciudad supone el reconocimiento del valor de las palabras. Somos esencialmente lenguaje. Ramón Gil Novales ha llegado a ser quien es por la palabra, la palabra que nos hace humanos, la palabra que nos permite entender el mundo, encontrarnos con los demás y entendernos a nosotros mismos. La palabra es nuestra conciencia. En la palabra se deposita la memoria. La palabra anima el deseo, con palabras nos enamoramos y denunciamos la injusticia. Necesitamos palabras para alimentar nuestros sueños y las palabras son nuestra defensa frente al miedo y el más eficaz remedio contra el olvido.
El poeta Rainer María Rilke escribió que la auténtica patria del ser humano es su infancia. Yo lo diré de otra manera. Nuestra verdadera patria son las palabras con las que nuestras madres nos enseñaron a nombrar el mundo. Las palabras con las que nos construimos, pensamos y sentimos. En 1955 Ramón Gil Novales se trasladó a Barcelona, pero, en realidad, nunca se alejó de Huesca. Según su propia confesión se llevó «a cuestas nuestra tierra». ¿Y qué lleva siempre con él allá donde vaya y esté con quién esté? El paisaje, la luz de los atardeceres, el recuerdo de las personas que le acompañaron, el olor de las calles y, por encima de cualquier cosa, las palabras, el legado de la infancia, ese tiempo en el que todo deja una huella imborrable en el alma.
A pesar de lo que se afirma en el refranero, a las palabras no se las lleva el viento. Los vientos borran la fama, el poder e incluso la belleza. Pero las palabras permanecen y nos traen el recuerdo de lo que fuimos, de lo que quisimos ser, el recuerdo de las personas que amamos.

Tercera lección. Vivimos en una sociedad mediatizada. Las grandes compañías de la comunicación y de la información imponen visiones del mundo para defender sus intereses. Cotidianamente se nos plantea la duda de si bajo una aparente libertad de acceso a la información no estamos, en realidad, más manipulados y más controlados que nunca. Somos náufragos desesperados que buscan un oasis de pantalla en pantalla. Por eso necesitamos referentes como Ramón Gil Novales, referentes auténticos, modelos en los que reconocernos. Precisamos más que en ningún otro momento que los jóvenes, que los niños, tengan un espejo en el que proyectar su imagen para verse reflejados.
Una de las tareas que debemos afrontar con mayor urgencia es el rescate de nuestra propia mirada. Los medios de comunicación viven nuestras vidas. Nos hacen hablar, sentir y opinar de determinada manera. Con su bombardeo permanente de mensajes nos obligan a conocer a personajes que no tienen sentido ni existencia real y, al mismo tiempo, desvían nuestra atención de aquellos asuntos que son realmente esenciales para entendernos.
Ramón Gil Novales es el ejemplo de que es posible trabajar reposadamente como él trabaja en el taller artesano de las palabras, sin perseguir el éxito fácil o la rápida notoriedad, sin pretender otra cosa que la obra bien hecha.

Aquellos autores que publicaron manuales sobre Lecciones de cosas que mencionaba al principio de mi intervención, solicitaban a los maestros que extrajeran conclusiones claras después de cada lección. Si yo hubiera de proponer una concisa conclusión a estas tres breves lecciones de cosas, diría que al otorgar unánimemente el nombramiento de Hijo Predilecto de la ciudad a Ramón Gil Novales, este ayuntamiento ha hecho de Huesca un lugar más hermoso.

20 enero 2013

Compañeros


12 de julio de 1972, Luis Ocaña es todavía líder de la general del Tour de Francia. Le lleva siete minutos y medio de ventaja a Eddy Merck. Bajando el Col de Mente, Ocaña se estrella contra el suelo. Aturdido y desorientado no puede ni pedalear. Sus compañeros no le abandonaron y le llevaron hasta la meta.
Cuando todo se hunde, cuando tenemos la certeza de que vamos a fracasar porque cualquier cosa que queramos hacer, incluso la más pequeña cosa, se convierte en un imposible, necesitamos una mano, una palabra, una mirada, un silencio de alguien que nos diga sin hablar «estoy aquí, creo en ti, sigue peleando».


01 enero 2013

Tengo un plan para 2013



Te escribo para que sepas que tengo un plan para 2013, un plan simple –los planes revolucionarios no necesitan informes, leyes de acompañamiento ni memorandos–. Cuando se empeñan en hacernos creer que las palabras no valen para nada, que se las lleva el viento, que te hacen esclavo de lo que has dicho, que son inútiles o que solo sirven para ocultar la realidad, yo tengo un plan para 2013, una estrategia basada en la memoria y el deseo. Y para alimentar la memoria y el deseo necesitamos palabras, las palabras que ahora mismo quiero que tengas siempre cerca de ti cada uno de los días del año que empieza. Palabras para entender el mundo. Palabras para desear y soñar. Palabras contra la resignación y el olvido. Palabras para la esperanza. Palabras para querer y luchar. Palabras solidarias para quienes sufren. Palabras para hacer justicia. Palabras para estar cerca de las personas que quieres.
No aplazaré mis sueños. Te deseo que encuentres las palabras precisas para ser feliz en 2013.

14 diciembre 2012

El sacapuntas

Ayer mi oficio de predicador en el desierto me llevó hasta la República Independiente de Torrero para participar en la décima edición del ciclo «La otra historia». En esta ocasión hablé de los proyectos educativos de Félix Carrasquer. Ya estuve en 2005 contando el cuento de Ramón Acín («En cualquiera de nosotros un pedazo tuyo») y fuí el presentador de José Luis Melero cuando habló de Los libros de la guerra.
Marisa Fanlo me decía que en Torrero yo jugaba en casa. Y tenía razón. Los amigos nos hacen sentir en cualquier parte como en nuestra casa. Y eso me sucede a mí cuando voy a Torrero.
Lo más bonito de la noche me ocurrió al final. Un señor que estaba sentado en las primeras filas salió de la sala en cuanto terminé. Se marchó a su casa y volvió con un sacapuntas. Me dijo que lo encontró hace años en una casa antigua de Castiello de Jaca. Eugenio Lasarte -así se llama mi nuevo amigo- me lo regaló como recuerdo de una noche de palabras porque el sacapuntas tiene grabada una pajarita, una pajarita de Ramón Acín.
Guardaré este sacapuntas -este tajador como aprendí a nombrarlo en Caspe durante mis primeros días de escuela.
-Qué detalle más bonito, ¿verdad, Pepe? -le dije a Melero cuando caminábamos hacia el lugar donde se levantaba la cárcel de Torrero
-Bonito, bonito... Lo bonito sería que hubiera traído dos: uno para ti y otro para mí...



02 diciembre 2012

El hombre que nunca leía demasiado

En la primavera de 2007 tuve la suerte de acompañar a Pepe Melero al Centro Aragonés de Barcelona para presentar Los libros de la guerra. Bibliografía comentada de la Guerra Civil en Aragón (1936-1939). Al llegar a la ciudad, me detuve en un paso de peatones porque en ese momento Melero, flamante consejero del Real Zaragoza, atendía en directo una llamada de un programa de una emisora aragonesa. El destino quiso que una patrulla de los mossos d’esquadra transitara por la calle dedicada a Joaquín Costa, donde yo había estacionado el coche justo enfrente de la rampa de entrada a un aparcamiento. Cuando me hicieron evidentes gestos de desaprobación y ya echaban sus pecadoras manos a la libreta de poner multas con el mismo ademán del árbitro que calma los ánimos de los jugadores señalando el bolsillo tarjetero, salí del coche y les conté que mi amigo era consejero de un gran club que esa semana iba a disputar un partido en Europa y que no quería entrar al subterráneo para que no se perdiera la señal del teléfono. Se miraron desconcertados. Seguro que nadie les había dado una excusa tan peregrina. Prometí que en cuanto el consejero terminara su entrevista, despejaría el paso de cebra. Los agentes me creyeron y me dejaron estar. Pasamos un día inolvidable. Estuvimos en casa de Ignacio Martínez de Pisón quien con esa generosidad que le es tan propia, nos invitó a comer. Luego paseamos demoradamente por la ciudad y a última hora de la tarde presentamos el libro en el mismo salón que ha acogido tantos actos importantes para los aragoneses de Cataluña durante el último siglo de nuestra historia. Al terminar la presentación un señor de Panticosa se me acercó para participarme una duda que le tenía intigrado:

–Si es verdad que su amigo ha leído ciento veintiocho libros para escribir este libro… ¡Buena tendrá la cabeza!

Esta es una de las anécdotas más divertidas que hemos compartido Pepe y yo. Melero vive en una gran biblioteca. En su casa mima, protege y ordena más de treinta mil volúmenes que le han hecho vivir muchas vidas, que le han procurado felicidad, placer, conocimiento y amistad porque así como suele aceptarse que unos libros nos llevan a otros libros, a Melero unos libros le llevan a más amigos, de manera que su biografía es, en buena medida, una bibliografía cuidadosamente seleccionada.
Escritores y escrituras es el último regalo que solo alguien tan generoso como Melero podría hacernos. Los coleccionistas disfrutan, sobre todo, teniendo lo que nadie tiene. Sienten, de esta manera, que los objetos les hacen distintos, que transitan el territorio de lo exclusivo, lo limitado y lo inalcanzable para la mayoría de los mortales. Sin embargo, Melero, sabiendo lo que nadie sabe, decide compartirlo para que seamos más cultos, para despertar una sonrisa inteligente en sus lectores, para demostrarnos que la vida está llena de pequeños placeres. Estamos demasiado acostumbrados a escritores que publican libros, catálogos, artículos y prontuarios en los que se limitan a resumir aquello que han leído apresuradamente la víspera. A Pepe Melero le ocurre lo contrario. Ha necesitado más de treinta y cinco años para componer esta galería de delicadezas, de detalles sutiles, de anécdotas divertidas que nos demuestran que la vida de los libros, y nuestra propia vida si nos empeñamos, es maravillosa.
Hace cuatro décadas Melero comenzó a tejer una red invisible hecha con palabras. En ella recogería y daría sentido a algunos de los más transcendentales asuntos de su existencia: Aragón, el Real Zaragoza, la jota, las vidas de escritores, la esencia de la amistad o el conocimiento del ser humano. Si algo ha descubierto Melero después de las miles de horas dedicadas a la lectura es que no hay en nuestra vida nada más importante que las personas que queremos, que no hay nada que importe más que la felicidad de nuestros amigos, que solo merece la pena empeñarse en construir una sociedad más justa y que hemos de estar cerca de quienes lo tienen más difícil para que su existencia sea más llevadera.
Melero jamás ha pretendido la erudición para ser el más listo de la clase, para quedar como el más guapo –que lo es– en fiestas y saraos. Tengo la fortuna de pasar algunos ratos con Melero. Cuando cuenta sus cosas siempre suele decir «como todos sabéis…», «ya recordaréis que…», «todo el mundo sabe…» y nuestro común amigo Miguel Mena le dice enseguida: «No, Pepe, no lo sabemos…» «No, es la primera vez que oímos eso…». Y es que resulta imposible recordar tantos detalles tiernos, delicados, luminosos, heroicos y miserables como los libros, esos treinta y cinco mil libros que Melero cuida y protege en su propia casa, le han proporcionado. Luego, Pepe nos regala libros como Escritores y escrituras con el que nos hace disfrutar de horas de serena placidez.
Para terminar, les diré una cosa más. Aquel señor de Panticosa a quien conocí en el Centro Aragonés de Barcelona tenía razón. Buena tiene la cabeza Melero… y bueno tiene el corazón.

09 noviembre 2012

Entrevista a Víctor Juan en "El Agitador"

Víctor Juan Borroy: Intento convencer a mis alumnos de que la escuela es la institución que refleja de una manera más fiel la sociedad de cada momento [leer entrevista completa]

 

 

02 septiembre 2012

Félix Carrasquer y Barcelona



«Nos enteramos de que las tropas fascistas estaban entrando en Barcelona. Pensamos en muchas cosas, en los artilleros que emplazaban sus cañones en el jardín cuando salíamos. Seguro que se quedaron allí copados. Pensábamos esencialmente en Barcelona, en la ciudad. Allí aprendimos muchos a pensar, a conocer, a distinguir lo justo de lo injusto, a practicar la solidaridad y a luchar por un mundo mejor. En ella se desarrolló el humanismo y fue el osado taller en el que se forjaron los derechos del hombre y los órganos obreros que aspiraban a la emancipación de los trabajadores y a la supresión de las clases discriminadoras.
¿Qué pasaría ahora en la capital del arte y de la gentileza? No era necesario esforzarse mucho para imaginarlo… Se impondrían el crimen y la humillación. Me estremecía imaginarlo».
Félix Carrasquer. Memorias

20 agosto 2012

Los secretos de la vida


  
Antes de cumplir los cinco años hizo cuanto estaba en su mano para desentrañar los secretos de la vida. Le preocupaba particularmente la historia de la cigüeña. La carta que los padres escribían cuando decidían tener un hijo era ciertamente hermosa, pero quizá entonces ya intuía que las historias hermosas no siempre son ciertas. Para comprobar la verosimilitud de lo que todo el mundo le decía, pasó un día entero sentando frente a la fachada de su casa –de allí tuvieron que arrancarle a la hora de comer– esperando que llegara la cigüeña, vigilando el cielo y, sobre todo, procurando no apartar la vista de los balcones de la habitación en la que su madre aguardaba la llegada de su hermano pequeño. Imaginaba que la cigüeña sería tal cual la había visto en los dibujos: un pájaro de cabeza pequeña, con un pico muy largo del que colgaba una especie de pañuelo de ato. En la punta del pico la cigüeña traería una nota con la dirección de entrega del bebé. Este detalle le preocupaba especialmente. ¿Y si la dirección estaba mal escrita y llevaba a su hermano a otra casa, con otra madre? Cuando su abuela Pilar se asomó a la ventana para anunciar a las vecinas que había sido un chico, Miguel experimentó una enorme decepción. Le daba lo mismo que el recién nacido fuera niño o niña. Aquel día tenía una misión especial:
–¡Yaya, yaya…! –gritó desde la calle.
–Qué quieres…
–¿Y la cigüeña? ¿Dónde está la cigüeña? –preguntó suponiendo lo peor.
–Ah, maño, la cigüeña… La cigüeña ha entrado por la terraza.
Creyó que fue así. Tuvo que creer a su abuela. Por alguna razón relacionada con la logística del vuelo, la cigüeña había llegado por la parte de atrás de la casa.
Era un niño fácil de engañar. Se lo creía todo. Le parecía imposible que alguien le quisiera y le engañara al mismo tiempo. Luego se convirtió en un hombre a quien se le engañaba fácilmente y aún creía que quien decía quererle no le engañaría. Se fiaba de las personas. Era un ingenuo. Prefería la amargura que siempre despierta el engaño a vivir desconfiando permanentemente.
Dejó de ser niño cuando perdió la inocencia, cuando sospechó que las cosas no eran como le contaban y que las personas no eran quienes decían ser. Dejó de ser niño cuando descubrió que no quería a todo el mundo y que todos no iban a quererle a él.

Víctor Juan
(Heraldo de Aragón, 19 de agosto de 2012)

10 agosto 2012

Francisco Carrasquer, un hombre bueno

En agosto de 1935 os chirmans Carrasquer Launed –Félix, que ya heba perdiu totalment a vista, José, l’unico que estudió machisterio y que murió en Corbalán en un combate cuerpo a cuerpo contra as tropas d’o cheneral Franco, y Francisco, o chicot d’os tres– facioron un viache a piet dende Albalate de Cinca enta Os Corrals, población en a que obtenió destín o suyo pai dimpués de salir d’a garchola an heba estau recluyiu por colaborar en a fallida revolución d’aviento de 1934.
O día de Sant Lorient os Carrasquer facioron un café en una terraza d’o Coso de Uesca con Ramón Acín. Lis acompanyaban qualques estudiants de Machisterio. Charroron d’a importancia d’a educación y coincidioron que l’autentica revolución caleba fer-la en o corazón d’o ser humano. Aquella yera a zaguera vegada que veyerían a Ramón Acín. Un hombre bueno –escribió Félix Carrasquer–, talment o millor de totz. Pocos días mas tarde s’establirían en Barcelona con o proposito d’organizar una escuela basada en os prencipios d’a pedagochía libertaria inspirada, fundamentalment, en as ideyas de Francisco Ferrer i Guardia. Facioron realidat o suenio suyo en a escuela «Eliseo Reclus», en a carrera Vallespir, un centro dependient de l’Ateneo d’o Carmen, en o vico d’as Corts. Allí atendioron a quantos centenars de ninos y ninas dica que prencipió a guerra civil.
Francisco Carrasquer [Albalate de Cinca,1915-Tárrega (Leida) 2012] esfendió chunto a atros diez mil libertarios Barcelona –a ciudat d’os suenios– en chulio de 1936 quan una parte d’os militars se sublevoron contra o gubierno d’a Republica espanyola. Rematada a guerra civil crució a buega francesa. Allí sufrió o rigor d’os campos de concentración. En 1948 s’exilió en Francia y se matriculó en a Sorbona con os diners que le i heba proporcionau a publicación de “Manda el corazón”, una novela d’aimor. Dimpués s’instaló en Holanda y, dende meyaus d’os uitanta viviba en Tárrega, o lugar de María Antonia, a suya muller.Allí li querioron y en 2007, o mesmo anyo que estió distinguiu con o Premio d’as Letras Aragonesas, o concello de Tárrega paró un homenache ta Francisco Carrasquer en o qual tenié a fortuna de participar-ie. Acudié un sabado d’aviento ta charrar de pedagochía libertaria y, a la fin d’o maitín, compartié una mesa redonda con José Antonio Labordeta. Tamién yera Javier Barreiro, l’amigo de Francisco dende fa quaranta anyos.
Francisco Carrasquer yera un hombre menudo, educau, cheneroso y charrín. Estió, sobre tot, un hombre bueno. Dica la fin d’a suya vida estió pendient d’a reedición d’as suyas obras, d’a publicación d’os suyos triballos y d’a difusión d’as suyas ideyas como si s’alimentase de parolas. Dimpués de sufrir as atrocidatz de dos guerras yera –como chilan as suyas poesías– un firme esfensor d’a paz, d’a convivencia y d’a bondat d’o ser humano. Quan li uellabas yera facil endevinar que os suyos uellos yeran feitos t’o goyo, t’a felicidat y t’a chusticia.

Francisco Carrasquer, un hombre bueno Víctor Juan en arredol  (traducción @purnas)

05 agosto 2012

Luz


No hay nada más urgente que el rescate de la mirada. Necesitamos una mirada libre y emancipadora, una mirada inocente y auténtica, una mirada cómplice y comprometida, una mirada crítica y solidaria. Antes de tomar los pinceles para herir la blancura del lienzo con la huella del color, el pintor es alguien que mira el mundo y ve lo que nadie intuye. Y luego la pintura es, esencialmente, la luz proyectada, la luz fecundada por los ojos del pintor cuando mira el paisaje o cuando mira los rostros o cuando mira en su interior, justo en el lugar donde nacen los sueños. Contemplando la obra de Joaquín Ferrer Guallar, después de dejarme llevar por la caricia de los colores, no puedo evitar preguntarme si fue primero la parte o el todo porque sus composiciones son la suma de detalles pequeños –todos imprescindibles– o, bien, el resultado de la descomposición del todo en elementos simples. Y aún me pregunto en qué momento el pintor decide no dar ni una pincelada más, del mismo modo que un compositor decide no añadir ni un compás más ni una nota más ni un silencio más y da por terminado un concierto o una ópera. ¿Qué sensación de rotundidad ha de devolverle su obra al pintor para que dé reposo al pincel?
La mirada de Joaquín Ferrer Guallar y su mano sensible ponen a disposición de los ojos de quien mira una realidad hecha de colores, formas y volúmenes. Descúbranla y disfruten.

 Víctor Juan
 (Texto para el programa de la exposición «Entre la luz y la mirada» de Joaquín Ferrer Guallar 



01 agosto 2012