Cuando el auto de transportes que realizaba el trayecto Barcelona-Barbastro dejó en la escuela la imprenta, los niños supieron que nunca olvidarían aquel día y escribieron en la primera página de Chicos:
“La fecha de hoy, 1 de junio de 1933, será célebre en la historia de nuestra escuela dirigida por D. José Bonet (…). Grandes eran nuestros deseos de ver nuestros pensamientos en caracteres impresos”.
Cada vez que pienso en estos textos libres, compuestos letra a letra, tengo la certeza de que estamos ante el relato de la vida contada con ojos de niño, una gran novela colectiva que convierte a Barbastro en Macondo. En esta sinfonía coral fluye la memoria, la pasión, la aventura, el humor, los sucesos íntimos de las familias, las tradiciones, las romerías, los viajes, las celebraciones, las travesuras, los dramas cotidianos, los juegos, los paisajes, los rincones de la ciudad y los personajes que pululaban por el entorno vital de aquellos centenares de niños que tuvieron el privilegio de contar el mundo con palabras auténticas, con palabras de señalar, nombrar y querer porque en su vida se cruzó José Bonet Sarasa, un maestro que puso a su disposición la herramienta que les permitía hacer reales y tangibles –mediante los tipos de plomo, el linóleo, las gubias, la tinta y el papel– sus pensamientos y sus sentimientos.
El tiempo ha convertido a aquellos niños que compartieron la alegría de la palabra y de la creación, en cronistas de la ciudad ya que en estas páginas encontramos la historia cotidiana de Barbastro: los aniversarios de la proclamación de la República, los resultados de los exámenes de reválida del instituto, el cine, los comercios, el circo, la siembra, la poda, la fabricación de cañizos, la molienda de la oliva, la colonia escolar de Torredembarra, los partidos de fútbol…
Junto a estas páginas de las revistas Caricia, Chicos y Helios también recuperamos la luz de la palabra que alumbró algunas escuelas aragonesas gracias al trabajo de maestros como José Carrasquer, Ramón Acín, Herminio Almendros, Simeón Omella y José Bonet.
Los textos escritos por los niños de Barbastro son una evidencia del poder emancipador de la palabra, una muestra de cómo las palabras nos permiten apropiarnos del mundo, contarnos y explicarnos, desear, recordar y soñar. Y hoy más que nunca, en nuestra sociedad mediática, la palabra es un instrumento imprescindible.
Víctor Juan
[Presentación del libro Transformar el mundo desde la escuela con palabras. Los cuadernos freinetianos de Barbastro durante la II República
23 junio 2009
02 junio 2009
Tres mujeres
El Hermanos Marx fue mi tercer destino como maestro. Había trabajado un año en Alcorisa y dos en Langa del Castillo, una pequeña escuela unitaria donde viví algunas de las experiencias profesionales más hermosas de cuantas he disfrutado.
Llegué al Hermanos Marx uno de los primeros días de septiembre de 1990 después de dar muchas vueltas por unas calles que me parecían todas iguales. No teníamos ni móvil, ni GPS así que pregunté a varios vecinos hasta que entre todos dimos con el emplazamiento de la escuela.
María Sánchez Arbós
Quiero tomar prestada una frase de una de las mujeres de mi vida: María Sánchez Arbós (Huesca, 1889 - Madrid, 1976). Cuando doña María recordaba su trabajo en la Institución Libre de Enseñanza afirmaba: “En mi contacto con la Institución aprendí más que enseñé…”.
Yo también aprendí más que enseñé durante los dos cursos que pasé en el Hermanos Marx. Aprendí de mis compañeras de Educación Infantil y del resto del profesorado del claustro. Aprendí mucho de los padres de los niños y del grupo de maestros que nos quedábamos a comer y a reír (no sé si por este orden) en el comedor escolar y luego tomábamos café en la cafetería del Tiempos Modernos. Aprendí de Paco, el conserje a quien aún saludo cada vez que nos cruzamos por las calles de Zaragoza.
Como afortunadamente no hice la mili, mi anecdotario personal se alimenta de mi relación con estudiantes de todas las edades porque en los últimos veinte años he dado clase en todos los niveles del sistema educativo. De entre las cosas que me han sucedido hay dos que recuerdo varias veces cada año, las cuento en mis clases, en alguna de las charlas que ocasionalmente doy en escuelas, se las cuento a los amigos... Las dos historias nombre de mujer.
Elisa
Elisa tenía cuatro años. Hoy será doña Elisa. Una mañana hicimos juntos el recorrido desde el puente de Santiago hasta la escuela. Ella en el Panda blanco de Ana Malo, su madre, y yo detrás, en mi viejo Renault. A veces se asomaba por luna trasera, me miraba y sonreía. Al llegar a la escuela Ana me dijo:
–¿Sabes qué me ha preguntado Elisa?
–Cualquier cosa.
–Me ha preguntado que dónde vivías y yo le he explicado que no muy lejos de nuestra casa. Luego me ha preguntado que con quién vivías y le he dicho que con tu madre. Entonces me ha mirado con unos ojos como platos y ha exclamado:
–¡¿Víctor aún es hijo?!
Sí, era hijo. Entonces no sabía que somos hijos hasta que nos hacemos padres. Ser hijo es un estado pasajero. Sin embargo, somos padres para siempre. Aunque nuestros hijos crezcan y sean –como deseamos– más fuertes y más sabios que nosotros. Aunque no nos necesiten. Somos padres para siempre.
Irene
Irene tenía cinco años. Hoy será doña Irene. Un día tuve que llevarla al centro de salud para que le curasen una brecha que se hizo en la frente. Yo creía que me moría del dolor que me causaba mirarla y ella me repetía “No me pasa nada”.
En clase teníamos un calendario que estudiábamos todos los días para apropiarnos de la secuencia temporal en la que transcurre nuestra vida: “Lunes, regamos las plantas”, “martes, tomamos el flúor”, “miércoles, hacemos psicomotricidad”, “jueves,…”. Un jueves Irene defendió vehementemente que no podía ser jueves:
–Mi tía come todos los jueves en mi casa. Hoy no ha venido a comer a casa. Es imposible –sentenció– que sea jueves.
¡Cuánta razón tenía Piaget!
Dice el tango que veinte años no son nada. Y no es cierto. En nuestro caso, veinticinco años son muchos sueños, risas, palabras, juegos, emociones, descubrimientos, esfuerzo, ilusión, ganas de querer ser mejores… Y por todo ello, y por lo que es imposible contar, hemos de felicitarnos.
[El colegio Público Hermanos Marx de Zaragoza ha cumplido 25 años. Ayer se presentó el libro del XXV aniversario, un libro bien pensado y muy bien desarrollado. Me pidieron un breve texto y escribí este].
Llegué al Hermanos Marx uno de los primeros días de septiembre de 1990 después de dar muchas vueltas por unas calles que me parecían todas iguales. No teníamos ni móvil, ni GPS así que pregunté a varios vecinos hasta que entre todos dimos con el emplazamiento de la escuela.
María Sánchez Arbós
Quiero tomar prestada una frase de una de las mujeres de mi vida: María Sánchez Arbós (Huesca, 1889 - Madrid, 1976). Cuando doña María recordaba su trabajo en la Institución Libre de Enseñanza afirmaba: “En mi contacto con la Institución aprendí más que enseñé…”.
Yo también aprendí más que enseñé durante los dos cursos que pasé en el Hermanos Marx. Aprendí de mis compañeras de Educación Infantil y del resto del profesorado del claustro. Aprendí mucho de los padres de los niños y del grupo de maestros que nos quedábamos a comer y a reír (no sé si por este orden) en el comedor escolar y luego tomábamos café en la cafetería del Tiempos Modernos. Aprendí de Paco, el conserje a quien aún saludo cada vez que nos cruzamos por las calles de Zaragoza.
Como afortunadamente no hice la mili, mi anecdotario personal se alimenta de mi relación con estudiantes de todas las edades porque en los últimos veinte años he dado clase en todos los niveles del sistema educativo. De entre las cosas que me han sucedido hay dos que recuerdo varias veces cada año, las cuento en mis clases, en alguna de las charlas que ocasionalmente doy en escuelas, se las cuento a los amigos... Las dos historias nombre de mujer.
Elisa
Elisa tenía cuatro años. Hoy será doña Elisa. Una mañana hicimos juntos el recorrido desde el puente de Santiago hasta la escuela. Ella en el Panda blanco de Ana Malo, su madre, y yo detrás, en mi viejo Renault. A veces se asomaba por luna trasera, me miraba y sonreía. Al llegar a la escuela Ana me dijo:
–¿Sabes qué me ha preguntado Elisa?
–Cualquier cosa.
–Me ha preguntado que dónde vivías y yo le he explicado que no muy lejos de nuestra casa. Luego me ha preguntado que con quién vivías y le he dicho que con tu madre. Entonces me ha mirado con unos ojos como platos y ha exclamado:
–¡¿Víctor aún es hijo?!
Sí, era hijo. Entonces no sabía que somos hijos hasta que nos hacemos padres. Ser hijo es un estado pasajero. Sin embargo, somos padres para siempre. Aunque nuestros hijos crezcan y sean –como deseamos– más fuertes y más sabios que nosotros. Aunque no nos necesiten. Somos padres para siempre.
Irene
Irene tenía cinco años. Hoy será doña Irene. Un día tuve que llevarla al centro de salud para que le curasen una brecha que se hizo en la frente. Yo creía que me moría del dolor que me causaba mirarla y ella me repetía “No me pasa nada”.
En clase teníamos un calendario que estudiábamos todos los días para apropiarnos de la secuencia temporal en la que transcurre nuestra vida: “Lunes, regamos las plantas”, “martes, tomamos el flúor”, “miércoles, hacemos psicomotricidad”, “jueves,…”. Un jueves Irene defendió vehementemente que no podía ser jueves:
–Mi tía come todos los jueves en mi casa. Hoy no ha venido a comer a casa. Es imposible –sentenció– que sea jueves.
¡Cuánta razón tenía Piaget!
Dice el tango que veinte años no son nada. Y no es cierto. En nuestro caso, veinticinco años son muchos sueños, risas, palabras, juegos, emociones, descubrimientos, esfuerzo, ilusión, ganas de querer ser mejores… Y por todo ello, y por lo que es imposible contar, hemos de felicitarnos.
[El colegio Público Hermanos Marx de Zaragoza ha cumplido 25 años. Ayer se presentó el libro del XXV aniversario, un libro bien pensado y muy bien desarrollado. Me pidieron un breve texto y escribí este].
10 mayo 2009
Zaragocismo

Como si de mí dependiera el resultado, esta temporada más que ninguna otra, a partir del jueves sólo pienso en el partido del sábado. Siempre creo que vamos a ganar. Y hoy que jugamos contra el Huesca también quiero que el Zaragoza gane. No quiero ganar en el Alcoraz de una manera especial porque con el Huesca no nos une una especial rivalidad. Aunque soy mayor no había nacido la última vez que el Huesca y el Zaragoza se enfrentaron en el campo de San Jorge hace 58 años. Por eso este encuentro no es un derbi, sino un accidente, un hecho ocasional. Un derbi se celebra entre equipos cuyas aficiones mantienen una constante rivalidad. Y no es el caso. He de reconocer -y no quisiera herir la sensibilidad de nadie- que hasta donde alcanza mi recuerdo en casa se ha hablado siempre de fútbol, pero yo he pensado muy pocas veces en el Huesca. Quizá cuando hace dos o tres temporadas se jugaba en ascenso a segunda división me pareció genial la propuesta de Mariano Gistaín: que el Huesca jugara en La Romareda y que pudiéramos ir 30.000 zaragocistas a apoyar al equipo altoaragonés. Hubiera sido muy bonito. Y allí hubiéramos estado.
[Hoy intervendré en Radio Huesca. Me han invitado por ser un zaragocista que trabaja en Huesca, por ser un zaragocista a quien le gusta mucho la Huesca de Ramón Acín, María Sánchez Arbós, Paco Ponzán, Víctor Pardo, Carlos Castán, Óscar Sipán, la Huesca del Museo Pedagógico de Aragón, de Walca...
Estos dibujos los hizo Ramón Acín en 1923-1924. Acín guardaba entre sus papeles algunos recortes de prensa con noticias de fútbol y fotografías de futbolistas]
08 mayo 2009
Ramón Acín

[Para Marta Navarro]
El perro de Ramón Acín se llamaba Tobi y era famoso en la ciudad como lo son los tontos de capirote. Era un perro negro, sin rabo, alegre, inteligente y juguetón que se entristecía cuando le ponían el bozal. Por eso Ramón Acín cogió una brocha y le pintó el bozal que tenía que llevar obligatoriamente al salir de casa. Con su falso bozal el perro corría feliz por las calles y los laceros municipales no le molestaban.
Ramón Acín tenía un amigo zapatero. También gozó de la amistad de escritores, poetas, artesanos, militares partidarios la República, estudiantes, sindicalistas, obreros.... Fue amigo de Buñuel, de Lorca, de Sánchez Ventura… Pero su mejor amigo se llamaba Juan Arnalda y tenía un taller de zapatería en la calle San Orencio, en Huesca. Con Arnalda se escondió en su casa de la calle Las Cortes una noche asfixiante de julio, cuando los militares se sublevaron contra el Gobierno de la República. Estuvieron escondidos hasta que Ramón Acín decidió entregarse para terminar con el sufrimiento de Conchita y de sus hijas. La víspera convenció a Arnalda para que huyera y le pintó –con las mismas manos que años atrás simularon un bozal para el Tobi- unos bigotes. Le dejó una de sus grandes boinas para que nadie le reconociera. Arnalda salió de Huesca y murió en Bayona en 1977. Acín se entregó y lo fusilaron el 6 de agosto de 1936.
Ramón Acín era un hombre bueno. Jugaba con la vida y se reía de sí mismo. Sólo tomaba en serio la injusticia y su compromiso con los humildes. Quienes lo mataron no soportaban que fuera feliz, que soñara, que amara a Conchita, a Katia y a Sol, que sus alumnos le quisieran. Ramón Acín eligió estar del lado de los humildes. Eligió la alegría y la vida.
“No te defraudaremos -escribió Paco Ponzán en Nuevo Aragón de 9 de marzo de 1937- Tus hijas, Katia y Sol, verán en cualquiera de nosotros un pedazo tuyo”.
Somos un pedazo de Ramón Acín cuando elegimos la bondad, la belleza y la alegría. Cuando nos comprometemos con causas justas y cuando somos capaces de trabajar para hacer un mundo mejor para los demás.
13 marzo 2009
Para nosotros
El martes 3 de marzo dándole vueltas al diseño de unas jornadas que se celebrarán en Huesca con el título “Aragón: Educación y Libertad. En el centenario de Ferrer i Guardia” pensé que sería interesante hacer una edición facsímil de un ejemplar del diario Nuevo Aragón, portavoz del Consejo de Defensa de Aragón, que se publicó en Caspe desde el 20 de enero de 1937 hasta que el 11 de agosto del mismo año las tropas de Enrique Líster entraron en Caspe y asaltaron los talleres en los que se imprimía este periódico.
No me interesaba cualquier ejemplar. Tenía que ser el del martes, 9 de marzo de 1937, el número en el que Paco Ponzán, Evaristo Viñuales, Miguel Chueca y José Mavilla rinden un homenaje a Ramón Acín, asesinado en Huesca el 6 de agosto de 1936. Después de sorprenderme con esta idea intenté dominar el vértigo que despiertan en nosotros los sueños imposibles y deseé que en el fondo “Ramón Acín” depositado en el Museo de Huesca se conservara el ejemplar entero y no únicamente los cinco recortes que yo conocía por La línea sentida de Emilio Casanova y Jesús Lou.
El miércoles por la mañana hablé con Mari Paz Cantero, la conservadora del fondo “Ramón Acín” del Museo de Huesca y me confirmó que sólo tenían los cinco recortes, que no sabía cuántas páginas tendría el ejemplar completo. Le conté quiénes eran Evaristo Viñuales y Paco Ponzán, le repetí el estremecedor párrafo del testamento que Paco Ponzán firmó el 27 de diciembre de 1943 en la prisión militar de Furgolle:
“Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales”.
En Nuevo Aragón de 9 de marzo de 1937 estaban juntos Ponzán, Viñuales, Ramón Acín… Le conté a Mari Paz que por aquellos días Palmira Plá también estaba en Caspe, enamorada de Paco Ponzán, dirigiendo las colonias escolares… Le dije que he encontrado cosas que parecían perdidas y que mi amigo Eloy Fernández Clemente suele repetirme que los brazos de la Venus de Milo están en algún sitio, que alguien los encontrará… Luego preferiremos la Venus sin brazos…”
Cuando ya nos despedíamos le dije a Mari Paz:
-Si en el ejemplar de 9 de marzo de Nuevo Aragón hay un texto de Palmira Plá… yo me tiro por la ventana.
Aquella misma mañana llamé a mi primo Javier Cortés, vinculado al Centro de Estudios Caspolino, por si tuviera noticias de alguna colección particular, hablé con Carlos Serrano –que le envió recado a José Luis Ledesma–, les escribí a Antonio Peiró, a Julián Casanova y a Javier Díaz… Busqué por internet, consulté la bibliografía que tenía en casa… Le escribí a Alberto Serrano Dolader –caspolino, periodista, amante de todo lo que tiene que ver con Caspe y con Aragón– … Nada… Tendríamos que ir a Salamanca, al archivo de la guerra civil y ver si allí nos permitían la reproducción del ejemplar de Nuevo Aragón.
Un poco antes de las doce de la noche recibí un correo de Alberto Serrano. “Has tenido suerte –me decía–, en mis tiempos de estudiante en Barcelona compré algunos, muy pocos, ejemplares de Nuevo Aragón y tengo el ejemplar que te interesa que incluye una fotografía de Ramón Acín. Cuando quieras te lo dejo”.
“Lo quiero mañana –tecleé apresuradamente–. Iré a buscarlo dónde me digas y cuándo tú me digas”.
El día de la cincomarzada fui a casa de Alberto. Me dio el ejemplar –inmejorablemente conservado– en una carpeta azul. Mis hijos me esperaban en el coche. Blanca, que ya tiene 14 años y es mi cómplice en muchas de mis locuras me preguntó:
-¿Está?
-Aún no lo sé. No lo he mirado.
Empezamos a pasar las páginas y en la página siete, junto a un artículo sobre gallinas ponedoras en el que se explicaba cómo construir un gallinero, allí estaba... El texto de media página de Palmirá Plá sobre colonias escolares. Estaban todos juntos… Acín, Ponzán, Viñuales y Palmira Plá.... Estábamos todos juntos.
Supe que todo lo habían hecho para mí. Palmira Plá pudo publicar su texto cualquier otro día, Alberto pudo no haber comprado ejemplares de Nuevo Aragón o que entre ellos no se hubiera encontrado éste. Cuando acaricio las ocho páginas de Nuevo Aragón sé que este cuento se escribió para nosotros.
Como no soy un hombre de palabra, no me he tirado por la ventana. Sólo he sido feliz.
No me interesaba cualquier ejemplar. Tenía que ser el del martes, 9 de marzo de 1937, el número en el que Paco Ponzán, Evaristo Viñuales, Miguel Chueca y José Mavilla rinden un homenaje a Ramón Acín, asesinado en Huesca el 6 de agosto de 1936. Después de sorprenderme con esta idea intenté dominar el vértigo que despiertan en nosotros los sueños imposibles y deseé que en el fondo “Ramón Acín” depositado en el Museo de Huesca se conservara el ejemplar entero y no únicamente los cinco recortes que yo conocía por La línea sentida de Emilio Casanova y Jesús Lou.
El miércoles por la mañana hablé con Mari Paz Cantero, la conservadora del fondo “Ramón Acín” del Museo de Huesca y me confirmó que sólo tenían los cinco recortes, que no sabía cuántas páginas tendría el ejemplar completo. Le conté quiénes eran Evaristo Viñuales y Paco Ponzán, le repetí el estremecedor párrafo del testamento que Paco Ponzán firmó el 27 de diciembre de 1943 en la prisión militar de Furgolle:
“Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales”.
En Nuevo Aragón de 9 de marzo de 1937 estaban juntos Ponzán, Viñuales, Ramón Acín… Le conté a Mari Paz que por aquellos días Palmira Plá también estaba en Caspe, enamorada de Paco Ponzán, dirigiendo las colonias escolares… Le dije que he encontrado cosas que parecían perdidas y que mi amigo Eloy Fernández Clemente suele repetirme que los brazos de la Venus de Milo están en algún sitio, que alguien los encontrará… Luego preferiremos la Venus sin brazos…”
Cuando ya nos despedíamos le dije a Mari Paz:
-Si en el ejemplar de 9 de marzo de Nuevo Aragón hay un texto de Palmira Plá… yo me tiro por la ventana.
Aquella misma mañana llamé a mi primo Javier Cortés, vinculado al Centro de Estudios Caspolino, por si tuviera noticias de alguna colección particular, hablé con Carlos Serrano –que le envió recado a José Luis Ledesma–, les escribí a Antonio Peiró, a Julián Casanova y a Javier Díaz… Busqué por internet, consulté la bibliografía que tenía en casa… Le escribí a Alberto Serrano Dolader –caspolino, periodista, amante de todo lo que tiene que ver con Caspe y con Aragón– … Nada… Tendríamos que ir a Salamanca, al archivo de la guerra civil y ver si allí nos permitían la reproducción del ejemplar de Nuevo Aragón.
Un poco antes de las doce de la noche recibí un correo de Alberto Serrano. “Has tenido suerte –me decía–, en mis tiempos de estudiante en Barcelona compré algunos, muy pocos, ejemplares de Nuevo Aragón y tengo el ejemplar que te interesa que incluye una fotografía de Ramón Acín. Cuando quieras te lo dejo”.
“Lo quiero mañana –tecleé apresuradamente–. Iré a buscarlo dónde me digas y cuándo tú me digas”.
El día de la cincomarzada fui a casa de Alberto. Me dio el ejemplar –inmejorablemente conservado– en una carpeta azul. Mis hijos me esperaban en el coche. Blanca, que ya tiene 14 años y es mi cómplice en muchas de mis locuras me preguntó:
-¿Está?
-Aún no lo sé. No lo he mirado.
Empezamos a pasar las páginas y en la página siete, junto a un artículo sobre gallinas ponedoras en el que se explicaba cómo construir un gallinero, allí estaba... El texto de media página de Palmirá Plá sobre colonias escolares. Estaban todos juntos… Acín, Ponzán, Viñuales y Palmira Plá.... Estábamos todos juntos.
Supe que todo lo habían hecho para mí. Palmira Plá pudo publicar su texto cualquier otro día, Alberto pudo no haber comprado ejemplares de Nuevo Aragón o que entre ellos no se hubiera encontrado éste. Cuando acaricio las ocho páginas de Nuevo Aragón sé que este cuento se escribió para nosotros.
Como no soy un hombre de palabra, no me he tirado por la ventana. Sólo he sido feliz.
13 febrero 2009
El señor de las palabras [A propósito de Fotografías veladas de Antón Castro]
Me voy a permitir contarles o recordarles algunas circunstancias que nos ayudan a entender quién es Antón Castro. Su manera de fabular y de escribir sólo se explica si atendemos a cómo fue su infancia. Antón nació en Santa María de Lañas, una aldea próxima a Arteixo. Después de veinte años de zozobra intelectual, Pepe Melero ya acepta que los delfines acariciaran las piernas de Antón cuando se bañaba en las playas de Barrañán. También hemos dado por bueno que llovieran ranas cuando Benito, el padre de Antón, volvía de Suiza con un saco de naranjas sanguinas bajo el brazo. Antón era un niño que todo lo miraba de otra manera. En su casa le decían “Planetas” porque cuando contaba las cosas nunca se sabía bien dónde terminaba la realidad y dónde empezaba el terreno de la fantasía. Antón improvisaba partidos de fútbol con botones y los más bonitos se llamaban Yarza, Violeta, Canario, Santos, Sigi, Marcelino, Villa y Lapetra.
En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón. Así se le conoce en el mundo de la cultura y de la política, en el mundo del arte, en el mundo del deporte. Y por supuesto, aquí, en Garrapinillos.
Antón ha contado en muchas ocasiones que vino a Aragón casi por accidente, huyendo de todo, huyendo de sí mismo. Hace treinta años una tempestad le dejó varado en Zaragoza. Como cuenta en “La estación del adiós” aquí encontró a la mujer de su vida, se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeuves. Se quedó entre nosotros con su mirada de niño perpetuo dispuesto a dejarse conmover por los prodigiosos cotidianos de la vida. Cuando decidió quedarse quizá tuviera una camisa blanca que lavaba cada noche y que tendía al raso para que se la planchara la Luna. Quizá viviera en la calle Estudios o en Casta Álvarez y luego se instalara en una avenida que se estremecía con el paso de los trenes. Quizá tuviera algunos libros o carpetas llenas de recortes y fotografías de los temas que le apasionaban: el cine, el fútbol, el boxeo, el atletismo, la fotografía. Lo que sí es seguro es que tenía las 27 letras del alfabeto. Y con ellas contaba el mundo.
Mientras escribía esta breve presentación recordé un delicioso episodio de El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármenta que refleja la importancia de las palabras para entendernos, para explicarnos, para encontrarnos y para amarnos.
Como recordarán, Mario Jiménez, era un joven que cambió su destino como pescador para llevarle la correspondencia a Pablo Neruda. Un día se armó de valor y le confesó a don Pablo que quería ser poeta.
-Hombre, en Chile –dijo Neruda- todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guantones.
Neruda retomó la varilla de la puerta, y se dispuso a entrar, cuando Mario mirando el vuelo invisible de un pájaro dijo:
-Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
-¿Y qué es lo que quieres decir?
-Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.
Durante estos años, Antón se ha convertido en el señor de las palabras, en el escritor que sabe qué quiere contar y cómo ha de contarlo.
Fotografías Veladas
Catorce años después de publicar Veneno en la boca, un libro de entrevistas que yo he leído decenas de veces, Antón vuelve a Xordica para ofrecernos una veintena de cuentos reunidos en un gran libro titulado Fotografías veladas.
Conviene tener claro desde el principio que una fotografía no es la realidad. Una fotografía es una representación y a veces oculta la realidad o la tergiversa o la embellece de tal manera que preferimos la imagen a la realidad misma. La realidad es un concepto permeable, cambiante. Por eso en Fotografías veladas los personajes de Antón saltan a la realidad y se pasean por lugares reales, pero al mismo tiempo los personajes reales invaden el universo que Antón crea con palabras. En los cuentos de Antón la realidad y la ficción se dan la mano en un territorio mágico.
En Fotografías veladas hay homenajes permanentes. Homenaje a Leoncio Gascón, a Teruel, a Urrea de Gaén, al Somontano del Moncayo, a Loarre, a Zaragoza. Hay mucho fútbol y algunos maestros (como don Antonio y Matilde). Hay muchos personajes reales como Miguel Mena, Paco Boisset, Balfagón, José Luis Melero…
Antón tiene una asombrosa capacidad para enamorarse de los paisajes, de la gente que le acompaña cotidianamente, de la tierra en la que vive. Luego lo cuenta con esa pasión tan suya por contar y a todos nos entran unas tremendas ganas de vivir en Cantavieja, en La Iglesuela del Cid, en Urrea de Gaén o en Fisterra para contemplar los cielos que descubre Antón. Creemos que encontraremos seres imposibles o que nos mirarán las sirenas como le miran a él.
Antón ha hecho de Garrapinillos un escenario definitivamente literario. En estas calles sucedió el encuentro de Manuel Martín Mormeneo con Sonia en “La joven y el reportaje imposible”:
“…Vengo a menudo por aquí. Me gustan los huertos, los albérchigos, las higueras, los manzanos. Alargas una mano y coges lo que te apetece. Además hay una casa que me gusta mucho, toda cerrada con mirtos. Se llama El Aleph. Siempre juego a pensar qué ocurre dentro, en los jardines, cuando cae la tarde”.
Les confesaré que yo he paseado por los alrededores del Alehp con la vana esperanza de encontrarme con Sonia, la miseriosa mujer que conduce un Audi y me consta que lo mismo hicieron en más de una ocasión Javier Torres, Pepe Melero o Rodolfo Notivol. Incluso colgué en la web una fotografía de una falsa Sonia sólo para despertar los celos de Antón y la envidia de Pepe Melero.
Antón Castro ha construido letra a letra su universo literario, un mundo reconocible del que forman parte playas de nombres imposibles y lugares como Garrapinillos, Barrañán, Huesca, Loarre, Cantavieja o Ejulve, y en esos paisajes Antón hace sentir, amar, recordar y, en definitiva, vivir a unos personajes que también son ya nuestros: los masoveros, las sirenas, los fantasmas, las brujas, escritores y futbolistas, niños que sueñan y hombres y mujeres que persiguen el amor porque saben que sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia.
Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepárense para sumergirse en este Macondo particular de Antón Castro en donde viven Patricio Julve y Manuel Martín Mormeneo en un mundo en el que las mujeres huelen a bambú o a manzanas rojas, un universo de seres atrapados en mil pasiones, arrastrados por la melancolía, un universo de seres que miran lo cotidiano como nosotros no seríamos capaces de mirar nunca.
En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón. Así se le conoce en el mundo de la cultura y de la política, en el mundo del arte, en el mundo del deporte. Y por supuesto, aquí, en Garrapinillos.
Antón ha contado en muchas ocasiones que vino a Aragón casi por accidente, huyendo de todo, huyendo de sí mismo. Hace treinta años una tempestad le dejó varado en Zaragoza. Como cuenta en “La estación del adiós” aquí encontró a la mujer de su vida, se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeuves. Se quedó entre nosotros con su mirada de niño perpetuo dispuesto a dejarse conmover por los prodigiosos cotidianos de la vida. Cuando decidió quedarse quizá tuviera una camisa blanca que lavaba cada noche y que tendía al raso para que se la planchara la Luna. Quizá viviera en la calle Estudios o en Casta Álvarez y luego se instalara en una avenida que se estremecía con el paso de los trenes. Quizá tuviera algunos libros o carpetas llenas de recortes y fotografías de los temas que le apasionaban: el cine, el fútbol, el boxeo, el atletismo, la fotografía. Lo que sí es seguro es que tenía las 27 letras del alfabeto. Y con ellas contaba el mundo.
Mientras escribía esta breve presentación recordé un delicioso episodio de El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármenta que refleja la importancia de las palabras para entendernos, para explicarnos, para encontrarnos y para amarnos.
Como recordarán, Mario Jiménez, era un joven que cambió su destino como pescador para llevarle la correspondencia a Pablo Neruda. Un día se armó de valor y le confesó a don Pablo que quería ser poeta.
-Hombre, en Chile –dijo Neruda- todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guantones.
Neruda retomó la varilla de la puerta, y se dispuso a entrar, cuando Mario mirando el vuelo invisible de un pájaro dijo:
-Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
-¿Y qué es lo que quieres decir?
-Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo.
Durante estos años, Antón se ha convertido en el señor de las palabras, en el escritor que sabe qué quiere contar y cómo ha de contarlo.
Fotografías Veladas
Catorce años después de publicar Veneno en la boca, un libro de entrevistas que yo he leído decenas de veces, Antón vuelve a Xordica para ofrecernos una veintena de cuentos reunidos en un gran libro titulado Fotografías veladas.
Conviene tener claro desde el principio que una fotografía no es la realidad. Una fotografía es una representación y a veces oculta la realidad o la tergiversa o la embellece de tal manera que preferimos la imagen a la realidad misma. La realidad es un concepto permeable, cambiante. Por eso en Fotografías veladas los personajes de Antón saltan a la realidad y se pasean por lugares reales, pero al mismo tiempo los personajes reales invaden el universo que Antón crea con palabras. En los cuentos de Antón la realidad y la ficción se dan la mano en un territorio mágico.
En Fotografías veladas hay homenajes permanentes. Homenaje a Leoncio Gascón, a Teruel, a Urrea de Gaén, al Somontano del Moncayo, a Loarre, a Zaragoza. Hay mucho fútbol y algunos maestros (como don Antonio y Matilde). Hay muchos personajes reales como Miguel Mena, Paco Boisset, Balfagón, José Luis Melero…
Antón tiene una asombrosa capacidad para enamorarse de los paisajes, de la gente que le acompaña cotidianamente, de la tierra en la que vive. Luego lo cuenta con esa pasión tan suya por contar y a todos nos entran unas tremendas ganas de vivir en Cantavieja, en La Iglesuela del Cid, en Urrea de Gaén o en Fisterra para contemplar los cielos que descubre Antón. Creemos que encontraremos seres imposibles o que nos mirarán las sirenas como le miran a él.
Antón ha hecho de Garrapinillos un escenario definitivamente literario. En estas calles sucedió el encuentro de Manuel Martín Mormeneo con Sonia en “La joven y el reportaje imposible”:
“…Vengo a menudo por aquí. Me gustan los huertos, los albérchigos, las higueras, los manzanos. Alargas una mano y coges lo que te apetece. Además hay una casa que me gusta mucho, toda cerrada con mirtos. Se llama El Aleph. Siempre juego a pensar qué ocurre dentro, en los jardines, cuando cae la tarde”.
Les confesaré que yo he paseado por los alrededores del Alehp con la vana esperanza de encontrarme con Sonia, la miseriosa mujer que conduce un Audi y me consta que lo mismo hicieron en más de una ocasión Javier Torres, Pepe Melero o Rodolfo Notivol. Incluso colgué en la web una fotografía de una falsa Sonia sólo para despertar los celos de Antón y la envidia de Pepe Melero.
Antón Castro ha construido letra a letra su universo literario, un mundo reconocible del que forman parte playas de nombres imposibles y lugares como Garrapinillos, Barrañán, Huesca, Loarre, Cantavieja o Ejulve, y en esos paisajes Antón hace sentir, amar, recordar y, en definitiva, vivir a unos personajes que también son ya nuestros: los masoveros, las sirenas, los fantasmas, las brujas, escritores y futbolistas, niños que sueñan y hombres y mujeres que persiguen el amor porque saben que sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia.
Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepárense para sumergirse en este Macondo particular de Antón Castro en donde viven Patricio Julve y Manuel Martín Mormeneo en un mundo en el que las mujeres huelen a bambú o a manzanas rojas, un universo de seres atrapados en mil pasiones, arrastrados por la melancolía, un universo de seres que miran lo cotidiano como nosotros no seríamos capaces de mirar nunca.
06 febrero 2009
El cielo que miraba Paco Ponzán
Tropiezo con un papelillo que guardé en el cajón de la mesa de mi despacho. En el verano de 2004 escribía la historia de amor de Paco Ponzán y Palmira Plá y una tarde, sin venir a cuento, Blanca me dejó encima del teclado del ordenador una acuarela que ella había dibujado en secreto para mí y el papel que ahora acarició:
"El cielo que miraba Paco Ponzán mirado ahora por Víctor Juan".
Blanca tenía nueve años. Yo la quería, pero no imaginaba cuánto la iba a querer ahora que está a punto de cumplir 14 años.
"El cielo que miraba Paco Ponzán mirado ahora por Víctor Juan".
Blanca tenía nueve años. Yo la quería, pero no imaginaba cuánto la iba a querer ahora que está a punto de cumplir 14 años.
01 febrero 2009
En el puesto fronterizo de Ariza
31 enero 2009
Las manos de Julia*
Una mañana vino a verme un carpintero. La lectura de un artículo que firmé en el suplemento dominical de un periódico sobre la violencia de los primeros días de la guerra civil le animó a visitarme. Enseguida llegué a la conclusión de que era una de esas personas que necesita tiempo para contar, para contarlo todo a su manera. Me explicó que suele detenerse a repasar los muebles que se amontonan en las aceras esperando que los lleven al basurero. Busca tesoros entre los despojos de esta sociedad de la opulencia. Cree que todo puede servir para algo, que a todo se le puede encontrar una segunda utilidad. En algunas ocasiones recupera un tirador, unas bisagras, un trozo de cristal, el marco de un espejo o las baldas de un armario... Otras veces recoge muebles enteros que alguien hizo con sus manos utilizando madera de nogal, de roble, de pino o de abeto… Disfruta devolviéndoles la vida. Tras unos meses en la carpintería, aquellas piezas que arrastran una historia de dignidad, un pasado de esplendor, de servicio, de vergüenza, de abandono o de sufrimiento vuelven a ser útiles, vuelven a existir, están en condiciones de conquistar de nuevo un espacio, un hueco en el universo de la materia viva.
Así encontró una mesa de roble. Enseguida se dio cuenta de que se trataba de la mesa de alguien que escribía, leía o pensaba apoyado en ella. Tenía cajones a ambos lados del hueco preparado para las piernas. En uno de esos laterales descubrió un pequeño rectángulo metálico en el que leyó “Ministerio de Instrucción Pública. Madrid, 1924”. Era la mesa de un maestro. Y le gustó que fuera una mesa que había estado en una escuela, sobre la tarima, junto a la pizarra. Seguro –pensó– que alrededor de ella se congregarían los niños. Esa mesa había soportado el peso de los libros, de los trabajos escolares, del borrador y la tiza, de la hucha con forma de cabeza de chinito, de la botella para preparar la tinta. Era la mesa de un maestro que habría disfrutado de la monotonía de la lluvia en esas tardes de escuela cuando llovía. Así lo escribió Machado. Decidió que la restauraría para que su hija Irene, una niña de diez años, empezara a estudiar sobre ella. La cargó en su furgoneta y la llevó al taller.
Siempre tenía encargos pendientes. Los entregaba irremediablemente con retraso porque nunca sabía qué iba a pedirle la madera. No podía predecir el momento en el que una ventana, una escalera, una caja o una estantería estarían terminadas. Él trabajaba mientras la madera reclamaba sus cuidados. Era incapaz de dar por concluido un trabajo hasta que tenía la certeza de que sus manos no podían hacer nada más por cada mueble, por cada pieza de madera por pequeña que fuera. “Sabe –me decía para que entendiera cómo hacía su trabajo–, cuando alguien entra en mi taller, yo dejo que me cuente, que me explique qué quiere, y después decido si acepto el encargo”.
La mesa se quedó arrinconada en el taller, esperando pacientemente que llegara su turno junto a los restos de lo que parecía haber sido una puerta, entre maderos y listones, sepultada bajo una capa de serrín cada vez más espesa que amenazaba con ocultarla totalmente.
Una mañana el carpintero tomó un trapo y se dirigió a la mesa del maestro. Al quitar el serrín pudo ver la madera surcada de líneas, las esquinas astilladas, la huella que el paso del tiempo había dejado en el tablero… La madera aún estaba viva… Abrió y cerró algunos cajones. Como si sus ojos no le bastaran para conocer el estado de la mesa, la acarició demoradamente con sus manos decididas y firmes. Sonrió. Le gustó mucho más que cuando unos meses atrás la recogió de la basura. “Hoy –dijo para sí– me pondré con la mesa de Irene”. La empujó hacia la zona de trabajo, el espacio en donde lo más importante de aquel universo lo tenía al alcance de la mano: la lijadora y el cepillo, las escuadras y las reglas, los formones y las gubias, las barrenas, los martillos, los destornilladores de todos los tamaños, los lapiceros y los compases, los serruchos, las fresas, los sargentos, las tenazas, el bote de cola blanca… Antes de hacer nada contempló nuevamente la mesa, se acercó al calendario y trazó con su lápiz rojo un círculo sobre el día 20 de septiembre. Encima escribió: “Mesa de Irene”. Aquel acto no tenía ninguna importancia práctica. El 20 de septiembre, la víspera de estrenar el otoño, no iba a ser la referencia de nada. Él trabajaba sin plazos y sin límite como si el trabajo no tuviera que ver con él. Pero quería saber cuánto tiempo era necesario para que la mesa decidiera nacer. Sus manos trabajaban silenciosas sobre el roble. Acuchillaban, lijaban, cepillaban, volvían una y otra vez sobre los bordes, pulían los cantos, eliminaban algunas manchas de tinta que habían teñido el tablero de la mesa…
Después de unos días en el pequeño taller del artesano todo giraba alrededor de la mesa. El mundo se reducía a la relación del carpintero con ese mueble. Parecía que conversaban, se estremecían, sufrían y disfrutaban al unísono. Lo que sentía el uno lo percibía también el otro. Cuando se sumergía en sus proyectos, el carpintero sólo podía pensar en el modo de responder a las preguntas que le hacía la madera, como si las virutas que se extendían por el suelo impregnaran también sus sueños.
Cuando ya había concluido los trabajos más urgentes por el exterior de la mesa, sacó los cajones y comenzó a prepararlos para recibir el barniz que protegería la madera. Entonces, al darle la vuelta completa a la mesa fue cuando descubrió, pegado en el fondo de la cajonera, un sobre marrón. Lo arrancó cuidadosamente procurando no romper el papel y comprobó que había algo en su interior. Abrió el sobre y sacó una fotografía y una papeleta electoral en la que bajo el título de “Elecciones a Diputados a Cortes. Coalición de Izquierdas” había escritos cuatro nombres. Con ese patrimonio se presentó en mi despacho.
* Fragmento de la novela Las manos de Julia. Siempre es difícil encontrar editor para las historias. Pero es más difícil escribirlas. Y esta novela ya está escrita.
06 enero 2009
Zaragoza
Hace unos días recibí Laberintos, una revista admirable hecha con mucho cuidado y mucho talento en el Instituto de Educación Secundaria ELAIOS de Zaragoza. Entre muchas sorpresas agradables me emocionó un gran texto de Daniel Gascón sobre Zaragoza:
"Con sus maravillas y sus desastres, Zaragoza es mi ciudad, la ciudad de muchos de mis amigos y de muchos de los escritores que más me han marcado. He vivido en bastantes sitios, pero en Zaragoza tengo la sensación de que los personajes de sus relatos caminan a mi lado, y me parece que paseo en la mejor compañía".
Lean el texto completo: En buena compañía.
Mariano García ha recuperado en un artículo en Heraldo de Aragón la historia de un tango dedicado a Zaragoza que triunfó en la Alemania de Hitler. Creo que este tango de 1932 también es una buena compañía para las palabras de Daniel Gascón, uno de los grandes escritores
zaragozanos. [Aquí pueden escucharlo]
"Con sus maravillas y sus desastres, Zaragoza es mi ciudad, la ciudad de muchos de mis amigos y de muchos de los escritores que más me han marcado. He vivido en bastantes sitios, pero en Zaragoza tengo la sensación de que los personajes de sus relatos caminan a mi lado, y me parece que paseo en la mejor compañía".
Lean el texto completo: En buena compañía.
Mariano García ha recuperado en un artículo en Heraldo de Aragón la historia de un tango dedicado a Zaragoza que triunfó en la Alemania de Hitler. Creo que este tango de 1932 también es una buena compañía para las palabras de Daniel Gascón, uno de los grandes escritores
zaragozanos. [Aquí pueden escucharlo]
30 diciembre 2008
Queridos Reyes Magos,
Como este año no he sido todo lo malo que hubiera podido ser si me lo hubiera propuesto seriamente quiero para Elena Monforte un administrativo –no hace falta que sea el administrativo de la señorita Pepis- bastará con que sea eficiente, atento, educado y con capacidad para ilusionarse con nuestros proyectos. También quiero que le traigáis a Elena calor para el corazón y luz para sus ojos de mirar el mundo. Y que llenéis su casa de felicidad. A Fernando no hace falta que le traigáis un Golf nuevo. Ya arreglará el que tiene.
A Pepe Melero no le traigáis nada. Ya tiene una vida perfecta con Yolanda, Iguácel y Jorge. Dejad la primera de Pedro Saputo que me habéis ofrecido en el balcón de cualquier otro bibliófilo. No es bueno tenerlo todo. Que espere Pepe Melero. Los deseos nos mantienen vivos.
La Tercera para mi hermanico Víctor Pardo.
Una playa para Antón Castro , que ya tiene una casa con sirena. Una playa en la que el orballo fecunde la memoria, una playa en la que la brisa acune los sueños, una playa en la que de vez en cuando se extiendan las bretemas precisas para que Antón escriba nuestras historias de fotógrafos, aparecidos, mares, mujeres y marinos, enloquecidos, meigas y pasiones destadas. Una playa con Golpes de mar y con prometedor horizonte y, sobre todo, tiene que ser una playa en la que Antón sienta al atardecer el roce en su piel de aquellos golfiños que le acariciaban en el mar de las primeras tardes de su infancia.
También quiero el número ocho de la serie Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón.
A Pepe Melero no le traigáis nada. Ya tiene una vida perfecta con Yolanda, Iguácel y Jorge. Dejad la primera de Pedro Saputo que me habéis ofrecido en el balcón de cualquier otro bibliófilo. No es bueno tenerlo todo. Que espere Pepe Melero. Los deseos nos mantienen vivos.
La Tercera para mi hermanico Víctor Pardo.
Una playa para Antón Castro , que ya tiene una casa con sirena. Una playa en la que el orballo fecunde la memoria, una playa en la que la brisa acune los sueños, una playa en la que de vez en cuando se extiendan las bretemas precisas para que Antón escriba nuestras historias de fotógrafos, aparecidos, mares, mujeres y marinos, enloquecidos, meigas y pasiones destadas. Una playa con Golpes de mar y con prometedor horizonte y, sobre todo, tiene que ser una playa en la que Antón sienta al atardecer el roce en su piel de aquellos golfiños que le acariciaban en el mar de las primeras tardes de su infancia.
También quiero el número ocho de la serie Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón.
29 diciembre 2008
Alargar los gozos con palabras
Me han hecho mil veces mil esa advertencia. Primero mi madre y ahora mi mujer. "Eso ni lo sueñes". Pero yo no hago caso. No hago caso casi nunca. Quizá sea un gen, el gen de no hacer caso, el gen que me transmitió mi abuelo Valentín:
-Ten cuidado, maño. Aquí, si te descuidas, te quitarán hasta la manera de andar.
"Eso ni lo sueñes". Pero yo sueño. Y cuando he soñado ya nada tiene remedio.
Soñábamos por obligación. Nos alimentábamos de sueños. Cualquier cosa teníamos que quererla mucho. Sabíamos que siempre era o lo uno o lo otro: el balón de cuero o las botas de fútbol. La bicicleta o una caña de pescar nueva. Esperábamos a reunir méritos y a juntar las escasas pesetas que ponían a nuestra disposición: nuestro cumpleaños, la paga que nos daban nuestros abuelos, el regalo de reyes... Y mientras tanto nos contábamos la vida, soñábamos todo lo que haríamos con un balón nuevo, un disco nuevo, un pantalón nuevo. Si por fin conseguíamos una mochila o unas gafas de bucear nos recreábamos -con palabras, siempre con palabras- en nuestra suerte. Después de cuarenta años he sabido que eso es en gran parte la felicidad. Alargar los gozos con palabras. Contarse la vida. No hay otra.
-Ten cuidado, maño. Aquí, si te descuidas, te quitarán hasta la manera de andar.
"Eso ni lo sueñes". Pero yo sueño. Y cuando he soñado ya nada tiene remedio.
Soñábamos por obligación. Nos alimentábamos de sueños. Cualquier cosa teníamos que quererla mucho. Sabíamos que siempre era o lo uno o lo otro: el balón de cuero o las botas de fútbol. La bicicleta o una caña de pescar nueva. Esperábamos a reunir méritos y a juntar las escasas pesetas que ponían a nuestra disposición: nuestro cumpleaños, la paga que nos daban nuestros abuelos, el regalo de reyes... Y mientras tanto nos contábamos la vida, soñábamos todo lo que haríamos con un balón nuevo, un disco nuevo, un pantalón nuevo. Si por fin conseguíamos una mochila o unas gafas de bucear nos recreábamos -con palabras, siempre con palabras- en nuestra suerte. Después de cuarenta años he sabido que eso es en gran parte la felicidad. Alargar los gozos con palabras. Contarse la vida. No hay otra.
14 diciembre 2008
Como tú quieras que sea
Hazme nueva -me dijo-, llámame de otra manera para volver a empezar el resto de mi vida siendo otra, con otro nombre. Seré como tú quieras que sea.
13 diciembre 2008
Ocho islas y un invierno
El jueves estuve en Los Portadores de sueños en la presentación de Ocho islas y un invierno de Marta Navarro, un libro de poemas de agua, poemas de islas, poemas de luz y de amor, poemas desnudos y despojados de adornos hasta donde pueden ser desnudados los poemas. Llegué con el tiempo justo y estuve junto a Javier Aguirre, un zaragozano profesor en la Universidad del País Vasco, traductor de Aristóteles al euskera, coordinador del libro homenaje a José Antonio Labordeta. Justo antes de que Eva Cosculluela nos diera la bienvenida a su librería pude cruzar un saludo cálido y cariñoso con Salomé Ballesteros, mi compañera de tantas cosas desde los primeros años ochenta cuando compartimos aulas en la escuela de magisterio.
Me gusta mirar a la gente. Y escribir sus nombres. Sé que suena mal, pero a mi edad puedo asumir esos riesgos. Ya les confesé que durante la presentación de Piedad de Miguel Mena yo miraba el rostro de Mercedes y ella interpretaba para mí, sin saberlo, el sentido de las palabras de Miguel. Aunque ni pude saludarla, ayer vi la emoción reflejada en la boca, en los ojos y en las manos de Inma. Yo la miraba cuando Pepe Melero leyó la carta que Labordeta había escrito para la presentación y mientras Luisa Miñana se adentraba en los secretos de los poemas de Ocho islas y un invierno. Luego, el rostro de Inma reflejó la amistad cómplice y guerrera que le une a Marta cuando Marta habló con palabras verdaderas sin ocultar ni la ternura ni la firme determinación que fecundan su escritura.
A veces también miré a Marta y, como siempre que pienso en ella, me acordé de la caja.
Al salir de la librería nos encontramos con Ewerthon. Me dio un vuelco el corazón al verlo en la calle a esas horas en las que los elegidos deberían estar recogidos en el Olimpo en el que vivan. Me acerqué a saludarle y no pude evitar decirle: "Abrígate, maño, no nos vayas a coger frío".
Me gusta mirar a la gente. Y escribir sus nombres. Sé que suena mal, pero a mi edad puedo asumir esos riesgos. Ya les confesé que durante la presentación de Piedad de Miguel Mena yo miraba el rostro de Mercedes y ella interpretaba para mí, sin saberlo, el sentido de las palabras de Miguel. Aunque ni pude saludarla, ayer vi la emoción reflejada en la boca, en los ojos y en las manos de Inma. Yo la miraba cuando Pepe Melero leyó la carta que Labordeta había escrito para la presentación y mientras Luisa Miñana se adentraba en los secretos de los poemas de Ocho islas y un invierno. Luego, el rostro de Inma reflejó la amistad cómplice y guerrera que le une a Marta cuando Marta habló con palabras verdaderas sin ocultar ni la ternura ni la firme determinación que fecundan su escritura.
A veces también miré a Marta y, como siempre que pienso en ella, me acordé de la caja.
Al salir de la librería nos encontramos con Ewerthon. Me dio un vuelco el corazón al verlo en la calle a esas horas en las que los elegidos deberían estar recogidos en el Olimpo en el que vivan. Me acerqué a saludarle y no pude evitar decirle: "Abrígate, maño, no nos vayas a coger frío".
12 diciembre 2008
Cuatro años del homenaje a Ramón Acín y Concha Monrás

Hoy, aniversario de la sublevación de los capitanes Galán y García Hernández, también se cumplen cuatro años desde que celebramos el homenaje a Ramón Acín/Concha Monrás. Quiero recordar las tres intervenciones que se sucedieron en la calle Las Cortes justo antes de que dos maestros interpretaran "La última rosa del verano".
La familia Acín os quiere dar las gracias
Tenemos derecho a no olvidar
Intervención de un representante de la CNT
La familia Acín os quiere dar las gracias
Tenemos derecho a no olvidar
Intervención de un representante de la CNT
11 diciembre 2008
Pepe Melero: "Yo no podría vivir sin los libros"
Ayer fui feliz dos o tres veces. No quiero olvidar que tengo el privilegio de ser tan feliz en un día como otras personas lo son en un cuatrimestre. Por la mañana me hizo feliz hablar con Miguel Mena. Luego fui feliz en clase -si es que a mi edad aún me está permitido hablar así- y fui muy feliz durante una hora y media en el Ateneo del CPS de nuestra Universidad. Antón Castro hizo una presentación exacta de Pepe Melero. Luego Pepe nos habló de algunas de sus pasiones, de su amor por la vida que procura vivir tan intensamente como si supiera que sólo tiene una. Durante una hora que se nos hizo corta Pepe nos contó secretos que sólo él conoce de escritores y de libros, de bibliófilos y bibliópatas, de locos de atar, de coleccionistas de sermones, de escritores que se casaron por poderes cautivados por un verso, de otros que fornicaban con panteras, de gentes que se retaban a duelo, de las tretas que utilizan los bibliófilos para engañar a sus mujeres. Y concluyó: "No hay mujeres bibliófilas porque las mujeres tienen sentido común". Entre otros muchos profesores y estudiantes asistieron a la conferencia Vicente Martínez Tejero y Fernand0.
Don Francisco, uno de los protagonistas de mi novela Las manos de Julia tiene una biblioteca como la de Pepe Melero. José Manuel Herrero es un niño de ocho años a quien la emoción apenas le permite respirar cuando acompaña a su padre a casa de don Francisco
"Nunca había escuchado tocar el violín. Tampoco había visto tantos libros juntos como cuando acompañaba a mi padre en sus habituales visitas a don Francisco. Quizá fueran los libros la razón de que en aquella casa del ensanche de la ciudad la luz fuese distinta, la luz que irradiaban las ideas y las palabras contenidas en miles de volúmenes minuciosamente ordenados. Al traspasar la puerta de la casa de don Francisco, tenía la sensación de que la vida estaba allí detenida y los libros podían protegernos del dolor, del miedo y de la incertidumbre. Era imposible no admirar a alguien capaz de reunir tantos libros y de cuidarlos como el amigo de mi padre los cuidaba. Una tarde le pregunté si los había leído todos.
– No, claro que no. Aquí hay unos treinta y cinco mil volúmenes. Necesitaría dos o tres vidas para leerlos. Pero algunos libros no es necesario leerlos enteros. Me acompañan y se dejan acariciar cuando lo necesito. Algunos los he rescatado de un destino incierto y están aquí a disposición de quienes quieran consultarlos o estudiar con ellos. Mira, en una ocasión le preguntaron a Anatole France, un importante escritor francés, si había leído todos los libros de su biblioteca y él contestó: “¿Acaso usted desayuna todos los días en su vajilla de porcelana de Sèvres?”.
Él sonreía. Yo sonreí también, pero entonces no entendí aquellas explicaciones. Sólo mucho tiempo después he sabido que los libros siempre hablan de otros libros, nos traen el recuerdo de amigos y de amores pasados y perdidos o nos hacen creer en la promesa de los amores por venir, nos trasladan a lugares remotos, nos permiten vivir cientos de vidas distintas, nos ayudan a recordar lo que fuimos o lo que pudimos ser. Los libros que hemos leído forman parte de nuestra biografía, como las personas que hemos conocido o los lugares en los que fuimos felices".
Don Francisco, uno de los protagonistas de mi novela Las manos de Julia tiene una biblioteca como la de Pepe Melero. José Manuel Herrero es un niño de ocho años a quien la emoción apenas le permite respirar cuando acompaña a su padre a casa de don Francisco
"Nunca había escuchado tocar el violín. Tampoco había visto tantos libros juntos como cuando acompañaba a mi padre en sus habituales visitas a don Francisco. Quizá fueran los libros la razón de que en aquella casa del ensanche de la ciudad la luz fuese distinta, la luz que irradiaban las ideas y las palabras contenidas en miles de volúmenes minuciosamente ordenados. Al traspasar la puerta de la casa de don Francisco, tenía la sensación de que la vida estaba allí detenida y los libros podían protegernos del dolor, del miedo y de la incertidumbre. Era imposible no admirar a alguien capaz de reunir tantos libros y de cuidarlos como el amigo de mi padre los cuidaba. Una tarde le pregunté si los había leído todos.
– No, claro que no. Aquí hay unos treinta y cinco mil volúmenes. Necesitaría dos o tres vidas para leerlos. Pero algunos libros no es necesario leerlos enteros. Me acompañan y se dejan acariciar cuando lo necesito. Algunos los he rescatado de un destino incierto y están aquí a disposición de quienes quieran consultarlos o estudiar con ellos. Mira, en una ocasión le preguntaron a Anatole France, un importante escritor francés, si había leído todos los libros de su biblioteca y él contestó: “¿Acaso usted desayuna todos los días en su vajilla de porcelana de Sèvres?”.
Él sonreía. Yo sonreí también, pero entonces no entendí aquellas explicaciones. Sólo mucho tiempo después he sabido que los libros siempre hablan de otros libros, nos traen el recuerdo de amigos y de amores pasados y perdidos o nos hacen creer en la promesa de los amores por venir, nos trasladan a lugares remotos, nos permiten vivir cientos de vidas distintas, nos ayudan a recordar lo que fuimos o lo que pudimos ser. Los libros que hemos leído forman parte de nuestra biografía, como las personas que hemos conocido o los lugares en los que fuimos felices".
03 diciembre 2008
Sentidiño

Catorce años después Antón Castro vuelve a Xordica para ofrecernos una veintena de cuentos reunidos en un gran libro titulado Fotografías veladas. Durante más veinte años, es decir, desde siempre, Antón Castro ha construido letra a letra su universo literario, un mundo reconocible del que forman parte playas de nombres imposibles y lugares como Garrapinillos, Barrañán, Huesca, el Somontano de Barbastro, Cantavieja, Ejulve o Zaragoza, y en esos paisajes Antón hace sentir, amar, recordar y, en definitiva, vivir a unos personajes que también son ya nuestros: los masoveros, las sirenas, los aparecidos, las brujas, los fotógrafos Patricio Julve o Manuel Martín Mormeneo, escritores y futbolistas, niños que sueñan y hombres y mujeres que persiguen el amor porque saben que sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia.
Hace treinta años una tempestad dejó a Antón Castro varado en Zaragoza, en la ciudad amante del viento. Aquí se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeubes. En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón, el escritor imprescindible de las palabras suaves y las metáforas que nos acechan emboscadas en cualquier párrafo para robarnos para siempre el alma. Y con palabras, durante veinte años, Antón ha construido un mundo de amistad, de atenciones y delicadezas. Cuando lean Fotografías veladas se encontrarán con el Antón de los tres mil espectadores que ven cada semana Borradores, su programa de televisión, el Antón del millón de visitantes en el blog, el Antón que comisarió la Exposición del Real Zaragoza, el Antón de Aragón, el Antón de Artes & Letras... Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepásense para sumergirse en el mundo de Antón Castro.
Hace treinta años una tempestad dejó a Antón Castro varado en Zaragoza, en la ciudad amante del viento. Aquí se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeubes. En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón, el escritor imprescindible de las palabras suaves y las metáforas que nos acechan emboscadas en cualquier párrafo para robarnos para siempre el alma. Y con palabras, durante veinte años, Antón ha construido un mundo de amistad, de atenciones y delicadezas. Cuando lean Fotografías veladas se encontrarán con el Antón de los tres mil espectadores que ven cada semana Borradores, su programa de televisión, el Antón del millón de visitantes en el blog, el Antón que comisarió la Exposición del Real Zaragoza, el Antón de Aragón, el Antón de Artes & Letras... Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepásense para sumergirse en el mundo de Antón Castro.
19 septiembre 2008
El domador
Ella nació para nosotros el 10 de mayo, el aniversario del día que Mohamed Alí Amar metió el gol de Nayim, el gol que cambió su vida y la nuestra. Es una yegua de capa pía, cuatralba -algún día galoparé con ella hasta enterrarlos definitivamente en el mar-. Podría llamarse de muchas maneras, pero se llama Zaragoza como la vieja y hermosa ciudad en la que ha nacido, la ciudad en la que hace doscientos años nos hubieran matado al tío Melero y a mí en cualquier plaza, en cualquier esquina, en un cuerpo a cuerpo por defender cada palmo de tierra en el que viven las personas que amamos. Me gusta mucho Zaragoza. Fernando Sanmartín diría que la miro como se mira a una mujer desnuda, pero yo no soy poeta y prefiero ser prudente con estas cosas. Guillermo ha empezado a domesticarla.
07 septiembre 2008
Fernando Sanmartín

Fernando Sanmartín se ha abonado al Real Zaragoza por complicidad con su hijo Jorge y para estar con sus amigos. A Fernando no le ha hecho falta ser un saltador de esquí en el día de año nuevo y todavía no ha ganado el Gran National. Ha vencido las heridas causadas por tres rinocerontes. Ha vivido con un cuadro de Ignacio Fortún y ha caminado hacia la tormenta. Ha sido valiente y generoso y acepta que Jorge le dejé atrás cuando practican esquí de fondo.
Ahora que es zaragocista sólo le falta aprender que las palabras, además de enmoquetarle el alma, sirven para componer algunos tacos para protestar las jugadas.
Y saber dónde está el corner.
Todo llegará, que la temporada es muy larga.
Ahora que es zaragocista sólo le falta aprender que las palabras, además de enmoquetarle el alma, sirven para componer algunos tacos para protestar las jugadas.
Y saber dónde está el corner.
Todo llegará, que la temporada es muy larga.
04 septiembre 2008
Ni lo sueñes
Me han hecho mil veces mil esa advertencia. Primero mi madre y ahora mi mujer. "Eso ni lo sueñes". Pero yo no hago caso. No hago caso casi nunca. Quizá sea un gen, el gen de no hacer caso, el gen que me transmitió mi abuelo Valentín:
- Ten cuidado, maño. Aquí, si te descuidas, te quitarán hasta la manera de andar.
"Eso ni lo sueñes". Pero yo sueño. Y cuando he soñado ya nada tiene remedio.
- Ten cuidado, maño. Aquí, si te descuidas, te quitarán hasta la manera de andar.
"Eso ni lo sueñes". Pero yo sueño. Y cuando he soñado ya nada tiene remedio.
31 agosto 2008
El año del ascenso

Hoy empieza la liga el Real Zaragoza. Posiblemente para el Pilar ya estemos en primera división, como decía el otro día el gran Paco Lerma, socio desde hace casi 40 años de un equipo que le ha hecho muy feliz. Alberto Alegre, el padre de Luis, decía que se puede ser muy feliz en segunda división. Se puede ser muy feliz siempre y nosotros vamos a serlo. Valentín Pinilla y su hijo Guillermo renovaron sus abonos el primer día que abrieron las oficinas. Este es el año de Jorge y Fernando Sanmartín, que decidieron hacerse socios del equipo en las horas bajas, cuando vivíamos las últimas jornadas de la pasada temporada con un nudo en la garganta. El año de Antón Castro y de sus hijicos Diego y Jorge. El año de Chesús Bernal que ha renovado los cinco abonos de toda su familia. El año de Pepe Gavín, de Sabiñánigo, el gran zaragocista y amante de los libros. La temporada Carlos Serrano y de sus hijos Pablo y Violeta. El año de Rafa Artal y de su hijo Pablo que nació hace unas semanas y no sale de casa -ni siquiera cuando pasea con su abuelo Ángel Artal- sin el peque abono del Zaragoza.
Mi hijo Guillermo y yo visitaremos hoy el Museo del Real Zaragoza. Le compraré la camiseta oficial del Zaragoza, la camiseta que el chico llevará puesta esta tarde cuando nos sentemos frente al televisor para ver el Levante-Zaragoza, la camiseta que llevará puesta en todos los partidos en La Romareda mientras me abrace de alegría o busque en mis brazos el consuelo para la derrota, la camiseta de una gran temporada, la camiseta de año del ascenso a primera división.
Mi hijo Guillermo y yo visitaremos hoy el Museo del Real Zaragoza. Le compraré la camiseta oficial del Zaragoza, la camiseta que el chico llevará puesta esta tarde cuando nos sentemos frente al televisor para ver el Levante-Zaragoza, la camiseta que llevará puesta en todos los partidos en La Romareda mientras me abrace de alegría o busque en mis brazos el consuelo para la derrota, la camiseta de una gran temporada, la camiseta de año del ascenso a primera división.
10 agosto 2008
Tratado de la felicidad

Blanca y sus compañeros de primerodelaeso fueron a visitar la Expo el día 16 de junio. Hoy me recordaba que Jorge hizo cola en el pabellón de Grecia porque a la salida regalaban un Sugus. Un niño es alguien capaz de descubrir la dosis de felicidad que se esconde en un Sugus, alguien que no da un Sugus por perdido. Hacerse adulto es descubrir que todo el mundo no va a quererte y que tú tampoco vas a poder querer a todos. Hacerse adulto es perder la capacidad de entusiasmarse con algo tan simple y tan importante como un Sugus.
07 agosto 2008
Un saco de canicas

Hemos estado unos días en París. La víspera de salir de viaje, Blanca había leído Un saco de canicas, un libro que yo también leí hace treinta años en el que se cuenta la historia de Joseph y Maurice Joffo, dos niños judíos que huyen de los nazis durante la segunda guerra mundial. Los hermanos Joffo pertenecían a una familia de peluqueros. Por eso no nos sorprendió encontrar muy cerca del hotel en el que nos alojábamos una peluquería Joffo. Cuando el mismo domingo que Carlos Sastre ganó el Tour de Francia 2008 le estaba haciendo una fotografía a Blanca en la puerta de la peluquería se asomó un señor, nos preguntó si hablábamos ruso. Le expliqué en francés que Blanca había leído un libro de dos niños que se llamaban Joffo y nos dijo que uno de aquellos niños era él: Maurice Joffo y nos enseñó el libro que había escrito como continuación de Un saco de canicas.
05 agosto 2008
La patineta

Yo soy el niño de esta foto. Fabricábamos patinetas con los cojinetes que nos daban en los talleres de coches. Nunca tenían cojinetes, pero nosotros entrábamos casi a diario:
-¿Tiene cojinetes?
Cuando conseguíamos tres nos hacíamos una patineta. Una plancha de aglomerado, un palo de escoba para el eje, un listón de madera plana para poder girar, una docena de clavos y poco más. Como siempre se ladeaba, nos dejábamos las manos y las rodillas en el asfalto o sobre los adoquines. Aquello era lo de menos.
Mi abuelo le pidió a un carpintero de la RENFE que me hiciera una patineta. Cuando fui a buscarla, me quedé sin respiración. Era el regalo más bonito que nadie me había hecho nunca. Me tiraba cuesta abajo por aquellas cuestas de mi infancia. Y sí. Hacía ruido, el ruido del acero sobre los adoquines, sobre el cemento o sobre el asfalto. Tenía prohibido utilizarla a la hora de la siesta. Por la noche dejaba mi patineta en el patio de la casa de mis abuelos, un patio que estaba, como todos aquellos patios de principio de los setenta, siempre abierto. Una mañana fui a buscarla y no la encontré.
-Te la habrán robado -sentenció mi abuelo-. Alguien te ha visto dejarla allí y se la ha llevado.
Lloré. Lloré como cuando una gigantesca carpa se llevó mi caña de pescar al fondo del pantano, la caña con la que fui campeón infantil de Aragón de pesca de ciprínidos en 1977, el mismo año que nació Elena Monforte, el mismo año en que mis amigos fundaron Rolde de Estudios Aragoneses. El mismo año que le dije a una mujer de doce años que me gustaba.
Lo peor de la historia aún no había ocurrido. Un par de años más tarde, mi abuelo sacó la patineta del escondite en donde la había guardado quizá por preservar mi integridad física, quizá por el que si tal que si cual de los vecinos de la calle. Ojalá la maldita patineta no hubiera existido nunca. Ojalá me la hubieran robado de verdad. Así mi abuelo no me hubiera mentido. Con aquella decepción terminó parte de mi infancia. Cuando volvió a ser mía, ya no la quería. Por eso no me importó que mi hermano Carlos la destrozara lanzándose con ella por las escaleras de los jardines de la iglesia.
Fui un niño muy fácil de engañar. Ahora soy hoy hombre a quien se le engaña fácilmente. Me fío de las personas. Soy un ingenuo o un gilipollas, según quiera mirarse. Pero prefiero la amargura del engaño a vivir desconfiando permanentemente. Y, además, ya no lloro como lloraba.
[Tomo la fotografía del niño con la patineta del infinito blog de Antón Castro. La fotografía es Gerald Bloncourt]
11 mayo 2008
Mauricio Polo
sábado, 10 de mayo de 2008. San Nayim
Sábado, 12 h.
[ Para Yolanda ]
Sábado, 12 h.
[ Para Yolanda ]
Venimos del entierro de Mauricio Polo, el padre de Yolanda. Cuando el cura ha terminado su trabajo, Pepe Melero nos ha hablado desde el púlpito de explicar los evangelios para agradecer la presencia de todos y para decirnos que su suegro era un hombre bueno, que nunca le había visto enfadado, que había dedicado su vida a hacer felices a su mujer, a su hija, a sus nietos y todas las personas que tuvo cerca. Nos ha dicho que Mauricio Polo era creyente, que era devoto de la Virgen del Pilar y por eso iba a ver a la virgen todos los días. "Seguro que mañana -ha concluido Pepe- le pide a la Virgen del Pilar que nos eche una manica con el Madrid".
Cuando yo me muera quiero dos cosas. La primera es fácil. La segunda imposible. Pero no me conformo con querer sólo lo posible. Quiero que me entierren un día que llueva, como llueve hoy sobre Zaragoza y quiero tener un yerno -o nuero, como decimos aquí- como Pepe Melero que me apondere como él ha aponderado a su suegro
13 abril 2008
Don Antonio
El jueves pasado, a última hora de la mañana, un señor llamó a la puerta de mi despacho del Museo Pedagógico de Aragón. Luego resultó que tenía mi edad y esta circunstancia lo convirtió en un chico.
–¿Víctor Juan?
–Sí, pase...
–¿No te acuerdas de mí?
Traté de encontrar en su rostro un indicio que me ayudara a situarle en alguna de mis vidas, pero no lo conseguí.
–Soy Abellán, de La Salle Torrero.
Entonces sí: un niño rubio, con el flequillo de la época, un flequillo que yo aún conservo, los diminutos pantalones cortos, el pan con chocolate... y las canicas:
–Te recuerdo –me dijo Abellán– con una gran bolsa de canicas.
Aquella bolsa me la hizo mi abuela. Yo era un jugador legendario. A duras penas encontraba rivales durante los recreos que quisieran arriesgar sus chivas a mi juego implacable. La Salle Torrero: vuelta al año 1974. Fútbol, madrillas, el Canal Imperial, la harinera, los tranvías, la balseta y, sobre todo, don Antonio.
–He venido a comer a Huesca con mi mujer porque quería verte. Leí la entrevista que te hicieron en el Dominical de Heraldo de Aragón hace un año y cuando leí que alguien nombraba a un maestro que se llamaba don Antonio supe que era don Antonio. Luego leí tu nombre y vi las fotografías. Quería decirte que yo también le guardo mucho cariño a aquel maestro.
Eso fue todo. Paco Abellán se marchó con un ejemplar de Los niños del frente y un par de lapiceros bicolores para sus mellizos. La vida, realmente, es un cuento y a veces las cosas están en su sitio: Antón Castro me entrevistó, yo le hablé de don Antonio Corcuera, él quiso contarlo, Paco Abellán leyó la entrevista, –la tengo guardada, me dijo–, quiso venir a contármelo y yo se lo diré a don Antonio porque nos encontramos algunas veces en el parque de Huesca. Su hija es maestra, vive en Huesca y don Antonio suele pasear a sus nietos por el parque. Un cuento.
–¿Víctor Juan?
–Sí, pase...
–¿No te acuerdas de mí?
Traté de encontrar en su rostro un indicio que me ayudara a situarle en alguna de mis vidas, pero no lo conseguí.
–Soy Abellán, de La Salle Torrero.
Entonces sí: un niño rubio, con el flequillo de la época, un flequillo que yo aún conservo, los diminutos pantalones cortos, el pan con chocolate... y las canicas:
–Te recuerdo –me dijo Abellán– con una gran bolsa de canicas.
Aquella bolsa me la hizo mi abuela. Yo era un jugador legendario. A duras penas encontraba rivales durante los recreos que quisieran arriesgar sus chivas a mi juego implacable. La Salle Torrero: vuelta al año 1974. Fútbol, madrillas, el Canal Imperial, la harinera, los tranvías, la balseta y, sobre todo, don Antonio.
–He venido a comer a Huesca con mi mujer porque quería verte. Leí la entrevista que te hicieron en el Dominical de Heraldo de Aragón hace un año y cuando leí que alguien nombraba a un maestro que se llamaba don Antonio supe que era don Antonio. Luego leí tu nombre y vi las fotografías. Quería decirte que yo también le guardo mucho cariño a aquel maestro.
Eso fue todo. Paco Abellán se marchó con un ejemplar de Los niños del frente y un par de lapiceros bicolores para sus mellizos. La vida, realmente, es un cuento y a veces las cosas están en su sitio: Antón Castro me entrevistó, yo le hablé de don Antonio Corcuera, él quiso contarlo, Paco Abellán leyó la entrevista, –la tengo guardada, me dijo–, quiso venir a contármelo y yo se lo diré a don Antonio porque nos encontramos algunas veces en el parque de Huesca. Su hija es maestra, vive en Huesca y don Antonio suele pasear a sus nietos por el parque. Un cuento.
09 abril 2008
Alberto Zapater
El domingo estuve en La Romareda. Perdimos y no lloré. No lloré porque tenía que consolar a mi hijo Guillermo. Nos quedamos sentados hasta que terminó el partido, a pesar de la tristeza de la derrota. O justo por eso. Nos quedamos con quienes se quedaron. No gritamos contra los jugadores ni contra la directiva. Hoy he escuchado a Alberto Zapater. Ha dicho que hay que jugar con más rasmia. Cuando le he oído pronunciar esa palabra he sabido que lo vamos a pasar mal, pero que vamos a ganar. Quizá estos siete partidos que quedan nos deparen las grandes alegrías que no hemos tenido durante toda la temporada. Y si toca sufrir, sufriremos.
Alberto Zapater se convertirá en el ídolo de los niños de Aragón, como lo fue Violeta. No olvidaremos el detalle que tuvo con el padre de Luis Alegre. Rasmia y paciencia. Que aquí nadie se rinde.
*
500.000 visitas en el blog de Antón Castro
Alberto Zapater se convertirá en el ídolo de los niños de Aragón, como lo fue Violeta. No olvidaremos el detalle que tuvo con el padre de Luis Alegre. Rasmia y paciencia. Que aquí nadie se rinde.
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500.000 visitas en el blog de Antón Castro
18 marzo 2008
Ya todo es muy largo de contar
Yo, que por tantas razones fui un niño triste, tuve una infancia radicalmente feliz en Caspe. Cada vez que como ayer mismo me ocurrió paseo por las calles de Caspe sé que, en realidad, estoy haciendo un viaje íntimo a mi infancia. Aún espero encontrar a las mismas gentes con las que me cruzaba hace 35 o 40 años. Busco en los rostros una señal, un leve indicio que me permita despojar a las caras del efecto del paso del tiempo. Me busco a mí mismo en los desconocidos que matan el tiempo en los bancos de los jardines, conversan distraídamente en las aceras, entran y salen de las tiendas, arreglan las macetas de sus balcones o llevan a sus nietas de la mano mientras les cuentan el mundo.
Siempre me paro en los jardines de La Balsa. Desde allí contemplo las rejas del minúsculo patio de recreo en el que hice mis primeros amigos de bata a rayas. Allí pasé los recreo gritando "quien-juega-a-carreras". Cuando organizábamos el juego, se había terminado el tiempo de jugar. Siempre me pasa lo mismo. Desde los jardines, pegada al patio de la escuela, se ve la puerta cerrada de la casa de La bochorna donde acompañaba a Olga y a Carmen a buscar todos los días la leche, en un tiempo añadido, en la prórroga, en el tiempo de descuento de cada día. Tenían que estar en casa a las nueve, pero volvían a salir para ir a buscar la leche. Al lado de la lechería vivía Rosamari Serra, que fue novia de mi hermano Carlos como sólo se tiene novia a los 11 años.
Plantado delante de esta manzana mágica tuve la tentación de llamar a Carmen para contarle lo que le he dicho mil veces, pero lo dejé estar por el pudor o por la autocensura a la que nos sometemos cuando nos plantemos la oportunidad de lo que aún no hemos hecho.
Entré en la panadería y pedí con la misma seguridad que hacía mi abuela: "una torta de balsa grande, un pan, una barra, una docena de magdalenas, una docena de mantecados y otra de pastas de alma". La panadera me miró extrañada. "Sí, soy de aquí -pienso para mí- pero sería muy largo de cortar".
Ya todo es muy largo de contar.
Siempre me paro en los jardines de La Balsa. Desde allí contemplo las rejas del minúsculo patio de recreo en el que hice mis primeros amigos de bata a rayas. Allí pasé los recreo gritando "quien-juega-a-carreras". Cuando organizábamos el juego, se había terminado el tiempo de jugar. Siempre me pasa lo mismo. Desde los jardines, pegada al patio de la escuela, se ve la puerta cerrada de la casa de La bochorna donde acompañaba a Olga y a Carmen a buscar todos los días la leche, en un tiempo añadido, en la prórroga, en el tiempo de descuento de cada día. Tenían que estar en casa a las nueve, pero volvían a salir para ir a buscar la leche. Al lado de la lechería vivía Rosamari Serra, que fue novia de mi hermano Carlos como sólo se tiene novia a los 11 años.
Plantado delante de esta manzana mágica tuve la tentación de llamar a Carmen para contarle lo que le he dicho mil veces, pero lo dejé estar por el pudor o por la autocensura a la que nos sometemos cuando nos plantemos la oportunidad de lo que aún no hemos hecho.
Entré en la panadería y pedí con la misma seguridad que hacía mi abuela: "una torta de balsa grande, un pan, una barra, una docena de magdalenas, una docena de mantecados y otra de pastas de alma". La panadera me miró extrañada. "Sí, soy de aquí -pienso para mí- pero sería muy largo de cortar".
Ya todo es muy largo de contar.
02 febrero 2008
Cuéntame algo
No le he hecho caso cuando esta mañana me ha mirado brevemente mientras me pedía que le contara algo. Luego ha vuelto a insistir como si esperara la caricia de las palabras. Cuéntame algo. Sácame de aquí aunque sólo sea un instante. Invéntame.
*
... Puede que sí, o que no.
¡Pero qué bien suenan, ay dios, las promesas de amor!
¡Miénteme, por favor!
Basta una mirada,y el resto en tus ojos me lo invento yo.
[La Ronda de Boltaña, "Del tiempo y sus mudanzas", en Salud, país]
26 enero 2008
Caja negra
No sabemos qué pasa en el interior del vestuario del equipo de nuestra vida, ni en las camas de nuestros amigos o de las personas a quienes queremos. La vida discurre a puerta cerrada. El sistema operativo de nuestros corazones, donde se instalan los afectos, es opaco incluso para usuarios avanzados. Da igual. Lo importante, lo único que importa es que todo -camas, vestuarios, sistemas operativos y corazones- funcionen.
06 enero 2008
El efecto RTDM
Les he pedido a los Reyes Magos una televisión. No sé qué voy a hacer con la vieja SONY, una tele que perdió su mando a distancia en manos de mis hijos, un aparato arcaico, con la pantalla abombada, de bebedor de cerveza, y su chepa en la que esconde circuitos, resistencias, cables y bombillas... que sé yo. En su pantalla vi las olimpiadas de Barcelona (y las que han venido luego), varios mundiales y varias eurocopas. En esa pantalla vi junto a mi hija Blanca, que no había cumplido aún tres meses, el gol de Nayim.
Si los Reyes me dejan esta noche una tele nueva sé que veré en su pantalla plana, con su receptor tdt, la final de la copa del rey de este año, una final que va a ganar el Zaragoza. El efecto RTDM (retirada de la tarjeta de Diego Milito) será decisivo para entender la transformación de este equipo que el domingo se llevará los tres puntos del Bernabeu.
Si a pesar de todo los Reyes Magos consideran que merezco una tele nueva, sé qué veré en su pantalla las crónicas de la expo que hablarán de una Zaragoza moderna, de un país laborioso. Veré la vuelta de las obras de arte que Salinas y sus amigos ("Salinas, devuelve las obras de arte, que la vida puede ser maravillosa") tienen secuestradas en Cataluña.
Quizá también pueda grabarme la película Por escribir sus nombres.
De momento, a esperar. Como siempre.
Si los Reyes me dejan esta noche una tele nueva sé que veré en su pantalla plana, con su receptor tdt, la final de la copa del rey de este año, una final que va a ganar el Zaragoza. El efecto RTDM (retirada de la tarjeta de Diego Milito) será decisivo para entender la transformación de este equipo que el domingo se llevará los tres puntos del Bernabeu.
Si a pesar de todo los Reyes Magos consideran que merezco una tele nueva, sé qué veré en su pantalla las crónicas de la expo que hablarán de una Zaragoza moderna, de un país laborioso. Veré la vuelta de las obras de arte que Salinas y sus amigos ("Salinas, devuelve las obras de arte, que la vida puede ser maravillosa") tienen secuestradas en Cataluña.
Quizá también pueda grabarme la película Por escribir sus nombres.
De momento, a esperar. Como siempre.
02 enero 2008
Que mis manos se acostumbren al nuevo año
2008, 2008, 2008, 2008, 2008, 2008 2008, 2008, 2008. 2008, 2008, 2008
Tengo que copiarlo muchas veces para que se acostumbren las manos al nuevo año.
Aún duermen todos. Me gusta estar despierto cuando todos duermen. También me gusta dormir mientras todos están despiertos. Qué le vamos a hacer. Más raro que la calentura... La calentura... cuando era niño oía imágenes como esta de la calentura, comparaciones que no entendía. Ahora que me he instalado en la duda me sorprende menos, pero entonces aspiraba a entenderlo todo.
Vísperas. El 123 de Revista de Cultura Aragonesa está a las puertas de la imprenta. Luisa Miñana y José Antonio Melendo nos han escrito un artículo muy bonito sobre la Zaragoza de la Expo, un artículo que se citará en las próximas décadas cuando alguien quiera explicar cómo se transformó la ciudad. Ojalá la Expo despierte en nosotros el amor por la ciudad, por este paisaje urbano y afectivo que compartimos. Nuestro río, nuestro parque, nuestro paseo, nuestras calles, nuestros vecinos... nuestra Zaragoza.
07 noviembre 2007
Roberto L'`Hôtellerie

Conocí a Roberto L’Hôtellerie en Sabiñánigo, el día de la Constitución de 2003, en la presentación de Los niños del frente. Compré el libro unos minutos antes de que comenzara el acto y no tuve tiempo de leer nada. Apenas me fijé en el texto de las solapas y acaricié las cubiertas… El libro sólo era sólo una promesa, pero me sorprendieron las ilustraciones de Roberto. Sabía que Los niños del frente era un libro singular, pero no esperaba encontrarme con aquellas ilustraciones de trazo minucioso, tan rigurosas incluso en los pequeños detalles de la indumentaria o en los objetos que se reproducían en cada escena, en la reproducción de elementos de la cartelería de la época... Además de reunir buenas dosis de talento y de sensibilidad eran necesarias miles de horas para realizar esos dibujos. Enseguida supe que las manos de Roberto trabajaban al dictado de un imperativo ético, el imperativo de recordar, de recrear para todos nosotros, el imperativo de quien sabe que está trabajando para otros, para hacer felices a los que tanto habían sufrido, para recordar el dolor de los perdedores. En Sabiñánigo Enrique Satué nos contó el proceso de elaboración de su investigación etnográfica, los detalles más íntimos de su trabajo, las profundas satisfacciones que su oficio de hurgador le había proporcionado. Luego Roberto tomó la palabra y se limitó a agradecerle a Enrique Satué –su hermano cómplice de tantos proyectos- que hubiera contado con él para trabajar en un proyecto tan hermoso. “Y nada más”. Eso dijo.
Durante años he querido comprarle a Roberto -o robarle, que al final ya me parecía que era mi única alternativa- el retrato que hizo de Palmira Plá, pero firme en sus ideas siempre ha sabido hacerme entender que él quería que toda la colección estuviera reunida, que no se desperdigaran los dibujos porque se trataba de un proyecto global en el que él se implicó intelectual y emocionalmente.
Ayer en el Museo Pedagógico de Aragón, en la presentación de Los niños del frente, Roberto tomó la palabra para agradecerle a Enrique que le hubiera permitido trabajar en un proyecto tan hermoso, para agradecer al Museo Pedagógico de Aragón lo que habíamos hecho –cuando en realidad no hemos hecho nada-, para decirnos que sus dibujos querían reflejar una parte de la historia de la educación aragonesa y para anunciar que había decidido donar los ochenta y dos dibujos que componen la muestra “Los niños del frente” al Museo Pedagógico de Aragón, al Museo de todos –dijo acertadamente-.
Ya lo saben. Roberto L’Hôtellerie, un hombre que camina con la vista larga y el paso corto, ha decidido regalarnos a todos nosotros tres años de trabajo, una colección hermosísima de dibujos y el ejemplo de su generosidad. Personalmente sólo lamento que ya no podré robar el retrato de Palmira Plá.
04 noviembre 2007
Los niños del frente

El próximo martes, 6 de noviembre, a las 19:30 h., en la sede del Museo Pedagógico de Aragón se presentará el libro Los niños del frente de Enrique Satué y Roberto L'Hôtellerie. A continuación se inaugurará la exposición del mismo título, una muestra que recoge los 82 dibujos que Roberto L`Hôtellerie realizó para iluminar este libro.
Presentación
La guerra, cualquier guerra, es siempre un monumento a la sinrazón y los niños son las inocentes víctimas de la estupidez de los adultos. No entienden nada de lo que ocurre a su alrededor. Pierden siempre. Pierden la infancia, la alegría, las horas robadas al juego, las caricias de sus padres... Pierden, en definitiva, su derecho a ser niños.
Mi amor por este libro viene de lejos. Estuve en Sabiñánigo el día de la Constitución de 2003 en la presentación de Los niños del frente. Hice aquel viaje con Herminio Lafoz. La sala de la Casa de Cultura del Ayuntamiento estaba llena de “niños de la guerra” y de sus familiares. Se miraban, nos mirábamos, como si guardáramos un secreto. Nos habíamos reunido el día de la Constitución y juntos íbamos a poner palabras donde durante décadas sólo hubo miedo, silencio y olvido. Celebrábamos, a nuestra manera, la victoria de la convivencia y de la memoria.
Los niños del frente es una muestra del trabajo paciente y riguroso de Enrique Satué, de su gusto por los detalles pequeños, por lo cotidiano, de su interés por la sabiduría que esconde cualquier instrumento de boj tallado con manos humildes, expertas, abnegadas y, sobre todo, auténticas… Enrique nos habla en este libro de la dignidad de la historia y de las satisfacciones que le proporciona su oficio de hurgador.
Cuando contemplé por primera vez las ilustraciones de Los niños del frente imaginaba los centenares de horas de investigación necesarias para reflejar con tanta fidelidad la época, los objetos, la tipografía, los ambientes y las situaciones. Pensé en las docenas de bocetos y borradores que Roberto L`Hôtellerie habría hecho para recrear cada escena con ayuda del lápiz, de la tinta, de las acuarelas y del pincel, pero sobre todo con infinitas dosis de sensibilidad y de talento.
Finalmente, Los niños del frente es para mí el libro que nos devolvió a Palmira Plá, la maestra que sufrió dos guerras, dos exilios, el desgarro infinito de las ausencias y, que a pesar todo, se le encendían los ojos –los mismos ojos que miraban a Paco Ponzán- cuando nos decía que había que trabajar desde la escuela, que había que empeñarse en hacer una sociedad más justa. Palmira Plá Pechovierto (Cretas, 1914-Castellón, 2007) paseó su entusiasmo de joven maestra en el Teruel republicano del tiempo de la gran ilusión. Allí le sorprendió la sublevación del general Franco una tarde tranquila cuando había salido de casa con el dinero justo para tomar una limonada y montar en los coches chocantes. Tenía 22 años. Durante la guerra estuvo en Caspe dirigiendo las colonias escolares que el Gobierno de la República organizó para alejar a los niños de los desastres de la guerra… Y esta es la historia que nos regalan Enrique y Roberto.
El Museo Pedagógico de Aragón se honra en acoger entre sus publicaciones la segunda edición de Los niños del frente, una muestra de la importancia de la educación incluso en medio del sufrimiento provocado por una guerra.
Víctor M. Juan Borroy
Director del Museo Pedagógico de Aragón
03 noviembre 2007
Galope
Galopando con Luna por esos caminos de dios.
Voy bien y vuelvo fatal, pero no se puede tener todo.
29 septiembre 2007
No pasa nada. Llama a Pepe Melero y cuéntaselo, que estará preocupado
Guillermo y yo nos hemos hecho abonados del Zaragoza. No podemos decir socios porque no tenemos ninguna acción de la sociedad. Ya éramos zaragocistas antes de acudir al campo, zaragocistas de esos que están para pocas bromas el día que el equipo pierde -en mi caso- y zaragocistas de los que lloran sin consuelo -en el caso de mi hijo que sólo tiene nueve años-. Guillermo siente una pasión natural por este equipo:
"Una noche, cuando tenía siete años, se acercó, me abrazó y, con toda la solemnidad que puede reunir un niño de tan corta edad, me dijo:
- Papá, me alegro mucho de haber nacido en esta casa.
- ¿Por qué? –le pregunté con esa cara de circunstancias que se nos pone a los padres ante grandes situaciones como ésta.
- Porque si hubiera nacido en otra familia, quizá ahora no sería del Zaragoza".
Así empieza "De portería a portería..." un cuento que he escrito para el libro colectivo Cuentos a patadas. Historias del Real Zaragoza. Las ilustraciones de mi historia son maravillosas y las ha hecho Blanca BK.
Pues bien. Ayer Guillermo me decía:
- Papá, no pasa nada. Hemos perdido en Barcelona como perdimos el año pasado, como hemos perdido desde hace más de 40 años, hemos empatado con el Santander como el año pasado, hemos empatado en Bilbao como el año pasado, le hemos ganado al Osasuna (que el año pasado se llevó los tres puntos de La Romareda) y perdimos en Murcia como el año pasado perdimos en Tarragona. Pero tenemos mejor equipo que el año pasado. Hoy le ganaremos al Sevilla. Vamos a ganar muchos partidos. Lo peor es lo de Matu. Oliveira va a meter un montón de goles y Ayala se queda suspendido en el aire cada vez que remata de cabeza. Llama a Pepe Melero y cuéntaselo, que estará preocupado.
23 septiembre 2007
El espíritu de la República
[Para Víctor Pardo]
Gaceta de Madrid, 29 de Mayo de 1931
Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes
Ordenes
Ilmo. Sr.: Vista la reclamación promovida por D. Ramón Acín Aquilué, Profesor especial de Dibujo de las Escuelas Normales de Maestros y Maestras de Huesca, hoy en situación de excedencia, en súplica de que se le reintegre a dicha Cátedra con efectos desde la fecha en que fue declarado en situación de excedencia:
Considerando que el interesado intervino activamente en la gloriosa sublevación de Jaca; que a consecuencia de aquellos sucesos, perseguido, hubo de expatriarse, refugiándose en París; que obligado por esas circunstancias tuvo que solicitar la excedencia de su Cátedra, excedencia que le fue concedida el 5 de enero de 1931; que implantada la República se ha reintegrado a España y desea legítimamente reintegrarse a su cátedra:
Teniendo en cuenta que si es verdad que no ha transcurrido el año de excedencia que prescriben las leyes para que pueda concedérsele el reingreso, sería injusto que la República castigase a quien contribuyó a que Jaca mereciese el título de "Muy ejemplar" que le otorgó el Gobierno provisional de la República.
He resuelto se acceda a lo solicitado por el Sr. Acín, quedando sin valor ni efecto legal alguno la expresada disposición de 5 de Enero último y que se abonen al interesado los haberes que haya dejado de percibir por razón del reiterado cargo y en virtud de la referida excedencia.
Lo digo a V.I. para su conocimiento y demás efectos. Madrid, 18 de Mayo de 1931.
Gaceta de Madrid, 29 de Mayo de 1931
Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes
Ordenes
Ilmo. Sr.: Vista la reclamación promovida por D. Ramón Acín Aquilué, Profesor especial de Dibujo de las Escuelas Normales de Maestros y Maestras de Huesca, hoy en situación de excedencia, en súplica de que se le reintegre a dicha Cátedra con efectos desde la fecha en que fue declarado en situación de excedencia:
Considerando que el interesado intervino activamente en la gloriosa sublevación de Jaca; que a consecuencia de aquellos sucesos, perseguido, hubo de expatriarse, refugiándose en París; que obligado por esas circunstancias tuvo que solicitar la excedencia de su Cátedra, excedencia que le fue concedida el 5 de enero de 1931; que implantada la República se ha reintegrado a España y desea legítimamente reintegrarse a su cátedra:
Teniendo en cuenta que si es verdad que no ha transcurrido el año de excedencia que prescriben las leyes para que pueda concedérsele el reingreso, sería injusto que la República castigase a quien contribuyó a que Jaca mereciese el título de "Muy ejemplar" que le otorgó el Gobierno provisional de la República.
He resuelto se acceda a lo solicitado por el Sr. Acín, quedando sin valor ni efecto legal alguno la expresada disposición de 5 de Enero último y que se abonen al interesado los haberes que haya dejado de percibir por razón del reiterado cargo y en virtud de la referida excedencia.
Lo digo a V.I. para su conocimiento y demás efectos. Madrid, 18 de Mayo de 1931.
02 septiembre 2007
Tres veces felices
Cada uno vive su vida como puede y disfruta o padece a su manera, tal y como le enseñaron a hacerlo o del modo que supo conquistar. Cada uno interpreta las situaciones como sabe, como le conviene o como le parece. Eso me ocurrió el jueves pasado en Castellón, en la ceremonia previa a la incineración de Palmira Plá. El cura -un gran profesional- citaba al padre Martín Descalzo, a Santa Teresa e incluso a Unamuno, al Unamuno que le pareció bien citar. Mientras el cura hacía su trabajo yo pensaba que ya no recibiría más correos de doña Palmira, pero que tuve el enorme privilegio de recibirlos alguna vez. Mientras el cura se enredaba en la vida eterna, yo me repetía ¡¡Víva Paco Ponzán!!, ¡¡Viva Paco Ponzán!! y me imaginaba a Palmira Plá en la pista de coches chocantes, a la niña que salió de Teruel en un tren de mercancías y que se enamoró en Caspe de un hombre que no le convenía nada. Solemos enamorarnos de quienes menos nos convienen, pero si ahora escribiera de amores me alejaría de lo que hoy quiero contar.Hoy solo quería decir que ayer los abonados Guillermo y Víctor fueron por primera vez a la vieja Romareda ["Si me quieres escribir -canta La ronda de Boltaña en Avispas en el viento- ya sabes mi paradero, en la vieja Romareda, primera línea de fuego"]. Fuimos muy felices, tres veces felices en los tres partidos que vivimos en una noche ideal de luna llena.
Durante el primer partido, el consejero José Luis Melero nos llevó al palco, pisamos el césped de la Romareda, saludamos a Matuzalem, nos cruzamos con Miguel Pardeza y Pedro Herrera. Salimos por el túnel de vestuarios. "Mira, Guillermo, por aquí salieron antes que tú el gran José Luis Violeta, el portero Yarza, Arrúa o Nayim. Pepe sentó a Guillermo en el banquillo del Zaragoza: "Desde aquí dirigirá Víctor Fernández al equipo". Luego nos dijeron que si queríamos que Guillermo se hiciera una fotografía con los jugadores que volviéramos minutos antes de empezar el partido. Pepe nos acompañó a nuestras localidades. Nos despedimos. "Anda, Guiller, dame un beso". Esperamos a que se hicieran las 21:45 para volver al túnel de vestuarios. Mientras Guillermo se hacía la foto en el campo, vi salir a todo el equipo: Juan Morgado, que no se sentó en el banquillo, pero parecía absolutamente recuperado, Oliveira, Aimar, Zapater, Ayala, Diogo, Milito...
El segundo partido fue el partido íntimo, personal, cómplice, de mi hijo y yo. Los bocadillos de tortilla de patata, los prismáticos, los botellines de agua, los nervios porque no marcábamos, el verle gritar "fuera, fuera", cuando todo el mundo gritaba, que Guillermo se pusiera de pie, que se le arrasaran los ojicos cuando el Santander metió un gol bobo, o cómo me abrazó cuando Oliveira empató el partido...
El tercer partido es el del 1-1 que ustedes vieron. Al final Guillermo hacía una lectura favorable y generosa con el Zaragoza: si el árbitro no hubiera sido tan malo, si el portero no hubiera tenido tanta suerte, si nos hubiera favorecido algún rechace... "Me ha gustado mucho el partido". Ese fue su resumen antes de que cambiara la camiseta del Zaragoza por el pijama y se desplomara en su cama.
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sábado, 1 de septiembre
Se ha parado la cierzera. Saldré con Luna por esos caminos de dios. Aún lo estamos aprendiendo todo: "eso es un tractor, eso es un ciclista, eso es la sombra de un árbol, eso es un charco... no pasa pasa, tranquila, vamos, Luna, la yegua valiente...". Pepe Melero me dice que si alguien me escucha hablar con la yegua me incapacitarán definitivamente. Pero a mí me da igual. "Si icen que izan, mientras no hazan...".
Guillermo y yo estrenaremos hoy el ritual de los días de partido y nuestro carné de abonados. Antes estaremos en el Polideportivo de Miralbueno. Blanca y su banda (no sé si les había dicho que tengo una hija bandida o bandolera) dan un concierto.
Estoy dragando mi vida para hacerla navegable: mi vena cava, la ilíaca, el acueducto de Silvio, los agujeros de Luscka y Magendie, el cuerpo calloso que une mis dos hemisferios cerebrales, la cisura de Rolando... todo para procurar entender el mundo... Una vida navegable, como el Ebro, para que puedan subir los cayuquicos hasta la plaza del Pilar.
29 agosto 2007
Palmira Plá

“¿Qué sentido tiene la vida si no trabajas por mejorar el mundo en el que vives?...” Tenía noventa y tres años, había sufrido dos guerras, dos exilios, el desgarro infinito de las ausencias y, a pesar todo, se le encendían los ojos –los mismos ojos que miraban a Paco Ponzán- cuando nos decía que había que trabajar desde la escuela, que había que empeñarse en hacer una sociedad más justa. Palmira Plá Pechovierto (Cretas, 1914-Castellón, 2007) paseó su entusiasmo de joven maestra en el Teruel republicano del tiempo de la gran ilusión. Allí le sorprendió la sublevación del general Franco una tarde tranquila cuando había salido de casa con el dinero justo para tomar una limonada y montar en los coches chocantes. Tenía 22 años. Durante la guerra estuvo en Caspe dirigiendo las colonias escolares que el gobierno de la República organizó para alejar a los niños de los desastres de la guerra. Pasó la frontera junto a otros miles de españoles, sufrió el drama de los campos de refugiados y al final de la segunda guerra mundial se marchó a Venezuela con la firme voluntad de empezar de nuevo, de no “mirar atrás”. Fundó el Instituto Calicanto con una docena de alumnos que se convertirían en varios miles cuando a principios de los setenta vendió este centro para regresar a España.
Fue diputada por el Partido Socialista Obrero Español en las Cortes Constituyentes, concejala del ayuntamiento de Benicassim, presidenta de la fundación ADOPAL de la Universidad Carlos III, una fundación sostenida con el dinero que donaron Palmira Plá y Adolfo Jimeno, su marido, y que otorga anualmente unas becas que permiten seguir estudios universitarios en España a jóvenes venezolanos, pero por encima de todo fue maestra. Doña Palmira era una mujer cargada de ilusión y de proyectos y se sentía feliz cuando recibía cartas de los niños del Colegio Rural Agrupado que lleva su nombre.
Ahora que ha muerto llueve mansamente sobre Caspe, llueve en la costa de Benicassim, llueve en Cretas, llueve en todas las pistas de coches chocantes de Aragón, llueve en las escaleretas que bajan a la estación de tren de Teruel, llueve sobre las escuelas, llueve en un bosque cerca de Toulouse donde los alemanes asesinaron a Paco Ponzán. Llueve sobre la conciencia irreductible y sobre las ausencias, llueve sobre las palabras. Llueve tristeza y compromiso, llueve dolor y esperanza, llueve dignidad y memoria, llueve solidaridad, llueve firmeza y ternura. Palmira Plá ha muerto y sabemos que su vida ha tenido un sentido pleno porque consiguió hacer del mundo un lugar mejor. Por eso hoy, junto al sentimiento de orfandad, doña Palmira nos deja su ejemplo de compromiso, de amor, de generosidad, de coraje y de valentía.
Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón
11 agosto 2007
Iguácel



Hace veinte años, por estas mismas fechas, yo esperaba que me llamaran para empezar a trabajar de maestro en cualquier escuela de Aragón. Hoy hace justo veinte años, Yolanda y Pepe sostuvieron en sus brazos a Iguácel, su primera hija, que vino al mundo con un libro debajo del brazo -el Compendio de la Historia de Aragón de Félix Bielsa- y con la promesa de llenarles cada día la vida de felicidad.
Yo soy bipadre y aunque tengo un curriculum mucho más corto como padre que como hijo, sé que hay pocas cosas más emocionantes que tener una hija de veinte años y verla crecer, tomar decisiones y asumir compromisos. Nada nos satisface más que contemplar cómo se convierte en una mujer con su mundo propio. Sentir que es mejor de lo que éramos a su edad, vivir pendiente de ella y que, a veces, sin venir a cuento, nos coja de la mano, o nos abrace, o nos regale un secreto o quiera saber nuestra opinión, o elija pasar la tarde con nosotros y nos lleve al cine, o nos pida que salgamos con ella a dar una vuelta por las mismas calles por las que paseábamos cuando veinte años atrás esperábamos que ella naciera.
Muchas felicidades, Iguácel.
Yo soy bipadre y aunque tengo un curriculum mucho más corto como padre que como hijo, sé que hay pocas cosas más emocionantes que tener una hija de veinte años y verla crecer, tomar decisiones y asumir compromisos. Nada nos satisface más que contemplar cómo se convierte en una mujer con su mundo propio. Sentir que es mejor de lo que éramos a su edad, vivir pendiente de ella y que, a veces, sin venir a cuento, nos coja de la mano, o nos abrace, o nos regale un secreto o quiera saber nuestra opinión, o elija pasar la tarde con nosotros y nos lleve al cine, o nos pida que salgamos con ella a dar una vuelta por las mismas calles por las que paseábamos cuando veinte años atrás esperábamos que ella naciera.
Muchas felicidades, Iguácel.
06 agosto 2007


Ayer tuve sensaciones extrañas. No me acostumbro a ver sentadas en la cama a mujeres que veo por primera vez ni a compartir espacios en los baños con desconocidos. Ni a estar en el mismo dormitorio con gentes que abren las puertas de los armarios del dormitorio de la misma manera que abren la puerta de los armarios del dormitorio. Como en un escenario de gran hermano. Ayer estuve en Ikea.
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Sí, parece que hay un poquito de mal rollo en Mclaren. Estos pilotos parecen folclóricas Se hace acompañar de sus padres, pero me recuerdan las polémicas de las grandes voces de la canción española. Además, seguro que si les hicieran controles de gasolina encontrarían niveles anormales de octanos o aceite de motor enriquecido con epo.
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Presentación de Por escribir sus nombres [Pepe Melero]
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Hagan como yo: no inviten a cenar a nadie en sus casas
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Joan Manuel Serrat, Sinceramente tuyo
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Valentín Pinilla, uno de mis amigos de la República Independiente de Torrero me envía unos "picaportes de nuestro país". Son picaportes del Sobrarbe y de la Ribagorza. "El primero -me escribe Valentín- es de la ermita de San Mamés en San Chuan de Plan, el segundo de Casa Castel en Castilló de Sos (Ribagorza) Y el último de la iglesia de Sarabillo donde oficiaba Mosén Bruno Fierro".
A veces no paramos cuenta de los prodigios que ocurren cerca de nosotros. Esto es lo que ocurre cuando alguien nos recuerda, nos nombra, nos extraña o decide fotografiar un trucador para enviárnoslo de madrugada. Muchas gracias, Valentín.
16 julio 2007
Cultura Digital
El sábado pasado Rafa Artal preparó una maravillosa excursión con ebronautas. Bajamos en piraguas 12 kilómetros por el Ebro, desde Cabañas a Alagón. Pudimos contemplar paisajes que sólo se pueden ver desde el interior del río, además vimos pajaricos, plantas, rocas... Nos reímos mucho, limpiamos nuestros ojos y nuestros corazones. Terminamos tarde, no habíamos comido y volvíamos a casa un tanto abatidos, con el gozoso cansancio que provocan los placeres intensos. Entonces el consejero José Luis Melero recibió una llamada de Eduardo Bandrés confirmándole el ayalazo. Nos pusimos tan contentos que estuvimos tentados de volver a las piraguas para seguir remando, esta vez contracorriente para llegar a Cabañas y celebrarlo en el bar Cubero, un bar zaragocista, decorado con banderas, bufandas y escudos del equipo. Guillermo hizo unas fotografías que aún no hemos revelado con una cámara de un solo uso. Yo era su copiloto y me decía que no sabía donde se veían las fotografías que había hecho. Dentro de un rato, después de tener las fotografías en papel, las escanaré y las colgaré aquí.
Sí ya sé. Sacar el carrete de la cámara, llevarlo a una tienda, hacer tiempo por los alrededores, recoger las fotografías, escanearlas y subirlas a la web es tema de uno de los documentales de Eugenio Monesma para la serie "oficios perdidos".
Sí ya sé. Sacar el carrete de la cámara, llevarlo a una tienda, hacer tiempo por los alrededores, recoger las fotografías, escanearlas y subirlas a la web es tema de uno de los documentales de Eugenio Monesma para la serie "oficios perdidos".
10 julio 2007
El reloj que marcaba el tiempo
He colgado en la habitación donde trabajo, leo, pienso, escribo y, a veces, lloro en secreto, el reloj que marcaba el tiempo en casa de mi abuela. "Viuda de M. del Amo. Zaragoza". Esa es la única referencia que puede leerse en la esfera. Le ha costado acostumbrarse al espacio, hemos tenido que aprendernos y hasta que no he acertado a colocarlo en una caprichosa verticalidad no ha empezado a funcionar.
Sólo me falta el quejido de la vieja mecedora contra la tarima que acompasadamente le daba la réplica al corazón del reloj.
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Blanca ha abierto blog.
Sólo me falta el quejido de la vieja mecedora contra la tarima que acompasadamente le daba la réplica al corazón del reloj.
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Blanca ha abierto blog.
06 julio 2007
Súbditos, ciudadanos y feligreses
“- Yo voy a misa a rezar-decía mi madre.
- Tú sí, pero el cura no”.
Manuel Rivas, La lengua de las mariposas
- Tú sí, pero el cura no”.
Manuel Rivas, La lengua de las mariposas
Lo siento por los aragoneses de fe honesta que acuden a las iglesias a rezar, a sentirse mejores, a buscar el consuelo para las cosas que les afligen o a tratar de sumergirse en el sosiego interior que a mí me gustaría encontrar. Lo siento por ellos porque no se merecen tener obispos como el de la diócesis de Huesca y Jaca.
Deberíamos entender –y los obispos antes que los ciudadanos comunes- que vivimos en un Estado aconfesional, que las religiones son una cuestión reservada a la intimidad, a la vida privada de cada uno y que no deberían tener sitio en las escuelas públicas porque en esos espacios comunes sólo caben los símbolos de todos, los símbolos que nos unen y que están reconocidos en la Constitución de 1978. Hasta que entre todos decidamos modificarla, que no hay nada inamovible.
Leyendo la carta OKUPAR la educación (no he sido capaz de escuchar la versión leída por el obispo) he llegado a pensar que quizá el señor Sanz se sintiera más cómodo con leyes como aquella de educación primaria que defendió Ibáñez Martín en 1945. Esta ley es católica –dijo el gran depurador del magisterio- porque esta es la España católica de Franco. Quizá el señor Sanz añore aquellos tiempos de los modelos educativos que pretendían formar súbditos obedientes y feligreses sumisos. “Mitad monjes, mitad soldados”. Hace unos meses recibimos en el Museo Pedagógico de Aragón a un grupo de profesores franceses. Lo que más les llamó la atención fue la constante presencia de símbolos de la iglesia católica en las escuelas y en los libros de texto. Y este es un lastre que arrastramos durante dos siglos: en la escuela ha sido más importante el catecismo que el abecedario y así nos va, así nos ha ido.-
La educación para la ciudadanía tendrá unos contenidos que están recogidos en la Constitución. Y necesariamente los respetará. Así, se hablará, por ejemplo, de la Monarquía española que es, nos guste más o nos guste menos, un símbolo del Estado. Se explicarán los derechos y libertades de los ciudadanos, se hablará de tolerancia, de respeto a la pluralidad en la que vivimos. Y si en la asignatura se atentara contra la Constitución porque se vulnerara la libertad de cátedra, el principio de aconfesionalidad del Estado, la igualdad ante la ley independientemente de la procedencia social o la religión que se profese, o se hiciera apología de la violencia o se incitara a la xenofobia, o hubiera contenidos sexistas, etc., entonces hay recursos legales para denunciarlo. Lo demás son ganas de hacer ruido y de sembrar alarmas. La estrategia del obispo de Huesca y Jaca respecto a esta asignatura es un ejemplo más del haytomatismo que algunos se empeñan en llevar a la escuela y a la educación (a la escuela y a la educación pública, claro, que en las otras escuelas nunca pasa nada, ni hay violencia, ni imposición, ni más modelo que la libertad). El señor Sanz Montes es especialista en atraer la atención de los medios de comunicación con las cartas que dirige a sus queridos hermanos y amigos. Es hombre de titulares brillantes, como el de la impropia k que ha plantado en el título su pastoral.
Deberíamos entender –y los obispos antes que los ciudadanos comunes- que vivimos en un Estado aconfesional, que las religiones son una cuestión reservada a la intimidad, a la vida privada de cada uno y que no deberían tener sitio en las escuelas públicas porque en esos espacios comunes sólo caben los símbolos de todos, los símbolos que nos unen y que están reconocidos en la Constitución de 1978. Hasta que entre todos decidamos modificarla, que no hay nada inamovible.
Leyendo la carta OKUPAR la educación (no he sido capaz de escuchar la versión leída por el obispo) he llegado a pensar que quizá el señor Sanz se sintiera más cómodo con leyes como aquella de educación primaria que defendió Ibáñez Martín en 1945. Esta ley es católica –dijo el gran depurador del magisterio- porque esta es la España católica de Franco. Quizá el señor Sanz añore aquellos tiempos de los modelos educativos que pretendían formar súbditos obedientes y feligreses sumisos. “Mitad monjes, mitad soldados”. Hace unos meses recibimos en el Museo Pedagógico de Aragón a un grupo de profesores franceses. Lo que más les llamó la atención fue la constante presencia de símbolos de la iglesia católica en las escuelas y en los libros de texto. Y este es un lastre que arrastramos durante dos siglos: en la escuela ha sido más importante el catecismo que el abecedario y así nos va, así nos ha ido.-
La educación para la ciudadanía tendrá unos contenidos que están recogidos en la Constitución. Y necesariamente los respetará. Así, se hablará, por ejemplo, de la Monarquía española que es, nos guste más o nos guste menos, un símbolo del Estado. Se explicarán los derechos y libertades de los ciudadanos, se hablará de tolerancia, de respeto a la pluralidad en la que vivimos. Y si en la asignatura se atentara contra la Constitución porque se vulnerara la libertad de cátedra, el principio de aconfesionalidad del Estado, la igualdad ante la ley independientemente de la procedencia social o la religión que se profese, o se hiciera apología de la violencia o se incitara a la xenofobia, o hubiera contenidos sexistas, etc., entonces hay recursos legales para denunciarlo. Lo demás son ganas de hacer ruido y de sembrar alarmas. La estrategia del obispo de Huesca y Jaca respecto a esta asignatura es un ejemplo más del haytomatismo que algunos se empeñan en llevar a la escuela y a la educación (a la escuela y a la educación pública, claro, que en las otras escuelas nunca pasa nada, ni hay violencia, ni imposición, ni más modelo que la libertad). El señor Sanz Montes es especialista en atraer la atención de los medios de comunicación con las cartas que dirige a sus queridos hermanos y amigos. Es hombre de titulares brillantes, como el de la impropia k que ha plantado en el título su pastoral.
05 julio 2007
Antonio Pérez Morte

Antonio Pérez Morte nació en 1960 en Zuera (Zaragoza). Poeta autodidacta, ha publicado cinco poemarios y ha sido incluido en más de una veintena de antologías y libros colectivos, entre ellos Vento / Viento -Antología de poesía Ibérica- (Editorial Celya, Salamanca, 2004). Ha colaborado en numerosas publicaciones: Rolde, Trébede, Siete de Aragón, Qriterio aragonés, Heraldo de Aragón, El periódico, La Expedición, Poesía por Ejemplo, Cuadernos del Matemático, El grito, Almiar, Mil y una historias...Además es biógrafo de Odón de Buen y del Cos, el hombre que inventó la oceanografía en España y que era de su pueblo.
Además de ser una magnífica persona y una gran mantenedor de las relaciones entre quienes escribimos en los blogs, intenta con entusiasmo divulgar la poesía a los cuatro vientos.
Además de ser una magnífica persona y una gran mantenedor de las relaciones entre quienes escribimos en los blogs, intenta con entusiasmo divulgar la poesía a los cuatro vientos.
Poemas:
CIERZO
Caminamos en la noche tras la luz de un verso,
con él encendimos los recuerdos:
con él encendimos los recuerdos:
Los recuerdos encendidos que siempre ardieron.
Charlamos al amor del fuego, del fuego del amor.
Luego llegó el día:El cierzo arrastró las cenizas,
Borró las huellas del incendio.
(Vento / Viento -Antología de la Poesía Ibérica- Celya, Salamanca, 2004).
NÓMINA POÉTICA ARAGONESA
Para mis amigos poetas
Tomaré de Seral el amor a la palabra,
de Pinillos pasión, fortaleza y constancia.
La humildad, la intuición de Lucianico Gracia,
para cantar cada día con su voz asombrada.
La verdad de Ildefonso, sus dudas más largas.
La soledad de Guillermo, siempre solidaria.
Con Miguel me hundiré en sus preguntas eternas,
cuando huya con "sumido" a una isla desierta.
De Luesma, la luz, la sed... la tristeza
de cantar Aragón, Sinfonía Incompleta.
De Labordeta la rabia y también la ternura
de quien canta por amor y por amor denuncia.
De Julio Antonio el amor, amores de leyenda,
de Navales elegancia y de Ferreró belleza.
La rebeldía de Guinda, su palabra desnuda.
De Rosendo, paisajes, reflexiones y fábulas.
La experiencia de Alegre, el misterio de Prat.
La memoria de Rodríguez, la artesanía de Trisán.
La nitidez de Vallés, la construcción de Esquillor,
la utopía entrañable de Emilio Gastón.
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