07 septiembre 2006

Libros Contados (Ismael Grasa)


En estos días se pone a la venta el libro de José Luis Melero Los libros de la guerra. Bibliografía comentada de la Guerra Civil en Aragón (1936-1949) (Rolde). Un bosquejo de este libro estaba en la conferencia que Melero leyó en Huesca, invitado por José Domingo Dueñas, y que después apareció publicada en Literatura, cine y guerra civil (IEA, 2004). Una parte considerable del libro está dedicada a ediciones, episodios o autores oscenses: Felipe Alaiz con su Vida y muerte de Ramón Acín, o los títulos variados de Cirilo Martín Retortillo, entre otros muchos. Melero va dando a conocer todo este fondo bibliográfico, extrayendo citas o comentarios que hacen que el volumen, con estructura de catálogo, se convierta en un libro de lectura. La erudición de José Luis Melero es sorprendente, con un estilo en el que cada línea ofrece datos e informaciones variadas, a la vez que no abandona su punto de vista irónico y, pese a lo terrible de la materia, ameno. Melero es autor también de Leer para contarlo (BARC, 2003). Antes de que publicase, hace tres años, ese primer libro en solitario, cuando había que escribir sobre José Luis Melero se le acompañaba de la palabra "bibliófilo". Como experto en autores raros, en jotas, o cualquiera de las otras materias de las que es conocedor, aparecía nombrado en los artículos de prensa y antologías como "el bibliófilo José Luis Melero". Ahora, de un modo natural, es también escritor. Ser amigo suyo y de Yolanda es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. La pasión de José Luis Melero por los libros no ha dejado de dar silenciosamente frutos a su alrededor. Ha sido soporte y fuente de otros muchos buenos libros, como el Enterrar a los muertos (Seix Barral, 2005), de Ignacio Martínez de Pisón.
Creo que me parezco poco a José Luis Melero. Él tiene una memoria admirable, mientras que yo apenas consigo, a final de curso, haberme aprendido el nombre de mis alumnos. Él es un hombre preciso, aficionado a los datos, capaz de decir siempre los cargos que han ocupado las personas (ex ministro, consejero, cónsul, secretario de notarías.), mientras que yo soy despistado y tiendo a ir un poco a bulto. Él tiene una biblioteca ordenada, ya legendaria, mientras que yo amontono libros de un modo más bien desperdigado y casual. Aunque quiero pensar que en el fondo coincidimos en algunas cosas importantes, además de en unos cuantos amigos. Melero es todo un ciudadano. Desde que dejé la casa de mis padres he vivido en más de una docena de pisos, la mayor parte compartidos. Supongo que esto ha contribuido a que entre mis primeros propósitos no estuviese el crear una biblioteca. Por otra parte, quizá por mi propensión a la melancolía, me he mantenido al margen de, por así decirlo, campos de especialización. Esta prevención a ser especialista de algo hizo que acabase la carrera universitaria a contrapelo. Pero puedo decir que me gusta la vida, que no dejo de obtener placer de los libros y que no renuncio a aprender.
Ismael Grasa, Heraldo de Aragón, 5/9/2006