08 septiembre 2006

José Luis Melero Rivas

Quienes lean fascinados Los libros de la Guerra o vean a Pepe Melero en carne mortal en el palco de La Romareda, o se presenten al certamen oficial de jotas de las fiestas del Pilar y descubran que él es uno de los más rigurosos y exigentes miembros del jurado se harán, seguro, una idea equivocada de lo ha sido ser Pepe Melero. En realidad, nunca ha sido fácil ser Pepe Melero. Para que Pepe Melero haya podido ser Pepe Melero han sido necesarios los treinta y un años de asistencia ininterrumpida al certamen oficial de jotas de Zaragoza mientras sus amigos le decían que si estaba mal de la cabeza y él tenía que reunir toda la paciencia del mundo para aguantar bromas, chanzas y chascarrillos. También han pasado más de treinta años desde que decidió recoger en la que más tarde sería su inmensa y legendaria biblioteca junto a sólidos volúmenes, a la primeras ediciones y a los saputos, los libros humildes, folletos de media docena de páginas sólo porque hablaban de Aragón o los había escrito un aragonés. Quiso recoger del arroyo las obras de autores de segunda o cuarta fila, autores oscuros y malditos que recobran vida en los textos y en las palabras de Pepe. Estoy convencido de que antes de casarse le ocultó estas cosas a Yolanda. Luego, ha metido algunos libros a hurtadillas en casa, temiendo cada vez que aquella fuera la gota que colmara el vaso y terminaran internándole en un frenopático.
Y hoy tampoco es fácil ser Pepe Melero: un hombre bueno que sólo siembra concordia, una de las personas más cultas e inteligentes que conozco. Ustedes coincidirán conmigo en que hay que ser muy lúcido para repetir, como suele repetir él, que estamos aquí para ser felices. Y eso hace Pepe Melero: un ejercicio permanente de felicidad mientras lee, mientras escribe, mientras curiosea por los puestos del rastro, mientras se adentra en el interior de las librerías de viejo, mientras está con sus amigos y, sobre todo, mientras pasea con Yolanda y juntos contemplan como Iguácel y Jorge crecen amando Aragón, su mayor deseo
Yo ya no me atrevo a poner aquí la jota del cura que vendió la yegua...

2 comentarios:

ANDER dijo...

"En la peor de las contiendas también hay detalles de generosidad"
José Luis Melero publica una bibliografía comentada de la guerra civil en Aragón.
Fotógrafo: JOSÉ MIGUEL MARCO
El investigador y bibliófilo José Luis Melero





MARIANO GARCÍA. Zaragoza | "Yo he aprendido mucho". Lo dice el estudioso y bibliófilo José Luis Melero con un punto de amargura en la voz. Y es que acaba de dar a la imprenta (Rolde de Estudios Aragoneses) un libro tan indispensable como estremecedor: una bibliografía de testimonios en torno a la guerra civil en Aragón publicados entre 1936 y 1949. Una tarea apasionante desde el punto de vista intelectual, pero dolorosa en lo personal, ya que ha tenido que estudiar testimonios escalofriantes.

"Hay relatos sobrecogedores, que ponen los pelos de punta -señala-. Y claro, uno no puede permanecer impasible ante la descripción de las atrocidades que cometieron ambos bandos".

Lector compulsivo e inteligente, Melero se decidió a embarcarse en este proyecto tras recibir sendas invitaciones de Antón Castro y José Domingo Dueñas para hablar en Albarracín y Huesca de los libros sobre la guerra civil en Aragón, o de aragoneses que relataron la contienda. Al final, ha reunido 128 (en su mayor parte libros y folletos escritos por simpatizantes de los sublevados), cifra que se apresura a asegurar que no es definitiva.

"Como todas las bibliografías, se trata de un trabajo aproximativo. Hay investigadores que seguramente hoy mismo podrían citar algún libro o folleto que debería recogerse en la bibliografía. Quizá incluso tenga yo alguno y no haya recordado su existencia".

Difícil parece, porque Melero ha buceado en los fondos de todas las bibliotecas españolas en busca de publicaciones de entre 1936 y 1949 que pudieran ser incluidas en su bibliografía. Ha recogido, también, libros publicados en Francia, Cuba, Argentina, México... Obras en ocasiones tan raras que se conocen solo unos pocos ejemplares en todo el mundo. Luego, para comentarlas, ha manejado toda la bibliografía posterior, por lo que cada texto tiene una impresionante riqueza informativa.

"Intento evitar los juicios de valor sobre lo que se cuenta en cada obra -subraya- pero sí que en algunas ocasiones, pocas, porque el tema no las favorece, he introducido pequeñas dosis de ironía en los comentarios".

Las páginas de "Los libros de la Guerra", cuya portada ha elaborado Pepe Cerdá, están repletas de datos sorprendentes. Como que un aragonés se salvó de ser fusilado junto a Sánchez Mazas, o que hubo quien pidió que Zaragoza, por los esfuerzos realizados en la guerra, tuviera salida al mar. O algún combatiente se jactaba de haber fusilado "a más de ciento diez", y que el bando franquista tuvo hasta cuatro oportunidades distintas de salvar la vida del obispo Polanco. O que El Tebib Arrumi, uno de los mayores propagandistas de Franco, tuvo tras la guerra la oportunidad de vengarse del asesino de su hijo. Y que enfrentado a él, y delante del juez, dijo que no lo conocía de nada. "Hay mucho horror en estos libros -concluye Melero-, pero también he descubierto que todo fue más complicado de lo que nos parece hoy. En la peor de las contiendas también hay detalles de generosidad, y de quienes menos te lo podías imaginar".

Cyberantonio dijo...

Quisiera contactar con José Luis Melero. He leído por casualidad los 75 años de historia del Real Zaragoza. Soy Antonio Monreal, hijo de Fernando Monreal Oncins. parece que nuestros padres se conocían. Puede escribirme a cyberantonio@gmail.com o en http://cyberantonio.googlepages.com